Normal
Canal Revista Alma MaterPor Mario Almeida

No quiero engañar a nadie: cuando estás limpiando pisos, necesariamente no te dan ganas de cantar un himno. Lo más probable es que ni siquiera sientas deseos de cantar. La careta de acetato se empaña, el haragán se cae, tropiezas con el cubo y la frazada se zafa del trapeador. El cerebro está al pendiente de disímiles detalles y si te pones a pensar en las musarañas probablemente lo hagas todo mal.
El centro de aislamiento no es necesariamente un lugar para sublimidades, insisto; se trata más bien de un sitio normal, donde el sol sale por un lado y se esconde por otro, hay gatos viejos, gatos nuevos, gatos tembas, mangos que se caen de la mata y hasta una perra que pare bajo un banquillo de concreto. Existen chuchuchús, líderes de opinión, malentendidos y voces enredadas entre los labios y las telas de los nasobucos.
En medio de todo, nosotros limpiamos los apartamentos, intentamos cuidarnos y comemos mucho melón.
Dicho esto, confieso que la palabra “héroe” a veces me tortura. No sé si incomoda su fonética o simplemente el que empiece con hache y esa —la hache— me parece en determinados casos un adorno innecesario, algo arcaico, formal y ampuloso. Les habla mi indolencia, que cree, por cierto, que “héroe” posee un parentesco bastante cercano con la letra de marras.
Pasando a temas más mundanos, Marcos —recién graduado de Química— y Camilo —tercer año de Biología— se han sumado a la tropa. El primero tiene un escudo ultraefectivo contra el virus, que ha construido con un material llamado “cuidado extremo”. A veces se pasa. Mallorys lo sorprendió “desinfectando” una pastilla bajo el grifo. Para mayor bochorno, el fármaco se lo acababa de dar ella.
Por su parte, Camilo es muy malo en los juegos de palabras, trabaja como un mulo, suda a mares y está loco por “tirar” un dominó.
La tónica de reír continúa. Ya casi no nos burlamos del resto, hemos llegado a conocernos tanto, hemos soltado tantas pifias, que para materia prima nos alcanza con nosotros. Hoy hablamos del hombre neandertal, del homo sapiens, de la genética y hasta del cocodrilo cubano.
“Fue un buen día”, me dijo Daniela cuando casi salíamos de la zona roja.