La luz que no puedes ver

La luz que no puedes ver


Agradecimientos

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AGRADECIMIENTOS

Estoy en deuda con la American Academy de Roma, con la Idaho Commission on the Arts y con la John Simon Guggenheim Memorial Foundation. Gracias a Francis Geffard por haberme llevado por primera vez a Saint-Malo. Gracias a Binky Urban y Clare Reihill por vuestro entusiasmo y confianza. Y gracias especialmente a Nan Graham, por esperar una década y haber entregado a este libro su corazón y su pluma durante tantas horas.

También debo un agradecimiento a los libros And There Was Light, de Jacques Lusseyran, Kaputt, de Curzio Malaparte, The Ogre, de Michel Tournier, y Surely You’re Joking, Mr. Feynman!, de Richard Feynman («¡Arregla radios con el pensamiento!»); a Cort Conley, por mantener un flujo constante de información especializada en mi correo; a los primeros lectores Hal y Jacque Eastman, Matt Crosby, Jessica Sachse, Megan Tweedy, Jon Silverman, Steve Smith, Stefani Nellen, Chris Doerr, Mark Doerr, Dick Doerr, Michèle Mourembles, Kara Watson, Cheston Knapp, Meg Storey y Emily Forland; y sobre todo a mi madre, Marilyn Doerr, que fue mi doctor Geffard, mi Julio Verne.

Mi mayor agradecimiento es para Owen y Henry, quienes han vivido durante toda su vida con este libro, y para Shauna, sin quien estas páginas jamás habrían existido y de quien dependen todas las cosas.

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