Partes de guerra
Noticia de los autores y los textos
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NOTICIA DE LOS AUTORES Y LOS TEXTOS
Ignacio Aldecoa (Vitoria, 1925-Madrid, 1969) pasó la guerra en su ciudad natal, donde estudiaba en el colegio de los marianistas. En 1961, viviendo ya en Madrid, escribió «Patio de armas». Su viuda, la también escritora Josefina Aldecoa, lo incluyó en 1983 entre los relatos del volumen colectivo Los niños de la guerra, y en una nota explicativa apuntó algunas claves biográficas que arrojan una luz especial sobre la narración: el padre del escritor era un nacionalista vasco que tuvo que huir dos veces de casa para no ser detenido; la madre acechaba todas las noches tras los visillos el paso de los coches hacia la cárcel, tratando de adivinar quién iba dentro… En palabras de Josefina Aldecoa, «de aquellos días y de aquellas angustias se ha alimentado “Patio de armas”».
Bernardo Atxaga (Asteasu, Guipúzcoa, 1951) publicó en 1988 Obabakoak, el libro en el que dio a conocer el territorio mítico de Obaba. El tema de la guerra civil en Obaba aparece de forma dispersa en distintas partes de su obra, incluida la más conocida de sus novelas juveniles, Memorias de una vaca (Behi euskaldun baten memoriak, 1992), y muy particularmente en «El primer americano de Obaba» («Obabako lehen amerikanoa»), un relato autónomo integrado en la novela de 2003 El hijo del acordeonista (Soinojulearen semea). En 2007 publicó Marcas, una reflexión sobre el bombardeo de Guernica en abril de 1937.
Si hay un escritor que ha aspirado a contar la guerra civil en su integridad, ese es Max Aub (París, 1903-Ciudad de México, 1972). Durante el conflicto intervino en múltiples actividades culturales y propagandísticas en favor de la República y, por ejemplo, colaboró con André Malraux en el rodaje de L’Espoir. Sierra de Teruel. Exiliado primero en Francia y luego (y hasta su muerte) en México, entre 1943 y 1967 se dedicó a construir calladamente El laberinto mágico, el más completo ciclo literario sobre la contienda, compuesto por los libros Campo cerrado, Campo de sangre, Campo abierto, Campo del Moro, Campo francés y Campo de los almendros. El relato «El cojo» se publicó en mayo de 1938 en las páginas de la revista Hora de España y apareció por primera vez en libro en No son cuentos (1944). «La ley» pertenece al volumen Cuentos ciertos, publicado en México en 1955. En 1995, Javier Quiñones recogió todos los cuentos de Max Aub sobre la guerra, los campos de concentración y el exilio en el libro titulado Enero sin nombre.
De las experiencias de Francisco Ayala (Granada, 1906) durante la guerra civil dio cuenta el propio escritor en su autobiográfico Recuerdos y olvidos (1982): su trabajo en la Secretaría de las Cortes, su traslado con el gobierno a Valencia, su actividad como miembro de la legación republicana en Praga… En 1939 inició un largo exilio, que le llevó a instalarse primero en Argentina y más tarde en Puerto Rico y Estados Unidos. El relato «El Tajo» pertenece a La cabeza del cordero, una colección de cuentos sobre la guerra civil que se editó por primera vez en Buenos Aires en 1949 y que en España, por imposiciones de la censura franquista, no se publicó completo hasta 1978.
Arturo Barea (Badajoz, 1897-Londres, 1957) quedó al frente de la Oficina de Prensa Extranjera de Madrid cuando, en noviembre de 1936, el gobierno se trasladó a Valencia. Sus peripecias durante la dictadura primorriverista, la Segunda República y la guerra civil inspiraron su obra principal, La forja de un rebelde (1941-1944), en cuyo volumen tercero, titulado La llama, relata su experiencia durante el conflicto hasta que en febrero de 1938 (sintiéndose acosado por elementos estalinistas que desconfiaban de las posibles simpatías trotskistas de su mujer, Lisa Kulcsar) cruzó la frontera francesa. Instalado en Londres, la mayor parte de su obra fue inicialmente publicada en inglés y sólo años después traducida al español. En ese aspecto, el libro de cuentos Valor y miedo, editado en 1938 por las Publicaciones Antifascistas de Cataluña, constituye una excepción. En opinión de Nigel Townson, editor de sus Cuentos completos (2001), muchos de los relatos del libro son en gran parte «sketches propagandísticos que exaltan la causa republicana en conflicto con las fuerzas “fascistas” de Franco». El cuento «El sargento Ángel» forma parte de Valor y miedo.
Pere Calders (Barcelona, 1912-1994) es uno de los clásicos del relato breve en lengua catalana. En 1937 ingresó como voluntario en el ejército republicano y fue destinado como cartógrafo a la zona de Teruel. De esa experiencia surgió sin duda su inspiración para el relato «Las minas de Teruel» («Les mines de Terol»), que fue publicado por primera vez en la revista Amic en marzo de 1938. De ese año es también Unitats de xoc, un personal libro de crónicas sobre la guerra civil. Acabada la contienda, Calders se exilió en México, de donde salió en 1962 para instalarse definitivamente en Cataluña.
Jorge Renales Fernández firmó todos sus libros como Jorge Campos (Madrid, 1916-El Espinar, Segovia, 1983). Al inicio de la guerra civil se incorporó al ejército republicano con las milicias de la Federación Universitaria Escolar (FUE), a la que pertenecía desde sus años de estudiante de Magisterio. Durante el conflicto se ocupó de la organización de colonias escolares en la zona levantina y formó parte de la redacción de La Hora, órgano de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). A finales de marzo del 39, mientras trataba de salir de España, fue apresado en el puerto de Alicante y recluido en el campo de concentración de Albatera, del que salió el 30 de abril. A lo largo de los años fue tomando notas sobre sus experiencias de esa época, pero sólo tras la muerte de Franco se decidió a convertirlas en relatos. El resultado de ese trabajo son los Cuentos sobre Alicante y Albatera, escritos por un Jorge Campos ya ciego y enfermo y publicados dos años después de su muerte. A ese volumen pertenece «Campo de los almendros».
Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-Londres, 1944) fue un conocido periodista de tendencia azañista. Los cuentos «¡Masacre, masacre!» y «La gesta de los caballistas», escritos en Francia a comienzos de 1937, forman parte del libro A sangre y fuego, que se publicó ese mismo año en Chile y no tuvo edición española hasta el año 1993. Ferviente republicano, Chaves Nogales abandonó España a finales de 1936, después de que el gobierno legítimo dejara Madrid para instalarse en Valencia. En el prólogo a A sangre y fuego explica los motivos: «Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido (…). En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como la que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes». Permaneció en Francia hasta poco antes de que, en 1940, las tropas alemanas ocuparan París, y de allí se trasladó a Londres, donde vivió hasta su temprana muerte.
Miguel Delibes (Valladolid, 1920) se disponía a ingresar en la Escuela de Comercio de su ciudad natal cuando estalló la guerra. En 1938, para evitar ser llamado a filas por el ejército de Tierra, se alistó como voluntario en la Marina. El último año de la contienda lo vivió como miembro de la tripulación del crucero Canarias. La guerra civil está presente en su novela 377A, madera de héroe (1987). El relato «El refugio» pertenece al libro Viejas historias de Castilla la Vieja (1964).
El estallido de la guerra cogió a Jesús Fernández Santos (Madrid, 1926-1988) ya su familia veraneando en la Estación del Espinar, cerca de San Rafael. De allí fueron evacuados a Segovia, aislada de Madrid por la línea del frente. En Segovia estudió Jesús Fernández Santos dos cursos académicos y permaneció hasta el final de la contienda. Las experiencias de aquellos años le inspirarían varios de los relatos de Cabeza rapada (1958) y Las catedrales (1970). «Mi primo Rafael» y «El final de una guerra» aparecieron publicados en el primero de esos dos libros.
El relato «Carne de chocolate» de Juan García Hortelano (Madrid, 1928-1992) fue publicado por primera vez por Josefina Aldecoa en el volumen colectivo Los niños de la guerra (1983). La narración está inspirada en los recuerdos de guerra del autor y recupera algunos personajes y atmósferas que en 1967 habían aparecido en sus cuentos de Gente de Madrid.
Francisco García Pavón (Tomelloso, Ciudad Real, 1919-1989) vivió la guerra en su pueblo natal. Los recuerdos de aquellos días en Tomelloso le inspirarían años después todos los relatos de Los liberales (1965) y algunos de Los nacionales (1977). El cuento seleccionado («Donde se trazan las parejas de José Requinto y Nicolás Nicolavich con la Sagrario y la Pepa, respectivamente, mozas ambas de la Puerta de Segura, provincia de Jaén») pertenece al primero de esos dos libros.
Rafael García Serrano (Pamplona, 1917-Madrid, 1988) vivió la guerra civil como alférez provisional en las filas de Falange. Sobrellevó la larga convalecencia provocada por una herida de guerra escribiendo la novela Eugenio o la proclamación de la primavera (1938), que en 1982 se reeditó acompañada de siete relatos sobre la contienda. Uno de ellos es «Cristo nace hacia las nueve». De los narradores del bando nacional es el que más libros dedicó al conflicto. Junto a la novela ya mencionada, los más conocidos son La fiel infantería (1943), Plaza del Castillo (1951) y Diccionario para un macuto (1964).
César-August Jordana, que solía firmar sus obras como C. A. Jordana (Barcelona, 1893-Buenos Aires, 1958), fue un traductor y narrador admirado por Mercè Rodoreda. Autor de varios trabajos sobre gramática catalana, durante la Segunda República ocupó el cargo de director de la Oficina de Correcció de Textos en la Generalitat de Catalunya, por lo que se vio forzado a escapar a Francia cuando, a finales de enero de 1939, las avanzadillas del ejército franquista entraron en la ciudad de Barcelona. Las experiencias de esos días inspiraron el relato titulado «Pan francés» («Pa francés»), que fue escrito en Toulouse en mayo de 1939 y publicado dos meses después en la revista Catalunya. Hasta su muerte vivió en el exilio en Chile y Argentina, país en el que en 1940 publicó Tres a la retaguardia.
Con su marido, el poeta Rafael Alberti, compartió María Teresa León (Logroño, 1903-Madrid, 1988) la militancia comunista y una firme vocación de agitadores culturales. Secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas, durante la guerra civil impulsó, particularmente en el campo del teatro, diferentes iniciativas que buscaban aunar propaganda política y arte. Sus vivencias de esos tres años le inspiraron las novelas Contra viento y marea (1941) y Juego limpio (1959). Su obra más conocida es la autobiográfica Memoria de la melancolía (1970), en la que la contienda ocupa un lugar preeminente. Tras la derrota republicana se exilió con Alberti en Francia, y más tarde en Argentina e Italia. Regresó a España, ya enferma, en 1977. El relato «Morirás lejos…», que da título a uno de sus libros, aparecido en Buenos Aires en 1942, no se publicó en España hasta 1979, dentro del volumen titulado Una estrella roja.
De antecedentes familiares ligados a la milicia, Luis López Anglada (Ceuta, 1919-Madrid, 2007) se incorporó al ejército nacional como alférez provisional. Acabada la guerra, siguió la carrera militar en el arma de Infantería, hasta retirarse en 1985 con el empleo de coronel. Prolífico autor de poesía, entre sus escasas incursiones en el terreno de la narrativa están los relatos que, inspirados con frecuencia en sus propios recuerdos del conflicto, publicó en la revista militar Empuje. En 1981 reunió esos relatos en el volumen titulado Los cuentos del coronel, al que pertenece «La charca».
Ana María Matute (Barcelona, 1926) pasó la mayor parte de la guerra en su ciudad natal. La guerra civil y el consiguiente envilecimiento de la sociedad española están presentes en novelas como Los hijos muertos (1958), Primera memoria (1959) o Los soldados lloran de noche (1964), y también en algunos de los relatos del volumen El arrepentido (1961), al que pertenece «El maestro».
Xosé Luís Méndez Ferrín (Orense, 1938) es uno de los renovadores de la literatura gallega de las últimas décadas. El tema de la represión en Galicia durante la guerra civil aparece en varios de los relatos de Arraianos (1991), que reúne diez historias protagonizadas por gente de la zona fronteriza entre Portugal y Galicia. El cuento «Ellos» forma parte de ese libro.
El cineasta y escritor Edgar Neville (Madrid, 1899-1967), conde de Berlanga del Duero, hubo de pagar caras las simpatías republicanas que había expresado a comienzos de los años treinta. Al poco de comenzar la guerra sintió amenazada su vida por parte de elementos revolucionarios y, aprovechando su condición de diplomático, salió de España para ponerse a disposición de las autoridades franquistas. En Una arrolladora simpatía, Juan Antonio Ríos Carratalá ha reconstruido el arduo proceso de depuración al que Neville tuvo que someterse para purgar sus pasadas veleidades republicanas. No es ajeno a ese proceso su trabajo como realizador de películas de propaganda del bando franquista. La naturaleza inevitablemente maniquea de esas películas puede asimismo rastrearse en los textos que por esa época escribió sobre el conflicto. En Frente de Madrid (1941) reunió varios relatos sobre la guerra civil. Uno de ellos es «Las muchachas de Brunete», que se había publicado por primera vez en la revista falangista Vértice.
Por motivos económicos, Lino Novás Calvo (As Grañas do Sor, La Coruña, 1903-Nueva York, 1983) fue enviado por su familia a Cuba cuando sólo era un niño. En 1931 regresó a España, donde vivió de hacer reportajes y traducciones. Partidario de la República, combatió durante un tiempo en las filas del Quinto Regimiento. Consumada la derrota republicana, salió de España y se instaló en La Habana, donde vivió hasta que, tras el triunfo de la revolución castrista, pidió asilo en la Embajada de Colombia y logró salir hacia los Estados Unidos. El cuento «El tanque de Iturri» apareció publicado en octubre de 1938 en la revista Hora de España.
Juan Antonio Olmedo (Málaga, 1951), autor de varios libros de poemas, no ha hecho demasiadas incursiones en el campo de la narrativa. El relato «La emisora» apareció publicado en el volumen El balcón de Azaña (2000).
Antonio Pereira (Villafranca del Bierzo, León, 1923), autor de casi una veintena de libros de cuentos, pasó los tres años de guerra en su localidad natal. Sus experiencias de esa época le inspiraron bastantes de los relatos de Las ciudades de poniente (1994) y Cuentos de la Cábila (2000). Al primero de estos dos libros pertenece «El hombre de la casa».
A lo largo de más de medio siglo, la narrativa de Ramiro Pinilla (Bilbao, 1923) ha venido componiendo un gran fresco de la reciente historia del País Vasco, casi siempre desde el microcosmos vizcaíno de Getxo. Sus colecciones de cuentos y sus novelas, habitadas muchas veces por los mismos personajes, se han centrado a menudo en el tema de la guerra civil. Esta aparece en sus libros más recientes (la monumental trilogía Verdes valles, colinas rojas, de 2004 y 2005, y la novela La higuera, de 2006) y también en algunas de sus obras anteriores, como el volumen de relatos Primeras historias de la guerra interminable (1977), al que pertenece el cuento «Julio del 36».
Fernando Quiñones (Chiclana de la Frontera, Cádiz, 1930-Cádiz, 1998) vivía en Cádiz con sus abuelos cuando estalló la guerra civil, que en esa ciudad duró sólo unos días. De esos primeros días de guerra trata su relato «El final», que se publicó por primera vez en Viento sur (1987). Es el único de sus cuentos (casi un centenar) que toca el tema de la guerra, y parece que Quiñones estaba orgulloso de él, porque lo incluyó en todas sus antologías.
El relato «La lengua de las mariposas» («A lingua das bolboretas») de Manuel Rivas (La Coruña, 1957) forma parte del libro ¿Que me queres, amor? (1996) y fue llevado al cine por el realizador José Luis Cuerda y el guionista Rafael Azcona. La guerra civil está también presente en dos de sus obras más celebradas: O lapis do carpinteiro (1998) y Os libros arden mal (2006).
El cuento «Las calles azules» («Els carrers blaus») de Mercè Rodoreda —(Barcelona, 1908-Girona, 1983) se publicó por primera vez en marzo de 1937 en la revista Companya, y María Campillo lo incluyó en 1982 en su antología Contes de guerra i revolució. De esta antología forman parte asimismo otros relatos de la autora escritos también durante la guerra. Un tema recurrente de varios de ellos es el de la irrupción de las circunstancias históricas (la guerra) en la pasión amorosa. El año 37 es precisamente el de la ruptura con Joan Gurgui tras nueve años de matrimonio. Por esas mismas fechas, según algunas fuentes, Mercè Rodoreda habría mantenido una breve relación amorosa con Andreu Nin, intelectual catalán y líder del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) que muy poco después sería asesinado por los servicios secretos de Stalin. Tras la guerra, la escritora se exilió en Francia y más tarde en Suiza, de donde no regresó a Cataluña hasta 1972. Su obra más conocida es, sin duda, La plaza del diamante (La plaça del diamant), una novela en la que las vivencias de los protagonistas durante la guerra civil ocupan buena parte de la historia. El libro se publicó en 1960 en Club Editor, la editorial de Joan Sales, autor a su vez de una de las novelas más importantes sobre la guerra civil, Incerta glòria (1956). La contienda inspiraría también Quanta, quanta guerra… (1980), última novela que la escritora barcelonesa publicó en vida.
El hispano-mexicano Tomás Segovia (Valencia, 1927) salió de España con su familia durante la guerra civil. Reconocido poeta, es también autor de varias colecciones de cuentos. El relato «Combustión interna» forma parte de su libro Otro invierno (2001) y está inspirado en sus propias experiencias infantiles.
Anarquista en su juventud y próximo al comunismo desde 1933, Ramón J. Sender (Chalamera, Huesca, 1901-San Diego, California. 1982) combatió como capitán en el 5.º Regimiento a las órdenes del comunista Enrique Líster, quien, treinta años después, le acusaría de haber desertado tras la ofensiva de Seseña del 29 de octubre de 1936 acusación definitivamente rebatida por la profesora Donatella Pini. Su alejamiento del comunismo se precipitó tras la persecución en junio de 1937 del POUM, algunos de cuyos dirigentes eran amigos suyos. Pero los acontecimientos que más le marcaron fueron dos viles asesinatos a manos de elementos del franquismo local: el de su hermano Manuel en Huesca (ciudad de la que había sido alcalde durante la República) y de su mujer, Amparo Barayón, en Zamora. Este asesinato sería investigado por su hijo, Ramón Sender Barayón (que a la sazón tenía dos años), para escribir el estremecedor libro Muerte en Zamora (1990). No es, pues, de extrañar que la guerra civil esté muy presente en la obra de Sender, tanto en el reportaje Contraataque (1938) y la muy celebrada novela Réquiem por un campesino español (1953) como en diversos textos de carácter autobiográfico y en algunos relatos nunca recogidos en libro. Uno de ellos es «La lección», que se publicó el 18 de julio de 1938 en Voz de Madrid, la revista que el propio Sender dirigía entonces en París.
El novelista y traductor Manuel Talens (Granada, 1948) ha tratado tema de la guerra civil en varios de los relatos del libro Venganzas (1994), al que pertenece «Jesús Galarraza».
Andrés Trapiello (Manzaneda de Torio, León, 1953) es autor de Las armas y las letras (1994), uno de los ensayos de referencia sobre tema de los escritores y la guerra civil. Esta está también presente sus novelas La tinta simpática (1988), protagonizada por un exbrigadista italiano, y Días y noches (2000), que narra el viaje del buque Sinaia, en el que unos mil quinientos republicanos españoles consiguieron llegar a México en junio de 1939. Asimismo, La noche de los Cuatro Caminos (2001), aunque ambientada en los años cuarenta, cuenta una historia de maquis urbanos para los que la guerra civil aún no había terminado. El relato «La seda rota» (2006) fue publicado con unas fotografías de Juan Manuel Castro Prieto que documentan cómo el pasado pervivía en la casa de los Daza cuando el escritor la visitó en 2005.
Juan Eduardo Zúñiga (Madrid, 1929) vivió la guerra en su ciudad natal. En aquel Madrid sitiado ambientó la acción de su primera y nunca reeditada novela (Inútiles totales, 1951), y a él volvería en los relatos reunidos en Largo noviembre en Madrid (1980) y Capital de la gloria (2003). «Los deseos, la noche» y «Ruinas, el trayecto: Guerda Taro» pertenecen a este último libro.