Impulsos antiformistas

Impulsos antiformistas

N+1

Cada martes a las 21:30 hrs., se lleva a cabo en algún lugar de Italia una "tele-reunión" a través de Skype, en la que participa una decena de compañeros vinculados a la revista N+1. Mediante estas "tele-reuniones" se las arreglan para compartir informaciones y análisis sobre el desarrollo del capitalismo mundial y de la lucha de clases que necesariamente trae aparejado. Así dan cuenta de las posibilidades que este momento histórico nos ofrece para profundizar nuestra lucha.

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Durante la tele-reunión del martes 6 de agosto, a la que se conectaron 10 camaradas, comentamos las últimas noticias de Hong Kong y otros lugares del mundo, extrayendo algunas consideraciones generales sobre los movimientos que han tenido lugar recientemente.

El lunes 5 de agosto en Hong Kong hubo una huelga general. El viernes anterior, en preparación para la posterior movilización, los empleados estatales habían ido a la huelga. El periódico Asia News cubrió el hecho en el artículo "Ley de extradición: empleados estatales y de la banca también se manifiestan", informando sobre la adhesión de trabajadores de más de 34 instituciones bancarias a la huelga general: "Entre ellos hay empleados de bancos locales, bancos internacionales e incluso bancos estatales chinos. Los sindicatos del mundo financiero se suman a los sindicatos de otros 95 grupos sociales en los sectores público y privado, incluidos maestros, pilotos de aviones, azafatas y mayordomos, abogados, artistas".

La huelga del lunes bloqueó el tráfico ferroviario y aeroportuario, provocando que se cancelaran más de 100 vuelos. La fuerte tensión social ha hecho al gobernador Carrie Lam afirmar que la ciudad está al borde del caos y que el gobierno está decidido a garantizar el orden público. Las manifestaciones, iniciadas en protesta contra la ley de extradición en China, se han extendido a toda la sociedad, y el gobierno de Beijing ha lanzado ya su advertencia: tengan cuidado de no confundir la prudencia con debilidad.

La lista de lugares en todo el mundo donde ocurren movilizaciones y movimientos de diversos tipos se extiende cada día más. En Rusia, en dos diferentes manifestaciones contra el gobierno, más de 1.700 manifestantes fueron arrestados, entre ellos muchos de corta edad. La razón que oficialmente se ha dado para estas movilizaciones parece ser la decisión de la comisión electoral de excluir a los candidatos independientes de las próximas elecciones municipales.

En algunas partes del planeta las manifestaciones han asumido un carácter recurrente, convirtiéndose en una especie de cita fija de cada semana. Esto es lo que sucede en Argelia todos los viernes o en Francia todos los sábados, donde el 3 de agosto tuvo lugar el trigésimo octavo día de protesta de los chalecos amarillos, con enfrentamientos muy duros en la ciudad de Nantes. En los últimos meses, la policía francesa ha intentado de todas las maneras posibles desalentar a los manifestantes, arrestando a cientos de personas y esparciendo una feroz represión que ha causado cientos de heridos, incluso graves. Pero las manifestaciones no se han detenido.

Donde quiera que estalle la protesta, se trata de "flashmobs" (manifestaciones relámpago) autoorganizados, potenciales precursores de automatismos que, tras exceder un cierto umbral, llevan a cientos de miles de personas a las calles. En Hong Kong los acontecimientos se sucedieron de tal forma que podríamos definirlos como de manual, con manifestaciones que empiezan de una manera para terminar de otra muy diferente. Las huelgas trascienden los propósitos para los cuales nacieron, pasando del nivel de la demanda sindical a un nivel político o, por el contrario, pasando desde un carácter político a una huelga general apoyada por los sindicatos.

Este tipo de eventos, los flashmobs autoorganizados, también tienden a sincronizarse. El 15 de octubre de 2011, en la oleada de Occupy Wall street, miles de manifestantes se coordinaron en mil ciudades y en ochenta países diferentes levantando carteles y pancartas con un mismo mensaje esencial y efectivo. Somos 99% pero es el 1% el que dicta la ley, se come todo y nos obliga al ciclo infernal de la necesidad insatisfecha. El modelo Occupy ha triunfado: de hecho, lo que sucede estos días en Hong Kong está relacionado con las manifestaciones de 2014, cuando nació Occupy Hong Kong. La segunda oleada no puede sino ser más radical que la anterior. Si bien Occupy Wall Street se ha disuelto, vemos su modus operandi en Turquía con la ocupación del Parque Gezi, en Sudán, en Rusia y en muchos países de Europa del Este. En comparación con la oleada del 2011, las noticias actuales muestran el fin de la recurrencia semanal de los eventos, que ahora van más allá de la ritualidad de una procesión que empieza en la mañana y termina en la noche. En Sibiu, Rumania, todos los días al mediodía durante más de 500 días consecutivos, un grupo de residentes ha venido organizando una protesta contra la corrupción en el frontis de la sede del Partido Socialdemócrata (PSD), que gobierna desde 2016.

En general, las situaciones de caos son cada vez más frecuentes. En Cachemira, India revocó el "estatus especial" que desde la década de 1950 otorgaba cierta autonomía al gobierno local, dividiendo la región en dos estados y poniendo en guardia al vecino Pakistán. En Estados Unidos dos tiroteos diferentes dejaron más de 30 muertes perpetradas por jóvenes asesinos.

Es la estructura material de la sociedad lo que ya no funciona. En la narración de Robert A. Heinlein El año del diagrama, un científico muestra, a través de un gráfico, los síntomas del absurdo del mundo: los altibajos de la curva señalan las catástrofes colectivas, que un día llegan al punto de que la curva alcanza una cumbre y el científico entiende que la civilización está a punto de terminar, lo que en efecto sucede a tiempo. Se puede establecer una conexión entre los eventos físicos y los eventos sociales y, de hecho, estamos presenciando un comportamiento global que va más allá de lo que los manifestantes dicen sobre sí mismos. Muchas manifestaciones se deben no tanto a razones ideológicas sino a causas materiales. The Economist es consciente de esto, tal como lo ha mostrado en un artículo en el que argumenta que la ingobernabilidad de los principales países occidentales corre paralela a la pérdida de energía de los estados debido a la multiplicación de las protestas. Sólo en Londres en marzo pasado un millón de personas salieron a las calles para decir no al Brexit, o por temor a las consecuencias de que Gran Bretaña abandone la UE.

Cuando tal caos social empieza a afectar simultáneamente a diferentes países, significa que algo se encuentra atascado a un nivel muy profundo. Y pese a todo, incluso en la peor situación de entropía, de desorden social, siempre hay un elemento que se autocataliza para encontrar un orden (Stuart Kauffman, En casa en el Universo: la búsqueda de leyes de autoorganización y complejidad).

Las manifestaciones en Argelia comenzaron contra el gobierno y la mafia que lo apoya. No hay un reclamo claro, pero hay una dirección muy precisa. El movimiento iraní, nacido en Mashhad en diciembre de 2017 debido al aumento del precio de los huevos, llegó al extremo de atacar oficinas de policía así como a políticos moderados y conservadores. Estas manifestaciones son impulsos antiformistas, tal como se explica en "El curso a seguir" (Prometeo Nª 1, julio de 1946). El modo de producción capitalista era antiformista respecto de las formas precapitalistas y las destruyó. La burguesía hizo estallar un cierto orden de la sociedad para liberar las fuerzas productivas encadenadas por las relaciones de producción anteriores. Hoy el capitalismo ya no tiene ninguna tarea destructiva que realizar contra el pasado y ha perdido todo ímpetu. La revolución burguesa se refería a la emancipación de una clase que no tenía la libertad política que necesitaba, mientras que la próxima revolución es humana y será llevada a cabo por una clase que, aboliendo todas las clases, también se abolirá a sí misma.

Otro aspecto interesante abordado en el "El curso a seguir" se refiere al posicionamiento del proletariado en la lucha contra el viejo modo de producción: cuando la burguesía era antiformista, se preveía que el proletariado lucharía a su lado en pos de sus propios fines (Manifiesto del Partido Comunista), favoreciendo de este modo el colapso del antiguo régimen. Ahora, cerrado para siempre el ciclo de la lucha revolucionaria burguesa, no se prevé ninguna lucha del proletariado junto a la burguesía, que representa por el contrario el antiguo régimen contra el cual luchar. La burguesía misma se niega a pasar de la fase revolucionaria a la de estabilización demo-fascista. Y dado que no podemos volver atrás, estamos avanzando rápidamente hacia la desintegración del mundo capitalista. La clase dominante, con el colapso del sistema de partidos y sindicatos, ya no puede mantener vinculada a sí misma al resto de la sociedad. La desafección hacia las instituciones, el aumento del abstencionismo, la crisis en la que se debaten todas las estructuras de control social, deben considerarse como una parte de la trayectoria histórica de la burguesía, que está llegando a su fin.

Las motivaciones que han dado origen a los movimientos recientes son producto de un modo de producción que inexorablemente pierde energía. El aumento en el precio de los productos básicos puede, por ejemplo, socavar una situación social ya de por sí frágil. En Egipto las protestas empezaron en la plaza Tahrir y desembocaron en una huelga en los distritos textiles, sin que se hubiese esparcido la noticia de lo que estaba sucediendo, ante lo cual la policía reaccionó con una terrible violencia, al igual que en Mahalla, donde ocurrió una huelga general que el Gobierno puso bajo la acusación de terrorismo.

El vínculo entre la situación social y el hecho de que se manifieste de determinada manera resulta evidente en los disturbios de los suburbios franceses, donde se incendiaron automóviles, escuelas, estaciones de policía y, sobre todo, los centros de integración social que tenían la tarea de romper la comunitarización. El gran problema real que tienen que enfrentar los estados tiene que ver con que poblaciones enteras no tienen un futuro laboral (debido a la automatización de los procesos de producción), y es normal que salgan a la calle contra el estado actual de las cosas. Desde hace algunos años la clase media, que actuaba como amortiguador entre el proletariado y la burguesía, ha estado desapareciendo en Estados Unidos y en Europa. El sistema por su parte puede tolerar la polarización de los ingresos si es transitoria, pero el capitalismo no puede sobrevivir solo gracias a un Estado que estimule el consumo a través de ingresos de ciudadanía, o con los padres manteniendo a sus hijos desempleados. Si no se produce nuevo plusvalor, sectores enteros de la población no consumen y, por lo tanto, evitan que el capital pueda seguir reproduciéndose.