La melodía de la lavanda
Juan Mt
Este cortometraje estará basado en una historia breve, tan breve como el sonido de la primera gota de lluvia entre el polvo seco. Se decidió que sería corto para no aburrir al público local, aquellos visitantes de ocasión.
La historia comienza un día como lo son todos: llenos de murmullos, repiqueteos, pasos apresurados y con gente llegando tarde a donde no quieren ir.
Me había levantado con el sol en la cara y estaba de mal humor. Salí a revisar que mi huerto estuviera en orden pues la noche había sido incesantemente lluviosa. Con mis manos, y agachado, removía una roca aquí, acomodaba una planta allá, llenaba macetas con tierra y poco a poco me perdía con ese vaivén de fragancias y texturas que recorrían desde mi piel hasta lo más profundo de mi conciencia.
Una voz rompió el trance glorioso de la mañana. Me dio vértigo levantar la cara. El camino que mis ojos escogieron pasó por un par de tobillos, una falda de otros tiempos, unas caderas fabulosas y ahí me detuve. Mi guardia había estado baja, regresé por ese mismo camino y lo evité. Fui directo a los ojos -mejor me hubiera quedado viendo el suelo- pensé.
Ella había vuelto, no era tiempo según mi memoria pero estaba ahí como cada diez años. Me extendió su mano, se invitó a que la besara como era la vieja costumbre y atravesó el portoncito de madera que separaba mi casa de la calle.
Al entrar a mi casa se instaló en la salita. No portaba más que un bolso. Me dijo en tono suave -¿café?- y yo ya estaba queriendo tenerlo listo. Después de prepararle su café, ella lo sorbió despacio. A media taza lo puso sobre la mesa y sacó unos papeles del bolso y se puso a leer.
- Zacatlán, abril de 1989. Citlaltzin de luz azul. Ahora que te vas y que te apagas como una vela consumida, que sea mi deseo que vuelvas a mí cada cierto tiempo, cada cierto clima, cada ciertos pasos en tu historia. Que también sea mi deseo que nunca dejes de existir. Tus lavandas solo saben de tus manos y sin ti morirán. Con la melodía de la nostalgia, el flechador del cielo.-
Cuando terminó de leer, se levantó tomando la taza de café con sus dos manos, me miró y me dijo -ya deberías saberlo-.
Xalapa, Ver. a 21 de julio 2021.