Mutaciones prometedoras

Mutaciones prometedoras

N+1

Informe de la tele-reunión del 2 de junio de 2020. Traducción: A.V.

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La tele-reunión del martes por la noche, a la que se conectaron 26 camaradas, empezó discutiendo las recientes protestas en Estados Unidos.

El asesinato de George Floyd por la policía en Minneapolis, transmitido en vivo por las redes sociales, provocó desórdenes en decenas de ciudades estadounidenses. Evidentemente, el asesinato del afroamericano no basta para explicar que durante una semana los Estados Unidos hayan sido escenario de disturbios y saqueos que han llevado a toques de queda en varias ciudades, a la movilización de la Guardia Nacional y a la hipótesis, ventilada por el presidente Trump, de hacer intervenir al ejército. Durante la última tele-reunión habíamos estado hablando de las protestas en Chile y en Ecuador, unos días más tarde le ha tocado al gigante de las rayas y estrellas el turno del estallido social (van casi 10 mil arrestos desde el comienzo de los disturbios). El capitalismo ya no funciona, y la continua acumulación de contradicciones encuentra una solución discontinua. En las marchas que han llenado las calles de Minneapolis, Washington, Nueva York, Los Ángeles, Atlanta, Chicago, etc., no sólo había afroamericanos, sino también hispanos y blancos; en esta oleada de levantamientos ha habido manifestaciones de solidaridad en Canadá, Nueva Zelandia, Alemania, Inglaterra y muchos otros países. El mundo entero está siendo sacudido por un malestar cuyas causas son mucho más profundas que las que aparecen en los carteles de los manifestantes o en los titulares. Lo que está sucediendo es un fenómeno global.

Mucha gente describe la revuelta en Estados Unidos como un incendio social. En su libro Ubicuidad, Mark Buchanan detalla un estudio sobre los incendios forestales que tienen lugar en el parque Yellowstone, destacando que al disminuir el número de pequeños focos que periódicamente estallan en los bosques del parque, aumenta la posibilidad de un incendio mucho más grande y devastador, debido al engrosamiento del follaje y a la consiguiente acumulación de material combustible. En Estados Unidos el cierre de empresas debido a la cuarentena ha hecho que el número de desempleados se dispare a 40 millones. Avvenire, en el artículo «Enfrentamientos en Estados Unidos: chispas en un polvorín de pobreza y marginación», señala que "los afroamericanos duplican en cantidad a los blancos entre las víctimas de Covid" y que "son también los más vulnerables al impacto económico". La sociedad actual tiene contradicciones graves en lo tocante a la abundancia y la acumulación, y los efectos de esas contradicciones están empezando a manifestarse de manera cada vez más sincronizada. Cuando el 20% de la población activa pierde su trabajo, el sistema se vuelve inestable y entra en un estado supercrítico, dando lugar a fenómenos de autoorganización de clase.

Los políticos y los periodistas intentan averiguar qué grupos y estructuras encabezan la revuelta. Se les hace difícil comprender que si hay coordinación eso no se debe a que exista un centro de poder que organiza a los átomos sociales: la criticalidad autoorganizada existe en la naturaleza, y la polarización ocurre cuando los elementos de un "campo" o "sistema" están dispuestos según orientaciones particulares alrededor de dos polos opuestos. En un tweet del 1 de junio el presidente Trump, respondiendo a la polémica sobre la posible infiltración de grupos de supremacistas acusados de vandalismo, dijo que la organización que está detrás de los disturbios es el movimiento Antifa, visto por primera vez en acción en el Ocuppy Wall Street. En Estados Unidos la etiqueta Antifa se usa para designar a toda la galaxia de la izquierda extraparlamentaria y anarquista, ciertamente activa en las grandes metrópolis norteamericanas, pero no identificable como factor decisivo en el desarrollo de las protestas. Es llamativo el fenómeno del movimiento boogaloo, grupo ligado al entorno de la derecha alternativa norteamericana (en la que abundan hombres armados hasta los dientes listos para emprender la guerra civil contra el Estado central y la policía, y que no debe ser confundida con la derecha europea). Hace unas semanas, algunos grupos de supremacistas blancos organizaron manifestaciones armadas en Michigan, para protestar contra de las medidas de confinamiento impuestas a causa de la pandemia. En «Teoría y práctica de la nueva política de guerra norteamericana» (2003) decíamos, en un capítulo dedicado a la vida sin sentido en el "vientre de la ballena":

«Millones y millones de norteamericanos se sienten prisioneros de un Estado al que no perciben como un organismo propio. Para nosotros, europeos, es ciertamente difícil comprender esa hostilidad, porque nuestra historia siempre ha visto al Estado como un instrumento ambiguo, capaz de reprimir pero también de dispensar beneficios obtenidos a través de la lucha de clases, como las leyes que regulan las horas de trabajo, etc., o como un instrumento a ser conquistado y utilizado. Millones de estadounidenses, en cambio, perciben su propio Estado como un ente ajeno, algo que no forma parte del país. No importa si ese rechazo adopta matices que van desde el nazismo hasta la anarquía, con curiosas hibridaciones y formas absolutamente peculiares de milicia armada: el hecho es que una gran parte de Norteamérica se siente colonizada por los Estados Unidos.»

En un instante el país más poderoso del mundo ha quedado sumido en el caos, sacudido por una revuelta anticolonial nacida de su propias entrañas. El proceso en curso es irreversible: la crisis histórica de las relaciones de valor no está quedando atrás, muy por el contrario, las manifestaciones hasta ahora dispersas por todo el planeta están empezando a sincronizarse.

En los últimos meses, la policía ha adoptado una táctica diferente, muy cautelosa, en comparación con la que adoptaba antes: por ejemplo en Hong Kong, donde han dejado que los manifestantes se desahoguen permitiendo la ocupación del Parlamento, o en Francia, donde pequeños destacamentos atacan y realizan detenciones, para retirarse rápidamente tratando de concentrar a los manifestantes en lugares determinados. Los organismos encargados de hacer cumplir la ley prefieren ganar tiempo, aplazando el enfrentamiento frontal e infiltrando los movimientos mediante agentes de influencia.

La aceleración de los procesos históricos no depende de la voluntad de los individuos o grupos, que más bien llegan a tener protagonismo empujados por una fuerza histórica. Los comunistas son, dentro de la especie, elementos mutantes que defienden la continuidad del partido histórico (el programa) mientras esperan que éste se una al partido formal (la organización). El partido histórico espera que las masas se recombinen con él, un poco como los virus que necesitan una célula anfitriona para poder reproducirse; la transmisión y la recepción de información, es decir, el partido y la clase, deben fusionarse. A lo largo de la historia, en cada fase del cambio social, es una minoría la que empieza a moverse para revertir la situación; es decir, al interior de la sociedad tiene lugar una especie de mutación genética que luego, si logra imponerse, conduce a una mutación generalizada. Nuestra corriente afirma que el partido es un organismo vivo con ciertas características, entre las que se cuenta la capacidad de sobrevivir en una situación histórica desfavorable, pero también en momentos de cambio radical. Ser conscientes de que el partido se desarrolla íntegramente a nuestro alrededor, como dice Marx en una carta a Freiligrath, significa comprender que los militantes de la revolución (incluidos quienes no saben que lo son), constituyen en primer lugar el producto de una dinámica general y, sólo más tarde, agentes activos de la historia.

Lo más importante es sintonizar con el movimiento real que suprime el presente estado de cosas, favoreciendo, por ejemplo, la disolución de todos los "ismos" en boga para así dejar espacio a la revolución. Sindicalismo, reivindicacionismo, frentismo, activismo: todo esto debe ir a parar a la basura. Siempre que se utiliza algo viejo para "construir" la nueva sociedad, se fracasa, porque lo nuevo no se puede crear con los escombros de la historia.

En el artículo «Activismo» (1952) se recuerda que la situación general puede ser catastrófica (estados en desintegración, clase dominante en desbandada, etc.), pero si el partido no está allí, tal situación no califica como revolucionaria. Según las «Tesis sobre la táctica» (1922), y en particular como se explica en los capítulos La naturaleza orgánica del Partido Comunista y El proceso de desarrollo del Partido Comunista, el partido no es algo que se construye para uso y consumo de unos pocos militantes, sino que es una dinámica histórica. Las teorías de redes, del caos, de la complejidad, nos sirven para entender que el partido-comunidad se desarrolla a través de procesos de auto-organización de la materia, mediante la emergencia de estructuras a partir del caos y por transiciones de fase en un sistema que no está en equilibrio. En resumen, para pasar de n (capitalismo) a n+1 (metabolismo de la especie), debemos necesariamente formar un ambiente que sea la anticipación del cerebro social («Origen y función de la forma de partido», 1961).