La dueña

La dueña


Nota de la autora

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Nota de la autora

Los hechos narrados en esta novela son históricos. Reflejan fielmente la peripecia que vivió la península ibérica en el convulso siglo XI, caracterizado por la fragmentación de los reinos tanto cristianos como musulmanes. Los lugares y personajes descritos en ella entremezclan la ficción con la realidad, en aras de facilitar el viaje en esta «máquina del tiempo» que prosigue la aventura emprendida en Las campanas de Santiago. Al final del texto encontrará el lector un árbol genealógico, así como una relación de figuras históricas, que le servirán de referencia en este accidentado periplo.

Las tenencias de Lurat, Osma y Lobera pertenecen al territorio de la imaginación, aunque constituyen prototipos de las múltiples fortificaciones avanzadas construidas con el propósito de guardar la frontera entre la Cristiandad y el islam, que fue moviéndose a lo largo de ocho siglos. Prueba de ello son los incontables restos arqueológicos que salpican la geografía española. El castillo de Mora existe y cambió fugazmente de manos tras la reconquista de Toledo por Alfonso VI y antes de la invasión almorávide, si bien no ha quedado constancia del nombre de su custodio en ese periodo concreto.

También Nuño García, Ramiro de Zamora y su nieto, Diego, representan modelos característicos de los caballeros de origen villano que proliferaron al calor de ese larguísimo enfrentamiento. Una suerte de «ascensor social» que permitió a un gran número de campesinos uncidos a la tierra alcanzar la libertad y labrarse un futuro mejor, creando en España, y en particular en Castilla, una sociedad única en Europa.

En cuanto a la Dueña, encarna una figura ignorada por la historiografía oficial que he tenido especial empeño en rescatar del olvido, dado el papel protagonista necesariamente desempeñado por mujeres semejantes a ella durante buena parte de nuestra historia. Mujeres fuertes, audaces, valientes. Viudas de guerra obligadas a sustituir a sus esposos caídos en combate y dotadas para ello de unas prerrogativas legales extraordinarias en un mundo terriblemente misógino. Madres, abuelas, hijas de la frontera borradas de la memoria colectiva por los cronistas masculinos que escribieron al dictado del poder, casi siempre ostentado por hombres. Tejedoras de destinos cuya impronta decisiva se atisba en grandes reinas como Sancha de León… o Auriola de Lurat.

 

ISABEL SAN SEBASTIÁN

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