Londres

Londres

Elena de Troya sin H
"Londres". Libro de Virginia Woolf.

En Londres, Virginia Woolf nos revela la parte más íntima de la ciudad a la que amaba, la que subyace bajo su característico frenesí industrial.

Como punto de partida, V.W. toma la casa de la Sra. Crowe, que se configura como un templo de sabiduría popular en el que personas de etiqueta (y también sin ella) se reúnen para conversar sobre los últimos chismes londinenses. La Sra. Crowe no tarda en incluir todos estos cotilleos en su saber y en complementarlos con aquellas anécdotas que aún perviven en su memoria desde hace más de cincuenta años.

Aunque algunos de sus invitados pueden disfrutar de su compañía en la hora del almuerzo, la mayoría lo hace en la hora del té y sólo unos pocos, entre ellos el Sr. Graham, la acompañan en la cena.

Hablar con la Sra. Crowe es revisar las hojas de una revista en la que Londres es la protagonista, y el escenario, las casas particulares: dulces moradas de ingleses cuyo acento puede adquirir desde la refinada dicción de la Sra. Crowe hasta la mayor osadía del cockney del East End.

Para entrar al Londres de V.W. es necesario surcar el Támesis. En los muelles del puerto, los barcos echan sus anclas, mientras que en los márgenes del río se asientan los tinglados. Las barcas transportan los residuos de la ciudad, que contrastan con el verde natural de los campos, tachonados por alguna que otra construcción que, como el Greenwich Hospital, se alza soberanamente regia en un entorno en el que se alternan las fábricas: lugares más austeros de los que sale la materia prima con la que se confeccionarán futuros abrigos y paraguas.

Entre las sobrias paredes de estas mismas factorías, se almacena también el vino, que se sirve ya listo para quienes gustan del jugo de la vid. Sólo cuando uno se aproxima al Puente de la Torre, advierte que son las modas de los "citizens" las que determinan qué entra y qué sale en cada barco

También cuna de grandes mentes, en Londres, Carlyle y John Keats exponen sus respectivas personalidades ante la curiosa mirada del inquilino lector, que irrumpe en sus hogares gracias a la pluma de Virginia Woolf.

Opinión personal

Esta es la primera obra que leo de Virginia Woolf. Durante mucho tiempo, a pesar de ser una autora que me atraía bastante, algo hacía que no me decidiese a acercarme a su prosa. Creo que esperaba una escritura recargada, sumamente técnica y nada envolvente. ¡Vaya!, poco placentera. Por este motivo me ha gustado tanto Londres, precisamente por ser un libro cortito que no cumple en nada con ninguna de las características negativas que temía que pudiera tener Virginia Woolf como mujer intelectual.

Me encanta la atmósfera tan doméstica con la que arranca la novela. Le he cogido especial cariño a la señora Crowe. Ver Londres desde la perspectiva de Virginia Woolf es muy gratificante, especialmente si se puede contrastar con el Londres que describía Charles Dickens en novelas como Grandes esperanzas, en la que la metrópolis adopta un carácter poco atractivo, frío y solitario: nada que ver con lo que Virginia nos presenta en esta colección de artículos que escribió y publicó en Good Housekeeping.

Su libro es un ejemplo de la clase de literatura que podía esperarse fácilmente en una revista de su época. Calidad literaria incluso en las revistas... ¡Qué maravilla! Algo que no es frecuente hoy día y, sin embargo, antaño era más común (al menos, así lo parece).

Aunque (por el momento) no he leído nada más de ella, me atrevo a decir que Londres debería ser la puerta de entrada al mundo de Virginia Woolf, al menos para quienes, como yo, hayan sido (o sigan siendo) recelosos de su prosa. La principal razón para creer esto fervientemente es que Londres es una muestra pequeña, pero muy satisfactoria, de su estilo de escritura, que es tan envolvente como la acogedora sala de la portada que acompaña a esta reseña troyana. Además, ya se dice que para muestra vale un botón.

En definitiva, creo que esta breve novela es una buena manera de aproximarse a ella y a su obra. Y te animo a que así lo hagas, porque no defrauda. La lectura es deliciosa y exquisita.

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[...] decía Cervantes: saber sentir es saber decir. Palabras de Luis Landero en su libro El huerto de Emerson.

Yo espero haber sabido decir lo que el libro me ha hecho sentir. Muchas gracias, como siempre, por haber leído esta reseña troyana. ¡Nos vemos en la próxima!

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