Las gracias

Las gracias

Canal Revista Alma Mater

Para Mallorys, los tomates son redondos; según Marcos, elipsoides; de acuerdo con Camilio, “podría decirse que esféricos”, Josué argumenta que cosas rarísimas o geoides, si lo comparas con la Tierra y, de guiarnos por Daniela, llegaríamos a la conclusión de que resultan “tomáticos”. Sin embargo, después de tanta col y remolacha, el tomate alcanza la calificación de milagro por estos lares.

“Teorizo” al respecto porque hoy, cuando terminábamos de repartir el almuerzo, Fredy apareció con una caja llena del vegetal en cuestión y otra con mangos. Nos aclaró que era un regalo y fuimos “en pandilla” hasta la valla con las manos desiertas y un “gracias” del tamaño de estos dos bloques de prefabricado saliéndonos por la boca.

Ahí estaba Joaquín —agricultor, más de sesenta, rubio, gorra, trajes desgastados por años de trabajo duro— junto a una carretilla poco convencional que le sirvió para venir con los dos cajones desde su finca. De manera fugaz, como suele ser todo por acá, nos explicó que ayer supo que estábamos aquí gracias a la televisión y vino a traer lo que pudo. 

—Mi kiosco es el de frente a la parada de la A-58, aquí en el Bahía, aclaró. 

—No, ellos no saben porque son de la Universidad, dijo Fredy. 

—Sí—, insistió Joaquín, en alusión a los becados habituales —los de la Universidad siempre pasan.

A la hora de la comida, todos nos pusimos en función de picar los vegetales. Llevamos nuestros propios cuchillos y, de algún, lado apareció aceite y sal. Logramos llenar un vaso desechable para cada paciente, médico, enfermero, técnico y hasta para nosotros mismos. 

Fue una fiesta preparar todo aquello y jolgorio también las caras de Jésica, Jennifer, Irma, Michel y Mayelín, los vigilantes de escalera en turno, encargados de recepcionar todo aquello y entregarlo personalmente a los internos.

Por la parte de los mangos, apenas alcanzaron para los pacientes y el personal sanitario de guardia. Nos sentimos —sin mangos— satisfechos de que el trabajo hubiese sido más en equipo que nunca, más rápido incluso, y de imaginar también un buen comienzo de noche para los pacientes, matizado por el congrí, el pollo y la clásica col, además de los ya alabados presentes de Joaquín.

Otra técnica innovadora del día fue esterilizar hasta el cansancio pomos de agua congelados e introducirlos en los termos del jugo, para que, cuando el compuesto de mermelada y agua llegase a nuestros destinatarios, no estuviese, como casi siempre, caliente. El proceso fue evaluado y validado por dos químicos, un físico, un biólogo, una filóloga y Alexis, que es graduado de Historia.

Quizás mañana alguno se queje porque sus tomates no tenían mucha sal, el mango que le tocó carecía del tamaño mínimo indispensable para sus estándares, el arroz estuviese tibio o, sencillamente, porque no puede permitir que pase un día sin que su opinión punzante se escuche… aprenderemos.

Sin embargo, tal vez gracias a Joaquín, voy curado. 

Por unos días, mientras no tenga con qué acabar con ellas, ignoraré las miserias del alma, las abandonaré a su suerte, las dejaré solas. ¡No a los miserables!, a esos no. Pero, insisto, sí a sus miserias. A simple vista no puede verse quién las lleva y, por tanto, tenemos que abrazar a todos por igual y sonreír por cada agradecido que salte.

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