No desperdicie una vida plena
Fernando Alexis Jiménez | Conexion365.Org | @Conexion365Org
Piense por un instante en una realidad: nos encontramos enfrascados en una lucha diaria por vivir, pero sin propósito ni sentido.
Una afanosa carrera por sobrevivir.
Sin embargo, en la Biblia leemos de algo distinto, totalmente. Noticias esperanzadoras.
Pentecostés se asocia más a menudo con la llegada del Espíritu Santo. Pero también demuestra la extraordinaria capacidad de Dios para redimir.
Interesante, me dirá usted, ¿pero de qué se trata?
Para entender cuán asombroso fue Pentecostés, debemos remontarnos a Génesis 11, cuando todos usaban “una sola lengua” y el pueblo “[era] uno” (Gn 11.1, 6).
Su problema no era la unidad, sino la adoración a sí mismos.
Dios había dicho que llenaran la Tierra, pero en lugar de eso construyeron una ciudad y una torre para “[hacerse] un nombre” y evitar la dispersión (Gn 11.4).
Solo después de que Dios confundiera sus lenguas en Babel, se dispersaron como Él había ordenado.
Pentecostés ofrece un contraste asombroso.
Los discípulos esperaron en Jerusalén, como les ordenó el Señor (Hch 1.4, 5). La multitud estaba “atónita y maravillada” al oír sus diferentes lenguas unidas en significado (Hch 2.6, 7).
“Les oímos”, se decían unos a otros, “hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios” (Hch 2.11).
Esa armonía de alabanza en Jerusalén redimió la confusión de Babel.
Y aunque la iglesia también fue “dispersada” después de aquello, los creyentes tomaron la persecución como una oportunidad para sembrar semillas para el evangelio (Hch 8.1, 4; Hch 11.19).
¿Interesante el tema? Sin duda que sí.
Ahora, para terminar.
¿Se da cuenta del alcance de la justicia de Dios? Estamos hablando de un Dios perdonador.
¿Ha cometido muchos pecados? ¿Siente que su pasado lo persigue y no le deja vivir en paz? No es la primera persona en esa condición y, sin duda, tampoco será la última.
Si usted está en esa situación, le tenemos buenas noticias. Por gracia, nuestro amado Señor perdona nuestros pecados en respuesta a un sincero arrepentimiento.
Absolutamente todos. Del pasado y del presente.
¿Y cómo es posible si mi maldad es mucha?, nos preguntará usted.
Es posible porque nuestro Salvador Jesucristo murió en su lugar y en el mío. Vertió su sangre en el Calvario para limpiar nuestros pecados.
Hoy es el día de volvernos a Dios. Acogernos a Su gracia.
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Fernando Alexis Jiménez sirve a Dios en la Misión Edificando Familias Sólidas. Transmite el Programa Vida Familiar y, desde el 2016, dirige el Instituto Bíblico Ministerial.
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