Matrimonio Timidez Perversión 64

Matrimonio Timidez Perversión 64

@RelatosEroticosDRK


Capítulo (64)


No quise darle más importancia ni calentarme más la cabeza. Él estaba claro que iba a aquel viaje con la intención de follarse a mi mujer. Y yo tenía la esperanza que, entre el trabajo y estar con el cliente al que iban a visitar, y el ir al viaje bien follada gracia al intercambio que íbamos a hacer la noche anterior, que no tuviera ninguna oportunidad de hacerlo. Tenía cierta gracia que, para evitar que un hombre se follara a mi esposa, la entregara a otro para que la saciara.


Dejé de lado el tema y me volqué en mi jornada laboral, liberando mi mente de todos aquellos pensamientos. El día pasó sin más sobresaltos y cuando quise darme cuenta, ya era la hora de salir del trabajo, ir al encuentro de Sara e ir juntos al gimnasio. Nos encontramos en el hall del edificio y salimos de allí como una pareja de recién enamorados, caminando juntos al gimnasio donde íbamos a encontrarnos con la otra pareja. No sabía cómo iba a ser el encuentro. Una cosa era fantasear y otra muy distinta estar delante del hombre que se iba a follar a mi mujer y la mujer con que iba a hacerlo yo. Nos cambiamos y nos adentramos en la sala, encontrándonos casi al instante a Judith que vino a nuestro encuentro a saludarnos. Nos saludó como siempre, aunque el brillo en sus ojos y la forma en que me miraba, me dejó claro en qué estaba pensando cuando fijaba su mirada en mí. Y cuando apareció Rubén, tres cuartos de lo mismo, nos saludó como hacía habitualmente, aunque no me pasó desapercibido el cruce de miradas entre ellos dos, cargadas de deseo que se palpaban en el aire. Y como si fuera lo más natural del mundo, cambiamos de pareja para aquella sesión. Judith se pegó a mí y el monitor a Sara, no tardando en aparecer los primeros roces no tan fortuitos entre las dos parejas. Sabía que no iba a pasar nada, pero no podía evitar mirar de vez en cuando a aquellos para ver cómo discurría la cosa, como también hacía Sara para comprobar qué tal me iba a mí. El tiempo pasó rápidamente y nos dirigimos a las duchas para cambiarnos e irnos para casa. -Carlos –me giré al sentir a Rubén llamarme en el vestuario. Como siempre, desnudo, el agua cayendo por su cuerpo fibrado y su miembro oscilando ante mi vista- me alegro de que hayas aceptado la propuesta. Ya verás que bien lo vamos a pasar los cuatro… -Ya, espero que sí… aunque estoy algo nervioso… -le dije. -Normal, pero ya verás como va todo bien y recordarás toda tu vida esta experiencia –me dijo alegre- es como volver a perder la virginidad. -Eso espero… -Sí, tú tranquilo y déjate llevar –me dijo intentando darme ánimos- que te parece si vamos a casa de Judith los cuatro y hablamos sobre los detalles… Lo último lo dijo bajando la voz ya que había entrado gente en el vestuario y no queríamos que nos escucharan hablar allí de aquello. Yo solo afirmé aceptando su propuesta, pareciéndome bien su plan aunque estaba seguro que las chicas ya habrían hablado largo y tendido sobre aquello y que nosotros poco tendríamos que decir. Como sospechaba, cuando salieron las chicas nos comentaron de quedar para hablar del tema y nosotros no pudimos evitar reírnos, uniéndose ellas al saber que nosotros también habíamos quedado. Salimos los cuatro juntos y nos dirigimos a casa de Judith. Tuve una sensación extraña cuando entré en aquel piso. Aun recordaba la única vez que había estado allí, la vez que los había pillado en la cama follando… parecía que hacía una eternidad de aquello. -¿Recordando viejos tiempos? –me preguntó Sara que me conocía muy bien. -Como lo sabes… me parece tan lejano todo… -le dije. -Lo sé, han cambiado tantas cosas en tan poco tiempo que parece todo tan irreal…-dijo con melancolía. -¿Te gustaría volver atrás? –le pregunté. -Para nada –dijo con rotundidad- siempre que estés a mi lado nada más me importa… Qué decir a eso. Nos besamos y no paramos hasta que fuimos conscientes que los otros dos nos miraban con detenimiento y Judith nos soltó jocosa un “iros a un hotel, salidos”. Nos reímos también y nos sentamos en uno de los sofás de su casa, Sara y yo en uno de ellos y Rubén y Judith en el otro casi enfrente nuestro. -Sara me ha comentado lo de su viaje y que tú trabajas todo el fin de semana –empezó Judith- me ha propuesto quedar el viernes, venir a casa cuando salgáis del trabajo ya con las maletas y todo y, bueno… ya sabéis… -Follar –dije yo provocando la risa de Sara, recordando lo sucedido en nuestra casa esa misma mañana. -Eso es –dijo divertida Judith- no me atrevía a decirlo por no molestaros pero sí, a follar como animales jajaja. -Hala, mira que eres mal hablada –le soltó picándola Sara. -Pues espera que Rubén te ensarté en su pollón y verás lo que sale por tu boca, guapa –le respondió su amiga. Ambas estallaron a reír y nosotros las miramos divertidos por sus bromas. Si en algún momento pensé que aquel encuentro iba a ser tenso estaba claro que me había equivocado. Todos nos comportábamos como si aquello fuera lo más normal del mundo. -Bueno –dijo interviniendo Rubén- por mí no hay ningún problema. -Por mí tampoco –dijo Judith tomando las riendas de nuevoy, sabiendo que la propuesta a partido de Sara, entiendo que por la vuestra tampoco… Los dos negamos cualquier inconveniente y sellamos definitivamente el encuentro para el viernes por la tardenoche. -Quiero que os quede claro chicos que, si por alguna razón os arrepentís u os queréis echar atrás, no pasa nada… es normal tener dudas las primeras veces y no os queremos forzar a hacer algo para lo que no estéis preparados –dijo Judith- incluso, si estando en faena, no lo veis claro lo decís y ya está… Sara y yo nos miramos y nos pareció bien lo que había expuesto. Era un alivio saber que nos podíamos echar atrás en cualquier momento y no crear malos rollos entre nosotros. -Perfecto –dijo ella entendiendo que estábamos de acuerdopor cierto, ¿queráis algo de picar? Es que tanto hablar de sexo me ha dado hambre… -Serás guarra… a saber qué es lo que te comerías… -le soltó mi mujer estallando a reír. -Cómo me conoces… -dijo levantándose y viniendo a mi encuentro- anda, ven y échame una mano en la cocina… -O las dos –sentí a mi espalda a mi esposa riendo de nuevo mientras yo iba a la cocina cogido de la mano de Judith. En cuanto entramos, Judith se giró quedando frente a mí y con una cara de vicio que daba miedo, haciéndome retroceder hasta que quedé acorralado contra la encimera. -Por fin solos –dijo ella mientras se acercaba con aviesas intenciones y yo no sabía a qué venía todo aquello- no te preocupes, esto es solo para romper el hielo… Y me besó. Lo hizo con una intensidad que delataba las ganas que tenía de hacerlo, lo mucho que lo deseaba y provocando encenderme a mí que le devolví el beso, enzarzándonos en una batalla donde labios, lengua y dientes chocaban los unos con los otros. Pegó su cuerpo al mío, notando sus pechos firmes apretados contra mi torso, descubriendo como sus pezones se endurecían con nuestro contacto, su pubis rozando mi entrepierna que crecía bajo su influjo. No entendía nada pero me gustaba, lo disfrutaba e hice lo que tanto tiempo llevaba esperando. Bajar mis manos y tocar aquella maravilla de culo que, aprisionado bajo las mallas que llevaba, palpé con gusto. Aun así, cegado como estaba por la lujuria, tuve un destello de lucidez y me acordé que en la otra habitación nos esperaban mi mujer y Rubén y, haciendo acopio de toda mi fuerza de voluntad, conseguí separar de mis labios a una ardiente Judith. -¿A qué viene esto? ¿No íbamos a preparar algo para picar? Nos deben estar esperando… -dije como pude. -Relájate y disfruta, Carlos –me dijo ella sin separarse de mí y con sus manos bajando hasta posarse en mis nalgas- era solo una excusa para quedarnos a solas y ellos dos lo saben, ya estaban avisados… lo solemos hacer para romper el hielo, preparar el terreno y que la primera vez sea menos difícil para todos… Continuará…

Report Page