Las mentiras de Locke Lamora

Las mentiras de Locke Lamora


Libro III » Capítulo 10 » 6

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Sin decir palabra, Locke golpeó con la bola de una de sus hachas la rodilla derecha del sicario. Otro golpe rápido le rompió la rótula de la pierna izquierda, y entonces el asesino se hizo un ovillo para protegerse de los demás golpes que iban a caer… pero no cayó ninguno.

—Cuando veas al Guardián Avieso —dijo Locke, retorciendo algo entre sus manos—, dile que Locke Lamora aprende muy despacio, pero bien. Y cuando veas a mis amigos, diles que van de camino más de los tuyos.

Abrió las manos y dejó caer un objeto; era un trozo de cuerda de nudos de color gris carbón, con filamentos blancos que salían de uno de sus extremos.

Una cerilla alquímica de torsión: cuando los filamentos blancos quedaban expuestos al aire durante sólo unos segundos, producían la ignición de la cuerda más gruesa que los envolvía, la cual ardía durante más tiempo. Cayó en el borde de un charco de aceite de lámparas.

Locke y Jean salieron por detrás de la cortina y subieron hasta el viejo templo, dejando que las puertas se cerraran tras ellos con estruendo.

En la madriguera de cristal que se encontraba bajo ellos, las llamas comenzaron a subir.

Primero las llamas, y luego los gritos.

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