La luz que no puedes ver

La luz que no puedes ver


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PERDERSE

Puede que el viejo guía estuviera mal de la cabeza. Puede que el Mar de Llamas nunca haya existido, que las maldiciones no sean reales, que su padre tenga razón: la Tierra no es más que magma, placas continentales y océanos. Tiempo y gravedad. Las piedras no son más que piedras, la lluvia no es más que lluvia y la desgracia es solo mala suerte.

Por las noches su padre empieza a regresar al despacho un poco antes. No tarda en volver a llevar a Marie-Laure a sus recados, le reprocha las montañas de azúcar que se echa en el café y discute con los vigilantes sobre la superioridad de su marca de cigarrillos. Nadie va a exhibir ninguna piedra preciosa. Dejan de llover plagas sobre los empleados del museo, Marie-Laure no sucumbe ante ninguna mordedura de serpiente ni se cae por ninguna alcantarilla rompiéndose la espalda.

La mañana de su undécimo cumpleaños se despierta y encuentra dos paquetes en el lugar en el que suele estar el azucarero. El primero es un cubo de madera barnizada construido con paneles deslizantes. Consigue abrirlo en trece movimientos y descubre la secuencia en menos de cinco minutos.

—¡Dios santo —dice su padre—, eres una ladrona de cajas fuertes!

Dentro de la caja hay dos bombones Barnier. Los desenvuelve y se los mete en la boca a la vez.

En el interior del segundo paquete hay un grueso ejemplar de páginas en braille; el texto de la cubierta dice: Veinte. Mil. Leguas. De. Viaje. Submarino.

—El librero me dijo que son dos partes, esta es solo la primera. He pensado que el año próximo, si conseguimos ahorrar un poco, podremos comprar el segundo…

Lo empieza al instante. El narrador es un famoso biólogo marino llamado Pierre Aronnax, ¡y trabaja en el mismo museo que su padre! El hombre descubre que todos los barcos del mundo se están hundiendo uno tras otro. Después de una expedición científica en América, Aronnax investiga la naturaleza de esos accidentes. ¿Podría ser la causa un arrecife móvil? ¿Un gigantesco narval cornudo? ¿Un mítico monstruo marino?

«No, me estoy dejando llevar por ensueños que debería desechar», escribe Aronnax. «Ya basta de fantasías».

Marie-Laure se pasa el día leyendo tumbada boca abajo. La lógica, la razón y la ciencia pura son las tres vías apropiadas, insiste Aronnax, para aproximarse al misterio. Nada de fábulas ni cuentos de hadas. Sus dedos caminan sobre la cuerda floja de las frases mientras en su imaginación pasea por la cubierta de la veloz fragata llamada Abraham Lincoln. Observa cómo retrocede la ciudad de Nueva York, cómo se despiden de ella las fortalezas de Nueva Jersey con cañonazos y cómo las boyas del canal suben y bajan con el oleaje. Pasa un buque faro con dos balizas idénticas mientras América se desvanece. A lo lejos aguardan las brillantes planicies del Atlántico.

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