¿POR QUÉ NO ME GUSTAN LAS NEGRAS?

 ¿POR QUÉ NO ME GUSTAN LAS NEGRAS?


#HistoriasdeSingón

Esta no es una historia de la que me enorgullezca mucho, y me revuelve el estómago cada vez que tengo que acordarme, así que aprovechen porque esta es la primera y única vez que la cuento aquí. Así que, asqueado y un poco molesto, voy a contar la historia de por qué no me gustan las negras, es un poco largo de contar pero lo voy a hacer esta vez y ya. La cosa es así:

Cuando yo era muy jovencito todavía, y aún no era tan experto en seducción y placer (aunque ya había martillado a unas cuantas), cometí el garrafal error de singar a full de máquina con par de negras locotas que vivían cerca de mi casa. Me acuerdo de que mi mamá me había castigado porque las madres del barrio iban a mi casa a dar quejas de que yo estaba dándole barra salvaje a sus hijas y aquello ya era un explote. Como no podía salir de la casa por lo del castigo me paraba en la ventana, y las negritas aquellas pasaban por ahí y me sateaban así a la cara, se ve que andaban con un queso espeso. No quiero ni acordarme de eso, para no hacer el cuento largo, tanta satería fue, y yo con lo de estar trancado en la casa, que en una de esas les dije que vinieran para adentro y fuego. La primera me la singué porque así castigado no estaba en la calle conquistando, y la negrita estaba regalada, tenía buenas nalgas, y bueno, por lo menos era aseada, o eso pensaba yo. Pero de madre fue aquello, después de darle sus buenos martillazos y ponerla a dar gritos a base de mandarria me salió un nacío en la pinga desde ese mismo día por la noche, y no pude singar como en un mes, se me puso el martillo que parecía un bate de pelota, y para colmo se puso hasta prieto. 

Con la otra fue después, ya me había curado del nacío, me acuerdo que me veía en la calle y me decía «Oye le has dado cabilla a todas las chiquitas del barrio menos a mí». Era un día de un perro apagón y no había podido jugar Play Station, y el martillo andaba hambriento y salvaje. Así que le dije «bueno dale, te voy a hacer el trabajo para que no digas que yo no te la di», no se me olvida que ella andaba con una licra anaranjada, unas dupe verdes y un blume azul. Esta era flaquita alta, y era de las que no se podaba mucho el bosque. Le di su respectivo mandarriazo, metralla pa' abajo, la negrita era medio gimnasta y mientras me la singaba ponía las piernas en posiciones raras, no gritaba tanto pero no se le entendía lo que decía, tampoco era que hiciera mucha falta. En fin que casi enseguida me salió una erupción en los huevos que picaba cantidad y se me hincharon que parecía CR7 con dos balones de fútbol entre las patas, y eso que a las dos me las singué con condón porque desde chiquito yo sí tengo claro que cuido lo que me como, y desde las dos alienígenas esas me cuido más. Tuve que estar con los cojones al aire una pila de días por tratamiento médico y sin singar, eso sin contar que todo un grupo de estudiantes se deleitó viendo mis huevos porque el anormal del médico me cogió de material de estudio, aunque había algunas estudiantes que estaban bastante ricas, pero lo malo era que con los cojones pareciendo dos pelotas de playa no les podía dar su merecido. 

Así de esa horrible manera aprendí que definitivamente soy alérgico a las negras, yo no sé si la melanina o el chapapote, pero la crica de chocolate resultó ser tóxica para mí, eso es radiactivo, Chernóbil completo, al punto de que nada más de acordarme de eso y escribirlo ya me empezó a dar tremenda picazón, así que lo dejo aquí que no quiero enfermarme. Por eso nunca más mi martillo se vuelve a contaminar en esas aguas albañales, y esa radioactividad destructiva, pa' allá pa' allá las cocodrilas esas que yo no vivo en el pantano y soy alérgico al sancocho. Así que mi gente ya saben, tengan cuidado si se van a singar una negra, todo el mundo tiene derecho a singar, incluso los que no tienen estómago, pero que va nunca más yo me vuelvo a singar una negra. Si es blanca, responsable y en zona de strike entonces sí tiene todo el derecho y el deber de probar mi martillo asesino y justiciero del placer.

Y para los graciosos, para que nadie vaya a imaginarse cosas deshonrosas, voy a dejar muy claro que nunca he estado ni cerca de ningún maricón, ni estaré nunca, esa es la deshonra más grande de la humanidad, el hombre que es hombre ni deja que otro le meta cosas en el culo y le revuelva eso ahí, ni permite que su ano se convierta en la bandera de Japón, que no dudo que esa sea la máxima aspiración de unos cuantos otakus asquerosos de esos que andan por ahí, pero bueno todo eso de ser maricón o estar relacionado con la mariconería es una gran deshonra y yo no entro en eso, ni entraré nunca. Así que ya lo saben, no me pidan que les cuente más esta historia, y nos vemos en la próxima.


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