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Cimarronas
El 23 de julio del 2000, moría Carmen Martín Gaite, con un diagnóstico de cáncer.
Nacida el 8 de diciembre de 1925 en Salamanca. No fue a la escuela por causa de la guerra, durante la cual, su hermano fue fusilado. Sus padres la educaron en casa. Carmen finalmente cursó bachillerato en un Instituto femenino y posteriormente Filosofía y Letras en la Universidad de Salamanca. Allí, colaboró en la revista "Trabajos y días", donde aparecieron sus primeros poemas, e hizo teatro universitario.
En 1950 se trasladó a vivir a Madrid y se casó con el escritor Rafael Sánchez Ferlosio en 1954, con quien tuvo su primer hijo, Miguel, que murió de meningitis en mayo del año siguiente, y otra hija, Marta, nacida en 1956, que moriría en 1984.
Escritora polifacética, magnífica ensayista e investigadora y una buena traductora de literatos como Rainer Maria Rilke, Italo Svevo, Gustave Flaubert, Primo Levi y Emily Brontë, entre otros, durante años trabajó como crítica literaria en uno de los periódicos de la capital, Diario 16. Trabajó también para la televisión en los guiones de una serie sobre la figura de Santa Teresa de Jesús que escribió en 1982 en colaboración con el profesor Víctor García de la Concha; para este mismo medio escribió en 1989 los guiones de Celia, serie que se estrenó en 1993, y que estaba basada en los cuentos para niños de Elena Fortún.
Entre sus trabajos de investigación histórica cabe citar "El proceso de Macanaz, historia de un empapelamiento" (1970), "Usos amorosos del dieciocho en España" (1972), "El Conde de Guadalhorce, su época y su labor" (1977) y "Usos amorosos de la posguerra española" (1987), que fue galardonada con el Premio Anagrama de Ensayo y Libro de Oro de los Libreros Españoles, y se convirtió en el libro más vendido del año. En la obra, Martín Gaite hace un análisis de comportamientos y expresiones semánticas para reflejar la intrahistoria de la época comprendida entre 1939 y 1953.
Además del Premio Nadal, que la lanzó a la fama, obtuvo numerosos reconocimientos y galardones: el Premio Nacional de Literatura en 1978 y en 1994 (fue la primera mujer que mereció el premio), el Príncipe de Asturias de las Letras en 1988 (compartido con José Ángel Valente) y el Premio Castilla y León de las Letras en 1992, entre otros.
Integrante de la llamada Generación del 50 o del Medio Siglo, sus narraciones se centraron en recuerdos de personajes femeninos. Obtuvo el premio Nadal con su primera novela, "Entre visillos" (1958), en la que refleja, empleando una técnica neorrealista, la anodina existencia de una serie de muchachas en el marco de una ciudad de provincias. Posteriormente se distanció de esta visión testimonial, propia de la época, con "Ritmo lento" (1963), donde priman los aspectos introspectivos y de comunicación interpersonal. "Retahílas" (1974), acaso su principal novela, supuso una profundización en esta problemática, a la que se añade una reflexión sobre el propio hecho narrativo.
A partir de entonces su obra se centró en el análisis psicológico de las protagonistas, que repasan su vida y se enfrentan a los fantasmas del pasado. Así ocurre en "Fragmentos de interior" (1976), sobre una familia de clase media en el Madrid de la década de 1960; "El cuarto de atrás" (1978), cuyo personaje principal es una escritora que recibe la visita de un misterioso desconocido; "Nubosidad variable" (1992), que cuenta la trayectoria profesional y vital de dos escritoras; "Lo raro es vivir" (1995), rememoración del pasado de una mujer, e "Irse de casa" (1998), nueva evocación de los recuerdos de un personaje femenino.
Su novela "Caperucita en Manhattan" se convirtió en el libro más vendido del año 1991; Gaite hacía en esta obra una mixtura entre literatura fantástica, sueño y realidad y el cuento de hadas. No fue la única obra en esta línea; en 1994 editó otra novela, "La reina de las nieves", escrita como homenaje a Hans Christian Andersen y en memoria de su hija.
Del resto de su producción cabe mencionar los relatos de "El balneario" (1955, premio Café Gijón) y "Las ataduras" (1960), el poemario "A rachas" (1976) y los cuentos infantiles "El castillo de las tres murallas" (1981) y "El pastel del diablo" (1985). Cultivó el ensayo en dos vertientes: una histórica y sociológica, a la que pertenecen los trabajos antes citados, y otra que obedece a su voluntad de desentrañar los mecanismos propios de su oficio, con obras como "La búsqueda de interlocutor" (1973) y "El cuento de nunca acabar" (1983).