La cría

La cría


24

Página 26 de 67

24

Junto a la descripción del vídeo había un clip de diez segundos que tenía como portada la imagen de una chica tumbada bocabajo en un césped lleno de barro y que miraba con cara de pánico algo que estaba fuera del plano. Mateo dio al play; los primeros segundos no mostraban nada diferente de la imagen congelada que ya había visto. Sin embargo, el sonido era terrorífico. La chica intentaba gritar, pero solo emitía sonidos guturales. Mateo pensó que quizá estaba sedada, porque permanecía en la misma posición sin moverse, solo sus ojos reflejaban el miedo que estaba pasando. Por encima de estos ruidos se escuchaba como el gruñido de un animal salvaje y después ladridos llenos de rabia a todo volumen. Enseguida apareció en pantalla lo que Mateo interpretó como la fuente de sus miedos: un hombre desnudo y a cuatro patas que caminaba hacia ella por el barro. Llevaba puesta una máscara hecha con la cabeza real de un dóberman. La sangre chorreaba por todo su cuerpo dejando un reguero a su paso. Quien estuviera bajo aquel escabroso disfraz había decapitado al animal y le había arrancado la piel para después colocársela sobre la cara como si fuera una mascarilla hidratante. Era realmente asqueroso. Justo cuando estaba a punto de alcanzar a la chica, el clip llegó a su fin.

Así que a eso se dedicaba el tal Mimi; su dulce nombre ahora resultaba mucho más irónico. Antes de entrar en el perfil, guiado por el morbo, escribió el nombre de la chica en el buscador para saber si había información sobre ella y se conocía su paradero. Enseguida la pantalla se llenó de noticias con el rostro de la adolescente. Era una joven realmente guapa: cara redonda, tez blanca y unos enormes y rasgados ojos verdes. Ordenó las entradas por orden de subida y pinchó sobre una de las últimas. Era una noticia correspondiente a uno de los principales periódicos nacionales. En ella se recordaba «el que sin duda fue el crimen más turbio de los últimos años». Según contaban, Laura García Hernández apareció descuartizada en el garaje de un centro comercial donde había quedado días atrás. Le habían arrancado los brazos y las piernas a mordiscos y los habían dejado tirados junto al cuerpo. El rostro también presentaba mordeduras en las mejillas, pero lo peor fue cuando se descubrió que todo había sido obra de un ser humano. Esto lo convirtió en un caso controvertido. Su hermano Jaime siempre mantuvo que se trataba de canibalismo, pero la policía tardó más de dos semanas en confirmarlo. Según el hermano de la víctima, fue gracias a la presión mediática que había impulsado él. La batalla en los medios se prolongó, pues no se conseguía dar con el asesino. Jaime repetía que tenía que haber un asunto muy gordo detrás para que se esforzaran tanto en que no se supiera la verdad sobre lo que le había ocurrido a su hermana. Llegó incluso a hablar de altas esferas, gente importante con el poder suficiente como para frenar la investigación. El hermano de la víctima había estado volcado día y noche en que saliera a la luz aquello que se obstinaban en preservar, en esconder a la opinión pública.

Un mes más tarde detuvieron al que el ministro del Interior y la Policía Nacional consideraron culpable: un hombre de cincuenta años con antecedentes por pederastia que había acudido al centro comercial la misma tarde que Laura. Jaime siempre mantuvo que ella había ido a reunirse con una misteriosa cita y la policía tenía claro que era ese hombre. De hecho, la grabación de una cámara de seguridad mostraba al pederasta acercándose a la niña en la primera planta del centro. Además, cuando estaba acorralado, a punto de ser detenido, se había pegado un tiro en la cabeza. Parecía que no había dudas. No hicieron falta más pruebas; la opinión pública se quedó más tranquila, pero Jaime siguió manteniendo que el crimen estaba relacionado con las escabrosas actividades que llevaba a cabo una agencia de publicidad de renombre junto con sus clientes destacados, la gente más poderosa del país. Para desarrollar esta teoría contó con la ayuda de una mujer cuyo marido era empleado de esta y que había muerto en extrañas circunstancias. Todo ello quedó reflejado en numerosos artículos publicados en páginas web temáticas.

A Mateo estaba a punto de estallarle la cabeza: la gente más poderosa e influyente de España metida en una trama de asesinatos de adolescentes mediante rituales y grabaciones snuff. La historia parecía sacada de los peores crímenes de nuestro país ocurridos en los años noventa. Volvió la vista al otro monitor, fascinado por lo que acababa de leer. ¿Qué clase de agencia haría algo así y qué relación tenía Mimi con todo ello? Era obvio que debía de estar metido en el ajo. ¿Sería él quien se ocultaba bajo la máscara del animal y quien había arrancado a mordiscos las extremidades de la adolescente, o habría sido otra persona? En cualquier caso, estaba bastante claro que, como afirmaba Jaime, el culpable no era el pederasta que se había suicidado —⁠a no ser que hubiera actuado después del hombre con la máscara de perro que salía en el vídeo⁠—, sino alguien que probablemente seguía en libertad y que, por la cantidad de vídeos que anunciaba, no había dejado de matar. Había una larga lista en la que se ofertaban grabaciones de violaciones y asesinatos de otras muchas adolescentes, era acojonante. El tipo que pretendía ver a Lucas era quien comercializaba el vídeo de aquella pava tan famosa en su momento y de todas las demás víctimas. Quizá podía ser también el autor. Era la hostia, estaba de suerte. Ante él se abría todo un mar de posibilidades. Solo por esos momentos su trabajo merecía la pena. La gran pregunta ahora era si, años después, el culpable estaba interesado en Lucas para darle un destino similar al de la pobre Laura.

Ir a la siguiente página

Report Page