Melanie
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Hablan un rato más de las cosas que han sucedido, revistiendo la violencia de palabras cuidadosas y delicadas para que parezca menos espantosa. Melanie, a su pesar, encuentra interesante este hecho, el hecho de que puedas usar palabras para ocultar cosas, o para no tocarlas, o para fingir que son lo que no son. Ojalá pudiera hacerlo con su gran secreto.
Parece que la señorita Justineau cree que Melanie está triste por la muerte de todos esos hambrientos y está intentando hacerle sentir mejor. Es cierto que se siente triste por ellos, al menos un poco. Pero ahora ya sabe que los hambrientos habían dejado de ser gente incluso antes de que los mataran. Eran más bien como casas vacías donde antes vivía gente.
Procura tranquilizar a la señorita J, procura que comprenda que no está triste por los hambrientos. Ni siquiera por el que cantaba la canción, aunque no crea que el sargento Parks tuviera razón para dispararle. Solo estaba ahí, sentado en la cama, y lo único que podía hacer era cantar y mirar sus fotos.
Pero también la señora de la calle parecía inofensiva hasta que gritó la doctora Caldwell. Da la sensación de que los hambrientos pueden cambiar muy deprisa y cuando estás cerca de ellos debes tener cuidado todo el rato.
—Te protegeré —le dice la señorita Justineau en ese momento—. Lo sabes, ¿no? No permitiré que te hagan nada.
Melanie asiente. Sabe que la señorita Justineau la quiere y hará lo que pueda. Pero ¿cómo va a salvarla de sí misma?