La luz que no puedes ver
Siete: Agosto de 1942 » Veinte mil leguas de viaje submarino
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VEINTE MIL LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO
Sobre el suelo, a la salida del dormitorio de Marie, espera algo muy grande envuelto en papel de periódico y atado con un cordel. Etienne dice desde la escalera:
—Felices dieciséis años.
Ella rompe el papel. Hay dos libros, uno encima del otro. Han pasado ya tres años y cuatro meses desde que papá se fue de Saint-Malo. Mil doscientos veinticuatro días, casi cuatro años desde la última vez que leyó en braille, pero aun así las letras se alzan desde el recuerdo como si hubiese dejado de leer ayer mismo.
Julio. Verne. Veinte. Mil. Leguas. Parte. Uno. Parte. Dos.
Se lanza sobre su tío y le rodea el cuello con los brazos.
—Me dijiste que no lo habías terminado y se me ha ocurrido que en vez de leerte yo a ti… ¿por qué no me lees tú a mí?
—Pero ¿cómo…?
—Monsieur Hébrard, el librero…
—¿Cuando nadie consigue nada? Y esto es carísimo…
—Tenemos muchos amigos en esta ciudad, Marie-Laure.
Ella se agacha y abre la primera página.
—Voy a empezarlo otra vez. Desde el principio.
—Perfecto.
—Capítulo Uno —lee en voz alta—. «Un escollo fugitivo».
«El año 1866 estuvo marcado por un extraño suceso, un incidente inexplicable que sigue fresco en la memoria de todos…». Galopa a través de las primeras diez páginas, la historia regresa: la curiosidad mundial sobre lo que parece ser un mítico monstruo marino, el famoso biólogo profesor Pierre Aronnax tratando de descubrir la verdad. ¿Se trata de un monstruo, de un escollo fugitivo o de algo diferente? A cada página Aronnax intentará seguir el rastro de la fragata y no mucho más tarde, en compañía del arponero canadiense Ned Land, encontrará el submarino del capitán Nemo.
Al otro lado del cartón que cubre la ventana, la lluvia comienza a caer desde un cielo color platino. Una paloma escarba junto a la alcantarilla haciendo juu juu juu. En la bahía un esturión da un único salto como un caballo de plata y desaparece.