Madrugada XI

Madrugada XI

Canal Revista Alma Mater

Por: Mario Almeida.

Oncena madrugada. Ochenta y ocho minutos.

Todos arriba, frente al televisor. No aguanté más. Agarré la jarra como quien tiene sed y vine a sentarme a la cisterna.

No es buen sitio. Los mosquitos, mi sombra desarreglada, el perro que acaba de olvidar mi presencia, el sonido distante de un chorro de agua a presión, el eco mudo de la noche sin viento, sin luna, azulada, vacía; otra vez la sombra peluda que me mira, el perro que me redescubre y vuelve a ladrar, que se acerca y ladra más alto, que se extraña y no concibe que, después de poco más de un mes, haya alguien sentado de nuevo en este quicio de cemento que pincha tanto las nalgas como lo hace la impotencia.

Estoy de vuelta en la sala. Una con cuarenta y ocho. Bugs Bunny, desde la caja tonta, trata de meterme otro mundo por los oídos y los ojos. Me asquea.

Marcos está rendido sobre un colchón en el suelo. Tal vez ahí amanezca. Mallorys, como en penitencia, navega sentada contra una esquina del balcón. “Tal vez ahorita se levante”, pienso. Camilo anuncia partir hacia su apartamento y balbucea alguna somnolencia. Lo despiden.

Daniela yace de lado en su butaca de turno. Las piernas le escurren por el brazo izquierdo, cubierto de vinil blanco sucio, y la cabeza reposa en la intersección del derecho con el espaldar. Daniela ha cerrado los ojos. El pato Lucas habla.

Josué ríe. Mira al teléfono y al televisor alternativamente. Recuesta la nuca sobre sus muñecas cruzadas mientras sostiene un pomo con agua y cloro. Se levanta, camina, pregunta por el control y toma asiento en otra butaca, al lado mío. 

Contrario a la cisterna, este lugar casi se me antoja el paraíso. Por eso bajé hace un rato: a pensar en fantasmas, penumbras, soledades; a ser carne de mosquitos, monstruo para gatos; a intentar, de alguna forma, desencantarme de esta gente que la vida me puso cerca y que, de cualquier manera, en pocos días, me los va a quitar, quizás, para siempre. 

Dos con veinte. Poca batería. Madrugada perra. Ni siquiera ladra.

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