Leal

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Capítulo Cincuenta y tres

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CAPÍTULO CINCUENTA Y TRES

TOBIAS

Pero esa no era la primera vez que la veía. Ya la había visto por los pasillos del instituto, durante el falso funeral de mi madre y caminando por las aceras del sector abnegado. La veía sin verla; nadie vio cómo era de verdad hasta que saltó.

Supongo que un fuego que arde con tanta fuerza no puede durar.

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