La cría
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Candela bajó las escaleras y se encontró, de espaldas a ella, a Mateo de cuclillas mientras inspeccionaba la maleta de Judith. Al escucharla, su ayudante cerró la cremallera y se puso de pie antes de girarse. En las manos llevaba puestos unos guantes de látex que se quitó y guardó en el bolsillo del pantalón.
—No hay nada más que ropa, ropa y más ropa… No entra ni un alfiler. ¡Ah!, de marca, por supuesto. Carísima. Lo que hay dentro de esa maleta cuesta más que todo lo que hay en mi apartamento, con él incluido.
—Las prendas tienen las etiquetas —afirmó Candela con sarcasmo.
—Incluida la cazadora que lleva puesta, yo también me he fijado. Es un clásico entre las aspirantes a influencer: se las apañan como pueden para conseguir dinero y se lo gastan en prendas de firma que, después de haberlas amortizado en fotos y vídeos para sus publicaciones, devuelven sin ningún reparo.
—¿Te ha contado algo más sobre su hermano o relacionado con la madre?
—No, estaba muy nerviosa. Totalmente convencida de que algo grave le tiene que haber pasado a Lucas. Me ha repetido veinte veces que seguro que la persona que estaba espiando en la casa de enfrente se lo ha llevado.
—Hablando de eso, tengo mierda buena de la que te gusta. Escucha bien porque te voy a dar carnaza para que te diviertas un ratito: la madre dice que hay un perfil que se ha puesto en contacto con Lucas vía mensajes directos a su Instagram…
—¿Pero pensaba que un niño de tres años lo iba a leer y a contestar?
—Con la de locos que hay, no me sorprendería. Adriana dice que contestó explicando que era la madre y que desde el perfil le habían ofrecido colaborar con varias plataformas en las que la gente pagaría por un saludo o una felicitación personalizados del famoso conejito. Ella se negó, porque le dijeron que a la firma del contrato de colaboración tenía que ir el niño, y ella no quería que viajara, y la persona detrás de ese perfil respondió que en ese caso vendría aquí. Esto fue anoche.
—Sí, el rollo ese está ahora en auge. Y crees que podría ser el mismo sujeto que los espiaba esta mañana…
—¿Por qué no?
—Pero el tipo ese…
—Apunta: Mimi9.4.94. Le he pedido que te mande los pantallazos de la conversación; si no te llegan, me lo dices.
—Okey —dijo Mateo mientras anotaba en su libreta.
—Te quiero con ello. Averigua quién maneja ese perfil y si tiene algo que ver con la desaparición de Lucas.
Mateo asintió, agradecido por la adrenalina que le producía su nueva misión.
—Por cierto, lo que decías antes de la relación madre-hija. He notado perfectamente lo que dices: Judith está fascinada con la madre, la idolatra, quiere complacerla todo el tiempo y me atrevería a decir que hasta la teme.
Una voz desde lo alto de la escalera les hizo dar un salto. Era Adriana, que los miraba erguida, agarrando la barandilla con una mano, tal y como hacía unos minutos le había descrito a Candela que estaba el conejo en el sueño de Lucas. Al ver a los dos agentes cuchicheando, les preguntó:
—¿Alguna novedad sobre mi hijo?