Melanie

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Melanie piensa: «Cuando tus sueños se hacen realidad, han dejado ya de serlo. Has dejado de ser la persona que los tenía, así que lo que sientes es más bien como un extraño eco de algo que te sucedió hace mucho».

Está tumbada dentro de una celda que se parece un poco a la que tenía en la base. Pero la comparte con la señorita Justineau. El hombro de la señorita Justineau le toca la espalda y siente que se mueve al compás de su respiración. Por un lado, esto le inspira una felicidad tan completa que es embriagadora.

Pero no es un sitio en el que puedan quedarse a vivir. Solo es una parada en el camino, un camino que está lleno de incertidumbres. Y algunas están dentro de ella, no en el mundo exterior. Es una hambrienta, dominada por una necesidad que siempre estará ahí, haga lo que haga. Deben mantenerla encadenada, con un bozal en la boca, para que no devore a nadie.

«Y vivieron juntas para siempre en paz y prosperidad».

Así es como terminaba la historia que escribió, pero no es como va a terminar esta historia del mundo. En Beacon no la aceptarán. Y si lo hacen será para cogerla y cortarla en pedazos. El final feliz de la señorita Justineau no es el de ella.

Pronto tendrá que abandonar a la señorita J y salir al mundo en busca de fortuna. Será como Eneas, que partió de Troya tras su caída y navegó hasta llegar al Lacio para fundar la nueva Troya, que terminaría por llamarse Roma.

Pero ahora duda muy seriamente que los príncipes que una vez imaginó luchando por ella existan en este mundo, que es muy hermoso pero está lleno de cosas viejas y rotas. Y ya echa de menos a la señorita J, a pesar de que están juntas.

No cree que vuelva a amar tanto a nadie.

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