La cría

La cría


30

Página 32 de 67

30

Nada más cerrar la puerta exterior de la casa del vecino, Candela sacó su móvil para dejarle un audio a Paula, le explicó brevemente la situación y le hizo una petición: «Cuando consigas las grabaciones de las cámaras quiero que, además del de Adriana, busques un coche oscuro, posiblemente negro, conducido por un hombre en las inmediaciones de la vivienda. El vecino me ha dicho que llevaba un rato esperando a Judith, no puedo decirte la hora exacta. Ella se fue de casa en torno a las nueve de la mañana. Busca sobre esa hora, tampoco mucho antes. En principio encaja con lo que nos han contado ellas. Dime cuando sepas algo». La puerta trasera de acceso a la casa de Adriana estaba entornada, como le había dicho Mateo. Empujó y lo vio en lo alto, sentado en una silla con el ordenador en las rodillas, a la altura de la cristalera del salón.

—Aquí estoy de camping, menos mal que hay buena wifi —⁠dijo al verla, bromeando.

Candela subió la cuesta y, al acercarse a su ayudante, él se fijó en que estaba pálida.

—¿Estás bien?

—Sí, es que no he comido nada.

—A ver si vas a hacer el ayuno intermitente ese, como Adriana. Si es que sois igualitas —⁠dijo para picarla.

—Voy a hacer como que no te he escuchado. Te falta la cervecita, macarra, que eres un macarra.

—Dame un minuto —contestó con la mirada puesta en la pantalla del portátil.

—Lo siento, pero no lo tienes. ¿Dónde están?

—Judith está en la terraza de arriba; la madre, en la habitación del niño. Ninguna ha tenido noticias y nosotros tampoco, que yo sepa.

—Pues venga, levanta el culo. Vienes conmigo, ya sabes que cuatro ojos ven más que dos.

—Joder, menuda frasecita, si es que estás hecha una abuela.

—Calla, coño. Vamos.

—¿De verdad necesitas que esté yo para interrogar a la pava esa?

—Hay algo que no me gusta. Miente, no estaba con una amiga, sino con un hombre. Alguien vino a recogerla en un coche oscuro. Me lo acaba de decir tu «amiguito» —⁠dijo señalando hacia la casa del vecino.

—Jo-der con Judith —dijo Mateo sorprendido⁠—, aunque ese hombre desvaría. Igual…

—Vamos —interrumpió Candela.

Mateo se levantó.

—Por cierto, ¿el padre te ha dicho algo del seguro de vida?

—Cree que no tiene; se me ha olvidado decirle a Paula que lo compruebe. Escríbele para que lo haga o se lo mande a alguien.

Mateo sacó su móvil del bolsillo, pero, antes de que pudiera escribir nada, vio que Candela ya había entrado en la casa y, una vez más, tuvo que acelerar para no quedarse atrás.

Ir a la siguiente página

Report Page