La cría

La cría


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Los dos agentes subieron el primer tramo de las escaleras hasta llegar a la siguiente planta, donde estaban los dormitorios. Cuando llegaron a la altura de la habitación de Lucas, vieron que la puerta estaba cerrada. Candela pensó que era una suerte, así no tendría que perder el tiempo en explicaciones si Adriana descubría que ya habían llegado y quería saber la razón por la que tenían que hablar otra vez con las dos con tanta prisa. Aun así, por si acaso, aminoraron el paso, intentando subir cada peldaño con sigilo. Al llegar a la última planta, vieron dos puertas abiertas, una a cada lado. En la de la derecha había un cuarto abuhardillado forrado de madera oscura que utilizaban como trastero, todo lleno de cajas abiertas de productos, un par de cómodas, burros con ropa y todo tipo de objetos apilados. La otra puerta era para salir a la terraza que daba a la parte delantera del chalet. Al fondo, pegada a la barandilla, vieron a Judith. La chica estaba sentada en el suelo, con las piernas cruzadas y los brazos estirados, apuntándose con el móvil. En un primer momento pensaron que se estaba haciendo un selfi, pero enseguida se fijaron en que movía la cabeza y los labios expresivamente. Parecía que hablaba con alguien.

—¡Mierda! —exclamó Candela para sí, temiendo que Judith estuviera contando a sus seguidores o a alguien por videollamada lo que le había pasado a su hermano.

Avanzaron hacia la chica.

—¡Ay, qué susto! —exclamó Judith cuando de golpe se los encontró a su lado.

La chica bajó el móvil de golpe y miró hacia otro lado, intentando ocultar la lágrima que descendía por su mejilla. Parecía avergonzada.

—¿Qué estabas haciendo? —le preguntó Candela.

—No estaba hablando con nadie, si es lo que me pregunta. Grababa un vídeo. —⁠Al notar la mirada de los agentes, exclamó⁠—: ¡No me miren así! Mi hermano ha desaparecido, estoy triste y necesito contarlo. No es tan difícil de entender. Eso no significa que lo vaya a subir ahora…, ¡joder! —⁠dijo en un arrebato.

Candela permaneció impasible; Mateo, a su espalda, seguía atento la jugada.

—Judith, es normal que estés triste, pero entiéndenos a nosotros: hace media hora has subido una fotografía de tu hermano a tu perfil de Instagram, cuando te habíamos avisado de que no debías llamar la atención sobre el asunto. Subir ese vídeo podría complicar mucho la búsqueda de Lucas, tenlo en cuenta. —⁠Judith iba a replicar, pero Candela continuó hablando sin dejarla intervenir⁠—: Ahora te voy a dejar un minuto para que te tranquilices, después me vas a contar qué has hecho esta mañana en realidad. —⁠La chica miró a los dos agentes⁠—. Te lo voy a resumir en dos puntos, a ver si así lo entiendes: punto número uno, tu amiga Vir no existe, y punto número dos, tus fotos no son de hoy. Luego todo lo que nos has contado que has hecho es mentira. ¿Quién ha venido a buscarte esta mañana en un coche oscuro?

—No puedo decírselo —contestó sin levantar la mirada del suelo.

—No sé si eres consciente de la gravedad de todo esto. Te lo repetiré de nuevo: ¿quién ha venido a buscarte esta mañana en coche?

—Ya le he dicho que no puedo decírselo —⁠repitió, esta vez mirándola a la cara.

—Muy bien. —Se dirigió entonces a Mateo⁠—: Tendremos que hablar con su madre para explicarle el motivo por el que nos llevamos a Judith al cuartel, quizá allí nos cuente la verdad.

Candela se volvió para ir hacia la puerta.

—¡No!, espere… Mi madre no puede saber nada de esto, me mataría. ¡Por favor!

Candela y Mateo la miraron intrigados.

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