“Justicia 200 años tarde”

“Justicia 200 años tarde”

🖋️ Claudia Alejandra Damiani

Un 7 de mayo, pero de 1748, nacía Olimpia de Gouges, escritora, dramaturga, panfletista y política francesa, quien, en 1791, escribía la «Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana». En su artículo X, declaraba: «La mujer tiene el derecho a ser llevada al cadalso y, del mismo modo, el derecho a subir a la tribuna…». Eso fue exactamente lo que le pasó. Olimpia fue guillotinada en 1793, aunque nunca subió a ninguna tribuna y no porque no lo hubiera intentado.

Con su Declaración, denunciaba que la revolución había denegado los derechos políticos a las mujeres, esos que la Ilustración propugnaba universales: libertad, igualdad y fraternidad. Cuando el 28 de agosto de 1789 se proclama la Declaración de los Derechos del Hombre, se refería exclusivamente a los varones. 

Olimpia, quien fue una apasionada defensora del divorcio y la unión libre ciento cincuenta años antes que Simone de Beauvoir, enviudó muy joven. Tras la muerte de su esposo, renunció a su apellido y se fue a París. Tenía 22 años y era inteligente, indomable y bella, además de una apasionada defensora de la abolición de la esclavitud y los derechos femeninos (divorcio, maternidad, se pronunció sobre la masiva entrada forzada en la religión de muchas mujeres). Nada quedaba fuera de su interés y alzaría siempre la voz en defensa de lxs oprimidxs. Todo ello no consiguió abrirle las puertas de la Asamblea de París, ni siquiera las de la Comedia Francesa, donde sus obras de teatro jamás fueran representadas. 

Cuando se decidió a escribir, recibió una carta de su padre: «Si las personas de vuestro sexo pretenden convertirse en razonables y profundas en sus obras, ¿en qué nos convertiríamos nosotros los hombres, hoy en día tan ligeros y superficiales? Adiós a la superioridad de la que nos sentimos tan orgullosos. Las mujeres dictarían las leyes. Esta revolución sería peligrosa. Así pues, deseo que las Damas (…) conserven su frivolidad hasta en los escritos. En tanto que carezcan de sentido común serán adorables. (…) Las mujeres pueden escribir, pero conviene para la felicidad del mundo que no tengan pretensiones».

A pesar del predominio de criterios misóginos como este, las mujeres tuvieron una participación muy activa en el proceso revolucionario. La marcha sobre Versalles que realizaron alrededor de 6.000 parisinas el 5 y el 6 de octubre de 1789, en busca del rey y de la reina, fue un detonante revolucionario. Poco después, presentaron una petición dirigida a la Asamblea Nacional que denunciaba la «aristocracia masculina» y se proponía la abolición de los privilegios por sexo, tal cual se hacía con los privilegios de los nobles sobre el pueblo. Entre 1789 y 1793 quedaron censados cincuenta y seis clubes republicanos femeninos activos en la emisión de peticiones y con expresión pública para reclamar la presencia de las mujeres en la vida política.

Sin embargo, la Constitución de 1791, cuyo preámbulo era la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, afirmaba la distinción entre dos categorías ciudadanas: activos —varones mayores de 25 años, independientes y con propiedades—, y pasivos —hombres sin propiedades y todas las mujeres, sin excepción.

En 1793, las mujeres serían excluidas de los derechos políticos recién estrenados y en octubre se ordenaría que se disolvieran los clubes femeninos. No pueden reunirse en la calle más de cinco mujeres. En noviembre muchas mujeres son encarceladas y es guillotinada nuestra heroína. En 1795 se prohíbe a las mujeres asistir a las asambleas políticas. 

Pero esta no fue la única forma en que se destruyó a Olimpia y su legado: su obra fue objeto de desprecio y burla a lo largo de todo el siglo XIX, la intelectualidad francesa rechazaba la idea de que una mujer hubiera sido ideóloga revolucionaria; entonces, se dijo que no sabía leer ni escribir, se sospechó de la autoría de sus escritos y se dudó de su capacidad intelectual y facultades mentales.

Hasta finalizada la Segunda Guerra Mundial su figura no sería rescatada del olvido y la caricatura. En 1981 Olivier Blanc publica su biografía a partir de la investigación de documentos originales de la época y, para el bicentenario de la Revolución Francesa, la historia le haría justicia y el pueblo francés, homenajes. Desde entonces, se han representado varias de sus obras de teatro y sus escritos volvieron a ver la luz.

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