Matrimonio Timidez Perversión 74
@RelatosEroticosDRK
De ahí las ansias de Sara por buscar una alternativa al
intercambio frustrado con Rubén y Judith. La experiencia le
había gustado demasiado como para dejarla ir y no volver a
repetirla.
Y yo, sinceramente, tampoco quería volver atrás. También
me había gustado aquello, quizás no tanto como a Sara por
los temores que me acompañaban siempre, mis indecisiones
a verla con otro hombre y más, uno como Rubén, claramente
mejor amante que yo.
Me dejé caer sobre la cama, intentando conciliar el sueño y
buscando el contacto con el cuerpo de mi mujer,
abrazándome a ella y sintiendo su calor, ese calor que
recordé esa misma tarde había sentido su amiga con la que
había pasado buena parte de la tarde. Otra cosa impensable,
mi mujer teniendo sexo con otra mujer. Me dormí pensando
en qué otras cosas iba a sorprenderme viendo hacer a mi
mujer.
Nos levantamos los dos con el sonido del despertador y
empezamos a prepararnos para una nueva jornada laboral
aunque aquella iba a ser especial, una jornada de despedida y
de nervios. De despedida porque los dos sabíamos que era el
último día que íbamos a pasar juntos antes de nuestra
separación forzosa del fin de semana en que ella iba a irse a
Sevilla con su jefe por trabajo. O al menos eso esperaba yo.
Y de nervios porque esa noche íbamos a probar una nueva
experiencia aunque yo aún albergaba la esperanza que Sara
mantuviera su palabra y la cosa no pasara de tomar una copa
y tomar contacto con el lugar, mirar si nos gustaba el
ambiente para volver otro día con más tiempo para disfrutar
con calma de la experiencia.
Pero claro, conociendo a Sara no podía descartar nada. Era
un cúmulo de sorpresas y cuando salía a relucir la Sara
viciosa y desinhibida que llevaba en su interior, aquella que
se dejaba llevar y se entregaba por completo a las situaciones
sexuales con las que se iba encontrando, cualquier cosa
podía pasar.
No tardamos en estar listos y partimos hacia el trabajo, como
no conversando sobre lo sucedido el día anterior y lo que nos
esperaba esa noche.
-¿Estás nervioso cielo? –me preguntó Sara nada más nos
metimos en medio del tráfico de primera hora.
-¿Por qué? ¿Por lo de esta noche? –Pregunté aunque intuía a
qué se refería- ¿por qué debería estarlo? Vamos solo a tomar
una copa ¿no?
-Sí, claro. Esa es la idea pero el otro día fuimos a casa de
Judith a hablar y mira como acabamos… -me recordó ella.
-Eso es verdad aunque tienes que reconocer que eso fue
culpa tuya… -le dije sin rencor alguna.
-Cierto, mea culpa aunque tú bien lo disfrutaste… -me dijo
reconociendo lo innegable- bueno, no creo que ninguno de
los dos tengamos nada que reprocharle a esa velada sino no
estaríamos planeando lo de esta noche…
-De nuevo tienes razón –le dije mientras seguía
conduciendo- mira Sara, no voy a ponerme nervioso por algo
que no sé si va a suceder…
-¿Y si sucede? –me preguntó planteando la posibilidad que
algo pasara.
-Pues ya veremos ¿no? –le dije con sinceridad- no sabemos
con qué nos vamos a encontrar pero, si por alguna
casualidad, surge la oportunidad de hacer alguna cosa ya
decidiremos entonces, entre los dos… porque en esto
estamos los dos juntos…
-Por supuesto, eso siempre –me dijo cogiéndome la mano
libre- nunca podría haber hecho todo esto si tú no estuvieras
a mi lado…
-No estoy muy seguro de ello… -le dije con una sonrisa-
ayer no estaba y bien que pasaste un buen rato con tu
amiga…
-¿Estás enfadado por ello? –Me preguntó algo nerviosa- ayer
pensé que te había gustado que hubiera hecho algo así…
-No estoy enfadado pero reconozco que me hubiera gustado
verlo –contesté yo- menudo espectáculo debió ser…
-Seguro que lo hubieras disfrutado –dijo divertida- y te
prometo que la próxima vez que me enrollé con otra mujer
procuraré que estés delante para verlo.
-Te tomo la palabra –repliqué yo- la verdad es que me
sorprendiste con tu recibimiento…
-¿Te das cuenta de lo mucho que hemos cambiado? –
preguntó ella recordándome los pensamientos que tuve la
pasada noche- no me puedo creer que estemos a punto de
visitar un club de intercambio…
-Lo sé aunque debes reconocer que tú más que yo –le dije
mirándola fijamente- yo tengo la sensación como que voy a
remolque tuyo, intentando seguir tu ritmo…
-¿Te arrepientes de algo? –Me dijo devolviéndome la
mirada- ¿Has hecho algo que no querías hacer con tal de
poder adaptarme a mí, seguir mi ritmo como dices tú?
-No, creo que no aunque quizás lo hubiera hecho de otra
forma –le dije sincerándome- estoy encantado con lo que
estamos haciendo, no quiero que pienses que esto no me
gusta y que lo hago solo por seguir contigo, por complacerte.
He disfrutado de todas las cosas que hemos hecho juntos
pero, quizás, me hubiera gustado hacerlo de forma algo más
lenta y sosegada y, puede, con otra gente…
-Entiendo –dijo quedándose en silencio- si crees que vamos
demasiado deprisa podemos anular lo de esta noche…
-De ninguna manera, ya te he dicho que sí y es que sí –le dije
con firmeza- pero solo una copa y no nos iremos muy
tarde… recuerda que mañana empiezo a trabajar a las seis de
la mañana y en un turno de doce horas…
-De acuerdo… -dijo con una sonrisa y apoyando su cabeza
en mi brazo- te prometo que intentaré portarme bien…
-Como si pudieras –le dije dándole un beso en su cabeza
haciendo que ella riera.
No dio tiempo a más, llegamos al trabajo y nos fuimos cada
uno a su lugar de empleo dispuesto a empezar una nueva
jornada laboral. Como había pensado, el día se hizo largo
pensando en lo que nos esperaba al salir de allí y no había
manera que el tiempo pasara. Al menos ese día no se
produjeron encuentros indeseados ni con Roberto ni con
Daniela, evitando nuevos quebraderos de cabeza.
Al fin llegó la hora de salir y nos reencontramos en la salida,
emprendiendo la vuelta a casa. Nuestra idea era llegar a casa
y echarnos una siesta, dormir algo para poder estar algo más
de tiempo en aquel lugar que hasta las diez de la noche no
abría y no perder horas de sueño que tanto íbamos a
necesitar al día siguiente.
Pusimos el despertador para que nos avisara a las ocho,
dejándonos un par de horas para acicalarnos para acudir a
aquel club e investigar el ambiente que allí había. Por suerte,
conseguimos conciliar el sueño y dormir algo más de dos
horas antes que el despertador sonara haciendo que nos
pusiéramos las pilas, duchándonos y vistiéndonos para
nuestra salida nocturna.
Aunque fuéramos con la idea de tomar solo una copa, los dos
nos vestimos con nuestras mejores galas. Yo con unos
tejanos ajustados y una camisa negra de manga corta que me
quedaba como un guante y Sara, bueno ella estaba
espectacular, como siempre. Para esa noche escogió un
vestido negro de tirantes, de tela ligera y con poco escote
aunque con su espalda al descubierto, haciendo que hubiera
optado por no llevar sujetador y sus pechos se insinuaban de
forma sugerente a pesar de la falta de escote. Y para
completar la estampa, unos tacones altos que realzaban sus
piernas y trasero. El pelo recogido y una fina capa de
maquillaje completaban la imagen espectacular de mi mujer.
-Joder Sara –dije admirando su belleza- así va a ser
imposible solo tomar una copa… todos los tíos van a querer
follarte…
Ella sonrió halagada por mis palabras y me dio un rápido
beso por miedo a estropear su maquillaje.
-Tú tampoco estás nada mal… -me dijo observándome
fijamente- mejor ábrete un poco la camisa y que se note el
esfuerzo del gimnasio, cariño… quiero que todas esas
mujeres sepan el pedazo de marido que tengo…
Hice lo que me había pedido y ella sonrió satisfecha con el
resultado. Ya casi era la hora y nos dimos prisa en ir a buscar
el coche con la intención de acudir al club a investigar un
poco, satisfacer nuestra curiosidad.
Continuará…