Miraculous. Las aventuras de Ladybug. Reflekta
Reflekta
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Era el día de la fotografía escolar anual. Marinette y el resto de los compañeros esperaban su turno impacientes.
—¡Tendré una foto con Adrien! ¿A que es increíble? Madre mía, ¿y si nos ponen juntos en la misma fila? —dijo Marinette a su amiga Alya.
—Al menos tú sabes que saldrás bien en la foto —dijo Juleka uniéndose a la conversación—. Yo soy gafe y salgo fatal en todas las fotografías.

—No te preocupes Juleka, hoy saldrás estupenda. Tan sólo tienes que sonreír un poco —sentenció Marinette.


El fotógrafo llamó a la clase de Marinette y empezó a colocar a los chicos.
—Tú, tú, tú y... ¡tú! Poneos atrás, por favor —ordenó.
—¡Espere un momentito! Yo tengo que ir en la fila del medio, al lado de Adrien —se quejó Chloé.
—¡Imposible! Tienes que ir donde te he indicado.
—Perdone, falta Juleka —advirtió Marinette antes de que el fotógrafo disparara la foto.
—Es verdad, ponte en el medio, justo al lado del chico rubio.

—Saldrás en el centro, así que te verán todos. ¡Se acabó el gafe! —dijo Marinette.

—Perfecto. Vamos, decid todos «espagueti»... ¡Aaargh! Justo ahora se acaba la batería de la cámara. Voy a por otra —se lamentó el fotógrafo.
Juleka aprovechó la pausa para ir al baño. Tras ella fue Sabrina que, siguiendo órdenes de Chloé, atrancó la puerta del lavabo para que no pudiera salir.

Chloé aprovechó la ausencia de Juleka para ocupar su lugar.
—¡Eh! ¿Qué haces? ¿Dónde está Juleka? — le preguntó Marinette.
—¿Y qué más da? ¡Por fin estoy en el sitio correcto! —respondió Chloé con una sonrisa.
Justo entonces, el fotógrafo hizo la foto, a pesar de la advertencia de Marinette.

—Me he perdido la foto, ¿no? —preguntó Juleka a Rose cuando ésta le abrió la puerta del lavabo.
—Sí, Chloé te la ha jugado —le confirmó Rose.
—¿Lo ves? ¡Nadie me escucha! ¡Ni me ve! Soy invisible hasta en las fotos —dijo una desconsolada Juleka antes de salir corriendo.

—Debí suponer que Chloé tramaría algo. Hay que romper la maldición de Juleka —dijo Marinette a sus amigas.
—¿Hablamos con el fotógrafo para que repita la foto? —propuso Rose.
—No creo que quiera... A no ser que la foto desapareciera, entonces tendría que repetirla con Juleka —sentenció Marinette.

En ese instante, un akuma enviado por el villano Lepidóptero transformó a Juleka en una supervillana. A cambio de robar los prodigios de Ladybug y Cat Noir, nadie volvería a ignorarla jamás.
Marinette, por su parte, se coló en el despacho del director para encontrar la foto y borrarla.

Entonces, una irreconocible Juleka llegó al colegio dejando a todos petrificados. Se había convertido en Reflekta.
—¿Quién... quién... eres? —preguntó un atemorizado director.
—Nadie se ha fijado nunca en mí, pero ¡eso ya se ha acabado! A partir de ahora, todo el mundo me prestará atención, porque todos serán como yo —dijo Reflekta mientras transformaba al director y al fotógrafo en dos réplicas suyas perfectas.

—¡París entero será como yo! ¡Incluida Chloé Bourgeois! ¿Habéis visto a Chloé? —preguntaba Reflekta mientras transformaba a todos los alumnos.
Entonces Adrien decidió intervenir y se transformó en Cat Noir.

Cat Noir dio un gran salto y arrancó el aro de la canasta de baloncesto para inmovilizar a Reflekta. Pero la villana no tardó en liberarse y transformar a un sorprendido Cat Noir.
—Mucho mejor. ¡Odio a los gatos! —dijo Reflekta orgullosa.

Mientras tanto, Chloé y Marinette discutían en el despacho del director.
—¡Te pillamos con las manos en la masa! Al director le encantará el vídeo en el que apareces husmeando en su despacho —amenazó Chloé a Marinette.
—Basta o la foto desaparecerá. Sería una pena con lo bien que estás al lado de Adrien —respondió Marinette con la cámara en la mano.
Marinette aprovechó el desconcierto de Chloé para salir corriendo del despacho. Chloé y Sabrina fueron tras ella pero se toparon con Reflekta.
—¿Se puede saber quién eres tú? —preguntó Chloé.
—Fíjate bien en mí porque soy tu futura cara —respondió Reflekta justo antes de transformarla.


—Pero… ¿eres consciente de lo que costaba mi conjunto? —dijo una indignada Chloé.
En ese instante, Marinette, que había presenciado toda la escena escondida, tomó una rápida decisión.
—Hora de transformarse. ¡Tikki, puntos fuera!
—¡Juleka, detén esto! —le advirtió Ladybug.
—Ya no soy la Juleka en la que nadie se fija. ¡Me he convertido en la inconfundible Reflekta! Seguro que te encantará tu nueva imagen, Ladybug —respondió la villana.


—Pronto serás igual que yo, pero antes quiero tus pendientes como trofeo —amenazó Reflekta a Ladybug.
En ese instante, apareció un ejército de alumnos transformados en Reflekta. Cat Noir los había reclutado y la villana tuvo que huir.

—¿Cat Noir? Eres... ¿eres tú? —dijo Ladybug al identificar su voz.
—¡Claro! ¿Es que ya no te resulto atractivo? Tenemos que atrapar a Reflekta, pero no creo que un cara a cara sea la mejor opción —contestó Cat Noir.
—Eso me da una idea. ¡A la televisión! —dijo Ladybug.

Mientras tanto, Reflekta se dirigió al ayuntamiento y transformó al alcalde Bourgeois.
A su vez, Ladybug y Cat Noir pusieron en marcha el plan para detener a la villana.
—Parisinos, ayudadnos a atrapar a Reflekta. Disfrazaos para que pueda identificarla y hacerla desaparecer —pidió Ladybug a través de un mensaje televisado.

—Escucha, ¿tu plan no es un poquito complicado? —preguntó Cat Noir.
—Ése no es mi plan. De hecho, lo que quiero es atraer a Reflekta hasta aquí —confesó Ladybug.
El plan funcionó y, al instante, Reflekta apareció por el estudio de televisión y Ladybug pudo apresarla.
Pero no se trataba de la auténtica Reflekta, sino del alcalde. Al instante, apareció la verdadera villana e intentó transformar a Ladybug, pero Cat Noir se interpuso.

Entonces Ladybug utilizó sus poderes para conseguir... ¡una cámara!
—¡Cat Noir! ¡Apaga las luces! —ordenó a su amigo—. ¡Por aquí, Reflekta!
Inmediatamente, Ladybug empezó a deslumbrar a Reflekta con el flash, hasta que logró arrebatarle el akuma y destrozarlo.

Tras liberar el akuma, todas las personas recuperaron su aspecto normal, incluidos Cat Noir y una desconcertada Juleka.
—¡Genial, lo logramos, Cat Noir! —dijo Ladybug.

De nuevo en el colegio, Marinette devolvió la tarjeta al fotógrafo y logró convencerlo para repetir la foto. En esta ocasión salieron todos los compañeros, incluida Juleka, y por fin ¡se rompió la maldición de la foto!