La luz que no puedes ver

La luz que no puedes ver


Diez: 12 de agosto de 1944 » Música (3)

Página 169 de 197

MÚSICA (3)

Las hijas de Von Rumpel eran pequeños e inquietos bebés gordos, ¿no es así? Las dos estaban siempre enredadas en las sábanas agitando sus sonajeros o con sus chupetes en la boca. ¿Qué os torturaba tanto, pequeños ángeles? ¡Y cómo crecieron a pesar de sus ausencias! Sabían cantar, sobre todo Veronika. Puede que no merecieran ser famosas pero al menos cantaban lo bastante bien como para agradar a su padre. Llevaban altas botas de fieltro y esos espantosos vestidos sin forma que su madre les hacía con prímulas y margaritas entrelazadas en los cuellos. Cantaban canciones que eran demasiado jóvenes para entender.

Los hombres me rodean

como las polillas a la llama,

si sus alas se queman

no será culpa mía.

En lo que podía ser tanto un recuerdo como un sueño, Von Rumpel contempla a Veronika, la más madrugadora, arrodillada en el suelo de la habitación de Marie-Laure en la oscuridad previa al amanecer. Juega con una muñeca que lleva un camisón blanco y otra con un traje gris por las calles de la maqueta de la ciudad. Giran a la izquierda, luego a la derecha, hasta que llegan a los escalones de la catedral donde les espera una tercera muñeca vestida de negro y con un brazo alzado. No sabría decir si se trata de una boda o de un sacrificio. Veronika canta tan suavemente que no puede oír la letra, solo la melodía. No parece tanto una voz humana como unas notas tocadas en un piano. Las muñecas bailan balanceándose de un pie a otro.

La música se detiene y Veronika se desvanece. Él se sienta. La maqueta que hay a los pies de la cama sangra y arreglarla llevaría demasiado tiempo. En algún lugar sobre su cabeza la voz de un hombre joven comienza a hablar sobre carbón en francés.

Ir a la siguiente página

Report Page