PECADOS Y PECADORES

PECADOS Y PECADORES

Ernesto Ustariz; periodista e historiador.


Como va pintando la cosa, Cuba no iría al Clásico Mundial de Béisbol, no muy sorpresivo si se estaba atento a las noticias. Y poco hubo que esperar para que los periodistas deportivos hijos de malas, salieran a tratar de purgar sus pecados impurgables alegrandose de la noticia. Porque si algo no pueden perdonarse los que se alegran, es haber nacido en Cuba, el pecado original que los persigue allá donde vayan y que tratan de lavar a toda costa, incluso a costa de su propia vergüenza.

No son los únicos, pertenecen a ese "exilio" que se apena de ser cubano, de haber dicho Seremos como el Che, y que ahora trata de destruir todo lo que suene mínimamente razonable y que en sus pequeñas cabezas beneficie a Cuba. Son los mismos que critican la politizacion del deporte politizandolo aún más. Son los que piden más sanciones [nunca jamás le llaman bloqueo], que piden cero remesas, incluso a costa de los familiares que les quedan acá porque tienen que borrar su propia historia pidiendo remesas cuando vivían de este lado del malecón. Tienen que contentar a su nuevo jefe [porque nada los complace más que ser buenos subordinados] siendo el que más grita, porque no hay nadie más fanático que el nuevo converso. Y así, buscan el perdón por ser cubanos apoyando todo lo que vaya contra Cuba, hasta en la pelota, aunque ni ellos se lo perdonen.

Pero no son la única especie en la fauna periodística [y política]. Está otra, menos fanático pero más dañina, más comedida pero igual de persistente. La que apela a la razón, no quiere sanciones sino diálogo, son los hijos putativos de Obama. Y si los primeros son fáciles de identificar, estos no, pues su "pecado" [haber creído en la Revolución] lo creen lavado no pidiendo su destrucción, sino su evolución desde dentro. Y con eso se conforman. Porque si algo les gusta es el justo medio, ni revolución ni barbarie. Son los intelectuales grises que habitan la zona rosa, ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. No por gusto dicen que no se puede vivir de la historia cuando todos sus escritos son del pasado que pudo ser y no fue.

Pero al final, los dos tipos quieren lo mismo. Uno lo gritan y otros no lo critican. Unos [la mayoría], viven del otro lado del estrecho. Otros [casi todos], viven aquí la estrechez de la crisis, mal cobrando y peor escribiendo en los propios medios del estado, haciendo quizás más daño que los primeros.

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