La cría
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Candela tuvo que hacer un gran esfuerzo para no echarse a llorar y mandarlo todo a la mierda. Por suerte, conocía esa montaña rusa de sentimientos que iban desde la máxima euforia hasta el mayor grado de derrotismo posible, así que simplemente se dejó estar. Quieta y en silencio. Se tomó unos minutos, lo justo para recomponerse, eliminar los malos pensamientos y que no afectaran a la investigación. Lo más urgente en esos momentos era parar los pies a esa niñata para que no lo jodiera todo. Volvió a sacar el móvil y llamó a Adriana mientras se ponía otra vez en marcha.
—Soy la teniente Rodríguez —dijo antes de que la mujer pudiera contestar—. ¿Qué parte de que no digan nada a nadie sobre Lucas no han entendido? Quiero que vaya ahora mismo donde esté su hija y le arranque el teléfono para que no suba ninguna foto más, ¿cree que será capaz?
—En primer lugar, no me hable en ese tono, y en segundo lugar, Judith solo ha compartido un retrato de Lucas que la gente ha visto mil veces. No hay texto ni mensaje, nadie tiene por qué saber nada.
—Están jugando con fuego, lo único que hace es llamar la atención y hay que tener cuidado. La gente se aburre mucho y le encanta divagar, ya lo sabe usted bien.
—Ya he hablado con ella y me ha dicho que se controlará, es solo que lo echa de menos. Es su manera de demostrar el afecto que siente hacia su hermano, ¿es que no lo entiende?
«¡La que no lo entiendes eres tú!», exclamó Candela para sus adentros. Deseaba gritarle que le parecía increíble que una madre fuera incapaz de ver que la necesidad de subir una foto así en un momento como aquel era una prueba de que su hija era incapaz de lidiar con las emociones. ¡Cómo no era consciente de que su hija vivía la mayor parte del tiempo obsesionada con un mundo paralelo virtual! Le parecía increíble que no se diera cuenta de que buscar afecto en las redes sociales era un gran error, pero no quería discutir.
—Dígale que me espere, necesito hablar con ella. Voy para allá, después me gustaría hablar con usted.
—¿Sobre qué? ¿Ha ocurrido algo?
—No, nada importante. Es para cotejar pequeños detalles que pueden ayudarnos.
Al colgar, pensó en los miles de personas que se estarían preguntando a qué vendría que Judith subiera la foto de su hermano vestido de Sweet Bunny sin decir nada. La imagen no iba acompañada de ningún mensaje y eso era extraño. Muchos no caerían en ello, por supuesto. Le darían al like por inercia y deslizarían el dedo hacia la siguiente publicación. Pero estaba segura de que una gran mayoría estaría haciendo todo tipo de elucubraciones, aunque sin sospechar la gravedad real del asunto. Simplemente por el mero hecho de practicar el deporte nacional: el cotilleo.
Le quedaban poco más de quince minutos para llegar a casa de Adriana; Mateo le había dicho que se verían ahí. Candela le había pedido que estuviera cerca por si lo necesitaba y a él le había parecido bien; llevaría el ordenador portátil y seguiría trabajando desde ahí. «Como llegaré antes, te dejo abierto atrás, yo estaré en el jardín trabajando y haciendo guardia». Mientras conducía se fue fijando en los postes y farolas de la zona y en cómo, efectivamente, las cámaras de seguridad brillaban por su ausencia. No había más que alguna rezagada en el acceso al pueblo y otra conforme se acercaba a la urbanización. De camino a la casa se cruzó con dos coches de su equipo, uno estacionado y otro que iba rondando las calles cercanas al chalet donde vivía la familia de Lucas. Aparcó en el mismo sitio donde lo había hecho por la mañana. Miró a ambos lados antes de apearse del coche y, tras comprobar que todo estaba despejado, caminó a paso decidido hacia la puerta de la parte de atrás del jardín. Cuando se disponía a entrar, una mano la agarró por la muñeca con fuerza. Candela miró a su agresor y descubrió los ojos saltones del vecino, que la observaban fijamente. Antes de que pudiera gritar, el anciano le tapó la boca con la mano y la empujó hacia el interior de su parcela. Candela intentó soltarse, pero el hombre la agarraba con tanta fuerza que parecía que iba a romperle el cuello de un golpe seco.