Las doce moradas del viento

Las doce moradas del viento


14. El campo de visión

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—No un dios. Dios; el único Dios verdadero inmanente a todas las cosas. En todas partes, eternamente. He aprendido a ver a Dios.

Todo lo que tengo que hacer es abrir los ojos y veo el Rostro de Dios. Y daría mi vida entera únicamente por volver a ver un rostro humano, por ver un árbol, un solo árbol, una silla, una silla de madera, normal y corriente. Pueden quedarse con su Dios, pueden quedarse con su Luz. Yo quiero que me devuelvan mi Mundo. Quiero preguntas, no respuesta. Quiero que me devuelvan mi propia vida, y mi propia muerte.

Por recomendación del Ejército, el psiquiatra que relevó a Shapir en el caso de Hughes fue despedido, y Hughes fue trasladado a un hospital militar para perturbados mentales. Como era un paciente por lo general tranquilo y cooperativo, no se le mantenía bajo estricta vigilancia, y por desgracia, tras once meses de internamiento, llevó a cabo con éxito una tentativa de suicidio, al cortarse las venas con el mango de una cuchara que había robado del comedor y que había logrado afilar frotándola contra los hierros de la cama. Resulta un hecho interesante el que Hughes se suicidara el día en que la misión Psyche XV emprendía su camino a la Tierra desde Marte, trayendo consigo los documentos y grabaciones que, una vez interpretados por el Primer Apóstol, forman hoy los primeros capítulos de la Revelación de los Antiguos, los textos sagrados de la santa y universal Iglesia de Dios, portadora de la luz a los paganos, único vehículo de la Verdad Una y Eterna.

Oh, insensatos (dije), preferir así la noche obscura a la luz…

Pero mientras censuraba de este modo su locura uno dijo así:

Este anillo lo trajo el novio solo para su amada.

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