La herida

La herida


Gracias

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Gracias

Mi agradecimiento eterno para Diego Arguindegui, que hizo una minuciosa revisión histórica, geográfica y artística de esta novela. Y muy especialmente para Hernán Lapieza y Ricardo Brom, por su asistencia técnica y profesional, y por sus valiosos consejos de atentos lectores. También me ayudaron Hernán Cappiello, Fabián Calle, Daniel Sabsay y Hugo Alconada Mon. Ellos impidieron que cometiera más errores de los que cometí. Pero no son, como suele decirse, responsables de los que aparecen, y es preciso aclarar que en algunas ocasiones recurrí a licencias literarias, privativas de todo novelista. Dedico este libro a dos héroes de verdad que siempre inspiran, ambos protagonistas de «La hermandad del honor»: el Padre Pepe y Claudio Espector. Ninguno de los dos se corrompió ni bajó los brazos.

Aunque este relato está basado en la experiencia personal y en una mirada descarnada sobre el lado oculto de la política, no es una novela en clave y todos los personajes, lugares y circunstancias son producto exclusivo de mi imaginación. La enigmática organización de «Los Dragones Mutantes» es una ficción completa: nació en El puñal y continúa en La herida, y no alude por lo tanto a ningún grupo verídico de ninguna naturaleza. También la provincia patagónica y Villa Puntal son sitios ficticios: como alguien dijo alguna vez, las coincidencias con la realidad… son culpa de la realidad.

Esta novela es para Oscar Conde, mi hermano, con quien soñamos a los 14 años estas novelas.

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