La cría

La cría


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Candela se había unido a una de las patrullas que rastreaban la zona del embalse. Los agentes aceleraban la operación, conscientes de que no quedaba prácticamente tiempo antes de que anocheciera y que esa circunstancia dificultaría la tarea. Había diseñado un pequeño patrón de búsqueda que terminaba en la orilla del embalse de la que arrancaba el puente que lo atravesaba y unía ambas zonas al tráfico. Empezaba a hacer frío, el viento golpeaba su rostro. Estaba floja de energía, pero fuerte de ánimos. Por fin podría hacer justicia. Su teléfono comenzó a sonar: era Mateo. Lo descolgó rápidamente.

—¿Se ha despertado?

—Sí… Candela, la IP…, ya sé desde dónde se subió la fotografía del niño… —⁠Mateo hizo una pausa, consciente de la que se le venía encima.

—¡Mateo! ¿Desde dónde? ¡Dime!

—Desde aquí. La hora en la que se subió coincide con el momento en que Adriana fue al baño cuando nos estaba contando el rollo de la agencia.

—Nos pidió ir un momento al servicio, subió la foto y después fingió el desmayo al verla —⁠completó Candela cayendo.

—Nos ha estado mintiendo todo el tiempo.

Candela recibió la información con ímpetu. Tenía que dar con el niño y luego encerrar a la madre de por vida.

—No les digas nada, retenlas ahí hasta que llegue —⁠ordenó.

—Me temo que es imposible, jefa. Se han escapado.

—¿Cómo? —preguntó Candela sin salir de su asombro.

Al otro lado de la línea, en casa de Adriana, antes de que Mateo pudiera contestar, Quique estiró el brazo para mostrarle algo en su teléfono.

—Me ha llamado Paula para avisarme porque Candela y tú comunicáis —⁠le dijo.

En la pantalla aparecía una publicación del Instagram de Judith; era un vídeo en el que salía ella en primer plano. Debajo había escrito: «#PrayxLucas».

—¡Mateo! ¿Qué pasa? —Candela estaba impaciente.

Mateo puso el teléfono en altavoz al tiempo que buscaba la publicación de Judith para mandarle el enlace a Candela.

—Un segundo, ya. Mira lo que te acabo de enviar.

Candela se separó el teléfono de la oreja y abrió el enlace. Cuando Judith apareció en la pantalla, enseguida supo que aquella mocosa la había vuelto a cagar. Los dos agentes pulsaron la reproducción del vídeo casi a la par. En él aparecía Judith perfectamente iluminada, con el sol de frente, en un primer plano. De fondo había una pared de ladrillo y un pequeño tramo de barandilla marrón. Era la de la terraza, ambos la identificaron al momento. La chica empezó a hablar: «Es muy difícil hablar en estos momentos, pero sabéis que os adoro y formáis parte de mi vida, sois mi familia y os merecéis que os explique qué está ocurriendo. Lucas, nuestro conejito, ha desaparecido. Tenemos el corazón roto. —⁠Una lágrima comenzó a descender por su mejilla⁠—. Es el alma de la casa y no queremos pensar que le pudiera haber pasado algo. Por favor, si lo habéis visto o sabéis algo, escribidme. Es muy importante. Os prometo que os mantendré informados por aquí, estad atentos. Os quiero. Pray for Lucas».

Candela se apartó el teléfono horrorizada. No se lo podía creer; volvió a hablar con Mateo, que también estaba atónito.

—Te das cuenta de que es el vídeo que grababa cuando la sorprendimos en la terraza.

—Obvio —dijo Mateo.

—Lo tenía preparado, sabía lo que iba a pasar.

—No tiene por qué, no da ningún dato que se relacione con la imagen de Lucas. No habla de si está vivo o muerto ni nada concreto. Lo que sí sabía es que en algún momento se sabría públicamente y tenía que aprovechar la tristeza, como nos dijo, por no mencionar la buena luz, para grabarlo. Por loco que parezca, en el mundo de las redes se trata de crear contenido. Este tipo de perfil tiene como mil fotos en el carrete, sesiones y demás, todo preparado para poder subir al menos dos cosas por día. Existe la planificación y creo que este es el caso. Ahora está de moda que todas las celebrities se graben llorando y contando sus desgracias para parecer humanas, se lo marcan sus publicistas. Eso las acerca a sus seguidores. Judith estaba triste, se veía guapa y pensó que, antes de tener que hacerlo por la noche en su habitación con la luz de un flexo, lo haría en ese momento. Por eso no se moja, porque así se garantiza que puede utilizarlo. Es una buena manera de amortizar el drama. No hay drama que por bien no venga —⁠dijo Mateo con ironía.

—¡Qué horror! Pero ¡¿qué se le puede pedir después de todo lo que nos ha contado su madre?! Está enferma, aunque la culpa no es suya, la han hecho así. Es una víctima, en el fondo solo hace lo que le han enseñado: llamar la atención, gustar y agradar a todo el mundo. En los noventa eran anoréxicas, ahora esta es la plaga. Lo peor de todo es que haya sido su madre quien la haya arrastrado a esto al enseñarla a vivir en una realidad paralela de gilipollez continua. Aunque, claro, mejor eso que centrarse en los abusos. Te dejo.

Candela colgó y volvió donde estaba parte del equipo de búsqueda.

—Juan, la madre se ha fugado de la casa con la hija. Avisa a todas las unidades, necesito que las que tengas alrededor de la vivienda bloqueen todas las salidas y busquen por la zona. Vosotros seguid por aquí, pronto anochecerá. No tenemos tiempo. Yo me encargo del acceso al embalse, estad atentos por si pido refuerzos —⁠dijo corriendo hacia su coche.

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