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Cimarronas
En 1889 tuvo un papel destacado en el Congreso de fundación de la Segunda Internacional como delegada de las trabajadoras de Berlín, siendo una de las --tan solo-- cinco mujeres presentes entre 400 delegados. A contracorriente de muchos socialistas que veían el ingreso de las mujeres al mundo laboral como una amenaza, Zetkin batalló por igual salario a igual trabajo, el derecho al voto y la organización de las trabajadoras. Veía una relación estrecha entre la “cuestión femenina” y la “cuestión social”. Al mismo tiempo, pugnaba por una ruptura abierta con lo que llamaba el “feminismo burgués”, un movimiento que buscaba mejorar la posición social de las mujeres, sin impugnar las reglas del juego de la sociedad capitalista.
Desde 1892 dirige la revista La Igualdad (Die Gleichheit). Amiga y colaboradora cercana de Rosa Luxemburgo. En la primera década del siglo Clara Zetkin milita en el ala izquierda del SPD y junto con Rosa Luxemburgo enfrentan las teorías revisionistas de Eduard Bernstein.
La Tercera Conferencia Internacional de mujeres estaba programada para abril de 1914, pero no pudo realizarse. Los acontecimientos se aceleraron y la guerra dividió a la clase obrera europea. La lucha contra la masacre imperialista encontró a Zetkin en primera fila junto a Rosa Luxemburgo. Junto a otros camaradas formaron la Liga Espartaco y editaron la revista La Internacional.
En marzo de 1915 Zetkin organizó una Conferencia Internacional de Mujeres contra la Guerra, que contó con 25 delegadas de los países beligerantes. Por su defensa de los principios internacionalistas fue acusada de “traición” y encarcelada a su regreso a Alemania.
En 1917 tanto Rosa como Clara recibieron con entusiasmo las noticias de la Revolución rusa y participaron activamente de la Revolución alemana de 1918. El 29 de enero de 1919, tan solo 14 días después del asesinato de Rosa Luxemburgo, Zetkin fue la primera mujer en hablar en un Parlamento alemán, donde denunció al gobierno socialdemócrata por aniquilar la revolución. Los años siguientes formó parte del Partido Comunista, aunque se enfrentó a su Comité Central por diferencias políticas.
En la Tercera Internacional, lideró la Internacional de las Mujeres Comunistas, hasta su disolución en 1925. Sus conversaciones con Lenin sobre la cuestión de las mujeres están reflejadas en sus Recuerdos de Lenin.
Entre 1922 y 1933 ejerció como diputada en el Reichstag --aun cuando vivía en Moscú gran parte del tiempo--. Su mal estado de salud la aisló por momentos de los debates políticos, y si bien nunca se opuso públicamente al estalinismo, en cartas privadas expresó su gran malestar con un régimen donde todo pensamiento crítico era perseguido.
A los 75 años presidió la apertura de sesiones del Parlamento alemán. Bastante enferma, hizo acopio de toda su energía para brindar su último alegato: contra el capitalismo y contra el fascismo, llamó a formar un “frente único” de toda la clase trabajadora. Aun cuando ella no se identificaba con el término “feminista”, la historia del feminismo socialista la cuenta entre sus más importantes precursoras.
