LA RUEDA DEL HÁMSTER

Vivimos en un una economía donde sólo con propiedad se pueden satisfacer las necesidades. Rige la ley universal de que para satisfacer una necesidad no se depende de que el objeto exista, sino que depende de la propiedad exclusiva sobre dicho objeto. Esta ley hace que lo único que cuente en esta sociedad es el hecho de poseer algo o no. Hacer valer esta igualdad nos lleva a que los ciudadanos se diferencian únicamente en la cantidad de propiedad que tienen. Vemos surgir así dos clases de ciudadanos. Están los que ya tienen propiedad por un lado, y por otro, los que primero tiene que trabajar para adquirir algo en propiedad. Ambas clases de ciudadanos deben satisfacer necesidades. Encuentra entonces el desposeído que la carencia de propiedad es lo que le impide satisfacer sus necesidades, se embarcará pues en búsqueda de ésta (La propiedad).

El que ya tiene propiedad lo puede hacer (satisfacer necesidades) instantáneamente, mientras el otro no. Al no tener propiedad, pero estar en la obligación de satisfacer necesidades, este acude a quien si tiene propiedad. Va y se le para en la puerta. Quien si tiene propiedad, quiere seguir teniéndola, pero sobre todo quiere aumentar la propiedad que ya tiene. De no aumentarla perdería su carácter de propietario. Por lo tanto usa a su favor la necesidad de satisfacer necesidades del desposeído, y le propone un negocio.

Propietario: Yo te doy propiedad, pero si tu me haces un trabajo que te voy a indicar.
El desposeído, sin tener más opción que ésta, acepta. Realiza el trabajo que le han encomendado y a cambio recibe la propiedad (que usará para satisfacer sus necesidades) que el propietario le prometió.

¿Cómo tiene sentido este negocio? El propietario usa la capacidad de trabajar del desposeído para producir propiedad, y a cambio le entrega una fracción mucho menor de la propiedad que este ha creado para él. Sólo así funciona el negocio para el propietario. Pagando menos de lo que cuesta el producto del trabajo del desposeído, esta es la forma en la que el propietario puede aumentar su propiedad.
La propiedad que el desposeído recibe a cambio siempre es lo mínimo. ¿Por qué? Porque justamente para el propietario el negocio consisten en pagar lo menos posible por obtener lo más posible. Es por ésta razón que la propiedad que el desposeído recibe a cambio de su trabajo, nunca lo convertirá en propietario como tal. Tendrá que usarla y gastarla constantemente en la recuperación de su desgaste.

Llegamos entonces la punto mas importante de esta articulación. Lo que en un inicio se tomó como el punto de partida por el cual trabajar, es decir, adquirir propiedad; la ausencia de propiedad fue lo que obligó al desposeído a trabajar para el propietario. Esta razón, que fue el objetivo con el cual nuestro desposeído trabajó, concluyó en que nunca le dio propiedad en sí. Aunque trabajó y le dieron propiedad a cambio, el desposeído al final de esta historia volvió al momento inicial. No tiene propiedad y necesita volver a trabajar para poder adquirir un poco de propiedad para satisfacer sus necesidades. La usará y quedara nuevamente sin propiedad.
Es así como los trabajadores entran en la rueda de hámster, un movimiento infinito que los pone en la penosa posición de trabajar eternamente con el objetivo de ser propietarios, pero nunca llegar a ser propietarios en sí.

Y es incluso aún peor. Sabiendo ya que la propiedad significa simple y llanamente exclusión. El obrero ha trabajado para crear aún más propiedad de la que existía anteriormente, por ende, la propiedad de la que ayer estaba excluido, ha crecido, y ahora está aún más excluido que ayer, por la misma propiedad que él produjo en manos ajenas. En cuanto a su propiedad como obrero, se esfuma mes a mes.