Llegando a nuevos niveles
Fernando Alexis Jiménez | Misión Edificando Familias Sólidas | @Conexión365Lo más extraño, quizá, era la forma en que caminaba… algo pasó en el desierto que dejó una marca sobre ella por el resto de su vida. Era una marca interior y secreta, nadie hubiera notado la diferencia… un profundo cambio se llevó a cabo en su interior, lo cual indicaba una nueva etapa en su vida.
Hannah Hurnard, escritora cristiana (1905-1990) – Libro “Pies de ciervas en los lugares altos”

Dios nos lleva a través de desiertos. A todos. En lo personal, lo espiritual y, por supuesto, lo económico.
A veces experimentamos muchas necesidades, pero llega el momento en que el Señor nos lleva a nuevos niveles.
La manera en que valoramos lo que atesoramos revela quiénes somos y lo que tenemos en alta estima.
La pregunta es:
¿qué es lo que más atesoramos?
No importa cómo adquiramos nuestras posesiones —trabajando, invirtiendo, ahorrando o recibiendo regalos— la perspectiva correcta sobre el dinero y la propiedad es que el Señor es el dueño de todo. Nosotros somos solo los administradores.
Otra forma de pensar en sus recursos es verlos como una manera de responder a las necesidades de las personas y un medio para servir al reino de Dios (Efesios 4.28; Malaquías 3.10).
Cuando damos a otros o al trabajo del reino, estamos transfiriendo de inmediato nuestro tesoro de la Tierra al cielo.
Las bendiciones del Señor nos ayudan a cumplir las metas que Él nos da.
Al andar en su voluntad y presentar nuestras peticiones, nuestras preferencias se alinean con sus deseos, confirmando que invertir nuestros recursos en esas áreas cuenta con su aprobación.
Consideremos siempre el valor eterno de nuestras metas.
La conclusión es que debemos confiar en el Señor con cada pizca de nuestro tiempo, capacidades y lo más valioso que tengamos porque Él los usará para lograr cosas verdaderamente asombrosas.
No podría despedirme sin hablarle de la GRACIA de Dios.
Por GRACIA recibimos perdón de todos nuestros pecados. De todos.
Jesús pagó en la cruz por nuestra maldad y con su sacrificio, nos limpió de toda maldad.
Su sangre preciosa nos limpió y presentó santos y justos delante del Padre.
Una obra maravillosa que nos cubre a todos.
Ábrale las puertas de su corazón a Jesucristo.
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