La hora maldita

La hora maldita

Juan Mt

Cierro los ojos. Intento dormir. Quisiera que el viejo reloj de mi padre hiciera un tic tac que me acompañara en esta noche oscura. Otra más en medio de la soledad y el silencio con siluetas dibujadas por la tenue luz que entra por la ventana. Todo parece cobrar vida cuando mi cabeza se aventura por fuera de las sábanas. No quiero mirar pero el deseo de confirmar mis miedos me obliga a hacerlo.

Los ruidos más discretos, la figuras más grotescas me acompañan durante la hora más negra y profunda de la noche. Se mueven de un lado a otro. Me miran con ojos cínicos que fulguran. Me cubro con las sábanas de nuevo. Me sudan las manos, no siento más que el frío en los pies. Me quedo inmóvil. El miedo sube por mi cuerpo. Quiero gritar y pedir ayuda pero nadie escucha, mi boca me ha abandonado.

Cierro los ojos para intentar dormir. La mañana es un consuelo próximo. Nada funciona, apenas busco a Morfeo, este se trasforma en demonios de alas perversas, grandes y pequeños que copulan mientras lloran lágrimas con sangre. Cada gota que cae al piso de mi habitación enciende fuegos que consumen las cortinas, los armarios y todo aquello que me ata a este mundo terrenal.

Ahora quiero abrir los ojos pero es imposible. El humo me intoxica, olor a azufre de los mil infiernos que me inunda el corazón. La desesperación toma como presa mi conciencia. Estoy despierto pero no puedo salir de una fantasía que me aterroriza. Los demonios ahora trepan por mi cuerpo. Me jalan los pies y algunos son tan grandes que me miran de frente, directo a los ojos. Su olor es lo más lastimoso. Algo se ha muerto en ellos y aunque quiero apartarlos no puedo. Uno me ha tocado con sus gruesas manos mi rostro y ha acercado mi rostro al suyo.

El beso del demonio es tóxico. Me obliga a abrir la boca y lamer su lengua, mientras extrañas criaturas se mueven hacia mis dientes y mi garganta. No puedo deshacerme de él ni de ellos. La vida se me escapa en segundos eternos y nada puede detener el suceso. Estoy sufriendo, pasando por una muerte lenta que no culmina.

Una explosión, un ruido estridente, un motor. Gritos por la calle, saludos, risas y prisas. He vuelto de pronto. Lo logré. Desperté y con ello veo la luz de un rayo de sol que me salva. Mi cabeza duele y siento fatiga en lugar del placer del sueño pero al menos, al menos he sobrevivido a otra hora maldita.

Xalapa, 16/09/2023
Crédito de la imagen: Faruk Toklouĝlu
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