Hackear a Peter Thiel - Revista Anfibia (2/2)
Ernesto Picco
Los expertos argentinos que trabajan en tecnología se alertaron primero en julio de 2024, cuando el ministerio de Seguridad anunció en el Boletín Oficial la creación de la Unidad de Inteligencia Artificial Aplicada a Seguridad (UIAAS). El organismo se presentó con capacidades como el monitoreo de fuentes abiertas en tiempo real o la utilización de herramientas de reconocimiento facial. Ni la resolución ni las autoridades comunicaron qué empresa iba a llevar adelante la tarea ni con qué software.
Distintas organizaciones de la sociedad civil y periodistas presentaron pedidos de acceso a la información pública, pero la mayoría no fueron contestadas. La Fundación Vía Libre obtuvo una respuesta: “Nos dijeron que se estaban evaluando las tecnologías, pero que no había nada concreto en compras”, contó Beatriz Busaniche, su directora ejecutiva.
La segunda alerta fue cuando se publicó el decreto de Inteligencia 941/2025, que creó la Comunidad Informativa Nacional, con la capacidad de reunir información de distintos organismos públicos y ponerlos a disposición de la SIDE. “Todavía no conocemos si existen contratos con Palantir, pero si se consideran los antecedentes de la empresa y con quiénes trabaja, acá tiene una oportunidad más que interesante”, dijo Sabina Frederic, antropóloga y exministra de Seguridad de la Nación.
Por último, en mayo de 2026, con Thiel ya instalado en la Argentina, el ministerio de Capital Humano de Sandra Pettovello publicó en sus redes un video futurista para lanzar el Gemelo Digital Social con la promesa de utilizar inteligencia artificial para integrar datos y “anticipar” políticas públicas. El diputado Juan Marino presentó una solicitud de acceso a la información. La respuesta lo sorprendió: el Gobierno contestó que, por ahora, no hay nada concreto, que apenas fue un anuncio.
La preocupación sobre los datos avanza en una doble vía: por un lado, quién y con qué criterios los administra y, por el otro, quién los controla. El embajador de Estados Unidos Peter Lamelas dejó en claro el interés sobre el tema cuando presionó a la cooperativa eléctrica CALF, de Neuquén, para evitar que contraten con la empresa china Huawei.
De hecho, en febrero, Argentina firmó el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíprocos (ARTI) y, en junio, se adhirió a la Pax Silica, impulsada por Jacob Helberg, subsecretario de Estado de Trump y, no casualmente, ex asesor de Palantir.
Se trata de dos instrumentos distintos, pero complementarios: el acuerdo comercial establece que se reconoce a Estados Unidos como una jurisdicción adecuada para la transferencia internacional de datos personales, lo que facilita que empresas de aquel país puedan almacenar, procesar y transferir datos desde Argentina; mientras que Pax Silica plantea una lógica de cadenas de suministro tecnológicas “confiables”, en la que el trumpismo busca articular con naciones aliadas para desarrollar infraestructura y tecnologías estratégicas, especialmente vinculadas con inteligencia artificial, semiconductores y energía, y reducir la dependencia de proveedores considerados riesgosos.
Becas, redes y unicornios
En la home de Thiel Fellowship, la fundación que otorga becas de 250 mil dólares —exactamente el mismo número con el que nació Paypal— a jóvenes de todo el mundo, puede leerse una regla de oro que en Sillicon Valley todos conocen. Los que se candidatean tienen que hacer un sacrificio. Y los ganadores son un grupo muy selecto de promesas que al día de hoy no superan los 300.
En la web se lee: “¿Necesito abandonar mis estudios para aceptar la beca? Sí”. Esta sentencia se basa en la idea muy repetida por Thiel de que “las universidades hoy son tan corruptas como la Iglesia católica del medioevo”. Alguien que conoce bien a ese hombre y a la Thiel Fellowship es el argentino Wenceslao Casares, un nombre tal vez no tan famoso en su propio país pero que en el mundo tecno es una eminencia global.
Casares es un emprendedor tecnológico chubutense que en 1994 armó “Internet Argentina S.A”, el primer proveedor de servicios de internet que tuvo el país. Hizo una carrera en ascenso en el mundo digital y en 2011 se instaló en Silicon Valley donde creó empresas exitosas como la billetera virtual Lemon Wallet, entre otras. Casares fue miembro del directorio de Paypal desde 2016 a 2020 y, al día de hoy, es considerado la tercera persona con más Bitcoins en todo el planeta. Tiene una relación con Thiel, revelada en junio de este año por la hacktivista suiza Maia Arson Crimew, cuando publicó en Wired que Casares era una de las 222 personas ultra influyentes del jet set global que son parte de Dialog, una sociedad secreta fundada por Thiel en 2006 en la que también está Marcos Galperín de Mercado Libre.
Dialog organiza periódicamente retiros para sus miembros, en los que arma paneles sobre temas diversos, desde la creación de sectas y la vida sexual de la élite, a la preparación para la Tercera Guerra Mundial.
Por eso es que a Casares se le prendieron todas las alarmas cuando su hijo, Diógenes, empezó a coquetear con la idea de obtener una beca Thiel. El 22 de marzo de 2024 la fundación anunció los 20 seleccionados para la beca de ese año y Diógenes Casares estaba en la lista: usó los 250 mil dólares para invertir en su startup Stream Finance y, tal como lo pedía el sacrificio para ser miembro, dejó sus estudios. Aquel era el gran temor de su padre. Y no se lo tomó para nada bien.
En Silicon Valley se repite esta anécdota: Casares padre fue con un bate hasta la puerta de la casa de Thiel y le rompió su auto, un Tesla, a puro golpe. En el entorno de Casares minimizaron el conflicto durante la investigación: dijeron que Wenceslao y Peter tuvieron una discusión “a las puteadas”, pero que el resto es mito.
Lo cierto es que hay varios argentinos a los que Thiel cobijó bajo su ala. Además de Casares junior, también recibió la beca Ignacio Belieres Montero, fundador de Epic Aerospace, una startup de remolcadores espaciales que trabaja para situar en su órbita exacta a pequeños satélites.
Además, Belieres Montero es uno de los jóvenes empresarios favoritos del mileismo. A fines de 2024, la secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, que depende de jefatura de Gabinete de la Nación, “se comprometió a ayudar a este emprendimiento argentino” y, en febrero de 2025, “celebró un convenio de cooperación junto a Epic Aerospace, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y la empresa de servicios tecnológicos Veng, para impulsar la colaboración público-privada en materia de investigación y desarrollo de tecnología y ciencia espacial”, según consta en el sitio oficial.
En mayo, LetraP publicó que el gobierno modificó los criterios de contratación para lanzar una licitación internacional impulsada por la CONAE para la puesta en órbita de un nuevo satélite argentino. Según el artículo, en el sector se habla de un pliego que podría favorecer a la startup que creció gracias al dinero de Thiel.
Además de la beca, Thiel colabora con proyectos en todo el mundo a través de Founders Fund, su empresa de capital de riesgo. Uno de los seleccionados aceptó conversar en off por teléfono. Nos confesó que cree que lo eligieron por haber sido un adolescente disruptivo y porque su proyecto tiene potencial para escalar a nivel regional y copar todo el mercado. “¿Viste lo que dice en su libro sobre los monopolios? Esos son los negocios que le interesan a Thiel”, aseguró. Acá hay otra curiosidad: uno de los socios del fondo es, desde 2018, Matías Van Thienen, argentino, que oficia como el intermediario entre la empresa y los seleccionados de la región. Y también como algo más: Van Thienen fue parte de la reunión en la Rosada entre Milei y Thiel.
En 2017, cuando Palantir intentó quedarse con los archivos de la AMIA, su gente tuvo un intento de acercamiento a la Argentina por otro carril. En julio de ese año se conoció que Facundo Garretón, entonces diputado tucumano de Juntos por el Cambio, tenía intenciones de vender InvertirOnline, la plataforma de inversiones financieras que prometía ser el próximo unicornio nacional. Según contó La Nación, había tres interesados: “Banco Itaú, la argentina Puente, y un fondo californiano de capital de riesgo relacionado con Ken Howery”.
Howery fundó, junto a Thiel, Paypal y Founders Fund. También es uno de los máximos exponentes del fenómeno que en Estados Unidos se denomina revolving door (puerta giratoria), y describe la designación en cargos públicos estratégicos de altos mandos de las tecnológicas de Silicon Valley quienes, una vez que cumplen su mandato, regresan al sector privado. Howery fue el embajador estadounidense en Suecia entre 2019 y 2021, durante la primera presidencia de Donald Trump, y en octubre de 2025 regresó a la función diplomática como embajador en Dinamarca. Todo tiene que ver con todo: en Groenlandia, que depende de este país —y que fue amenazada con ocupación militar por parte de Trump—, es donde Thiel soñó con hacer “Praxis”, un nuevo Próspera.
InvertirOnline quedó, finalmente, en manos de Grupo Supervielle. Sin embargo, el dato sirvió para conocer otro de los circuitos que funciona para que los gigantes tecnológicos expandan su influencia internacional: el Young Global Leaders (YGL), una plataforma impulsada por el Foro Económico Mundial, gracias a la cual Garretón logró un vínculo profundo con Howery.
“No soy amigo de Thiel. Lo conocí una vez hace bastante tiempo en San Francisco a través de Ken, con quien sí tengo buena onda. Incluso, viajamos juntos alguna vez”, contó para esta investigación Garretón, quien abandonó la política y hoy está al frente de Terraflos, una compañía biotecnológica que combina inteligencia artificial con agricultura celular para desarrollar compuestos destinados a la salud, el bienestar y la longevidad preventiva.
Los miembros del YGL pueden provenir del sector público o privado y no existe un proceso de inscripción, sino que cada nombre debe ser propuesto por alguien que haya pasado por el programa y luego ser evaluado por las autoridades de la plataforma.
Formar parte significa, sobre todo, acceder a una red de contactos de élite. El YGL seleccionó a otros argentinos a lo largo de los años. En la lista aparecen cuatro dirigentes que ocuparon cargos durante el macrismo: Esteban Bullrich (senador), Eugenio Burzaco (ministro de Seguridad de la Ciudad) y Sebastián Kind (subsecretario de Energías Renovables de la Nación). Entre los políticos también figuran el actual senador Martín Lousteau, que formó parte de la coalición Juntos por el Cambio. “Me eligieron en 2008, pero nunca usé la red para nada”, respondió cuando fue consultado.
Usar la red sirve para tejer contactos. Sólo basta con buscar los nombres de los empresarios regionales que forman parte para advertir que se trata de un circuito pequeño en el que todos se conocen. Por ejemplo, en su cuenta de LinkedIn, Garretón contó que, en el marco del Young Global Leaders, compartió un viaje a la Patagonia con Felipe Kast, senador chileno y sobrino del presidente José Antonio Kast. Kast —y también el empresario argentino Alejandro Malgor— forman parte del directorio de Libertad Capital, un fondo de private equity con raíces en Mendoza que apunta a recaudar 50 millones de dólares para invertir en sectores estratégicos como la energía y al que se sumó, en febrero, Martín Varsavsky, un argentino que forma parte de la elite de Silicon Valley y que acaba de ser noticia internacional por su búnker mendocino Wamani.
¿A qué le teme Peter Thiel?
Hay otra particularidad de Milei que a Thiel le debe interesar. De todos los presidentes del planeta, sólo uno puede considerarse ganador de una batalla que nadie antes ganó en la historia de la humanidad: la batalla contra la muerte.
El presidente libertario está convencido de que su perro Conan, al que adoptó en 2002, reencarnó en el clon que mandó a hacer en 2018. Esa combinación de ciencia más vida eterna es lo que se conoce como “transhumanismo”: un movimiento muy popular en el 1% de la elite global, que sostiene que la tecnología podrá lograr alargar la vida hasta límites insospechados. Thiel ha dicho en declaraciones públicas: “La muerte es un mal y no deberíamos aceptarla. No hay que tratar a la muerte como algo natural: hay que luchar contra ella”.
Es que el dueño de Palantir no es sólo un tecnomagnate que intenta diseñar el futuro del capitalismo. También tiene todo un costado entre sobrenatural y futurista. Es uno de los grandes aportantes de la Fundación Matusalén —el nombre es por el personaje bíblico que vivió casi mil años— dedicada a extender la vida humana. “Hacer que los noventa sean los nuevos cincuentas para 2030”, es su lema.
Thiel es un ferviente seguidor de esas ideas: en varios reportajes contó que estaba “investigando” la parabiosis (el intercambio de sangre joven a organismos mayores), algo que muchos en Silicon Valley creen que ya está haciendo.
También se registró en la fundación Alcor Life Extension para que lo congelen cuando muera, con la esperanza de que la tecnología del futuro lo reviva.
Y al mismo tiempo invirtió en Minicircle, una empresa que ofrece inyecciones de ADN para ralentizar el crecimiento, que no casualmente está en Próspera. Este es tal vez el capítulo más polémico de esa ciudad privada: con su sistema de reglas propio, este experimento en Honduras tiene menos regulaciones que la FDA estadounidense, lo que la convierte en uno de los lugares más buscados del planeta para la experimentación médica.
El temor de Thiel a la decrepitud del cuerpo se combina con otro de sus grandes miedos: “Hay sólo 50% de chances de que la humanidad llegue a ver el fin de este siglo”, es una de sus frases cabecera.
Está convencido de que, más temprano que tarde, va a estallar una guerra mundial, un apocalipsis del que suele culpabilizar al Anticristo, al que describe como una especie de dictador woke.
A esa figura la ha emparentado, a modo de ejemplo, con la activista Greta Thunberg y, más recientemente, al papa León XIV. Esto ocurrió luego de que el sucesor de Francisco presentara en mayo su primera encíclica, “Magnifica Humanitas”, en la que abiertamente planteaba “desarmar la IA, sustraerla de la lógica de la competencia militar e impedirle el dominio sobre lo humano”.
Por si el destinatario de esa declaración no había quedado del todo claro, el Sumo Pontífice le agregó una cita de El Señor de los Anillos a su obra: Palantir debe su nombre a las “piedras videntes” del clásico de Tolkien. De hecho, la obsesión de Thiel con esa obra es tal que a poco de llegar a Barrio Parque mandó a empapelar los cuartos de sus dos hijos con imágenes de la película.
La posibilidad del fin de los tiempos es un temor creciente en Thiel. El New York Times contó que ese fue el único tema del que habló cuando invitó a un grupo selecto de economistas argentinos a su casa. Y un íntimo amigo de Grabois entrevistado para nuestra investigación dice que, además de lo que contó el dirigente en varios reportajes —ha dicho que la cita giró alrededor de la encíclica papal—, también la figura del Anticristo llegó a la mesa. “Juan se quedó muy preocupado”, asegura esta persona.
Tal es la atención que le da Thiel al eventual fin de los tiempos que cada vez que se mueve por el mundo se sospecha que está buscando un posible refugio en caso de un estallido nuclear.
Cuando pasó por Nueva Zelanda en 2011 compró terrenos y el gobierno le dio una discutida ciudadanía. En Uruguay hay reportes de que compró uno en las afueras de Punta del Este, mientras que en Argentina volvió a circular la misma historia. En este suelo hay un adicional: Martín Varsasky, que ya apareció en esta historia, es socio de Alec Oxenford, uno de los nexos entre Thiel y Milei, en el refugio Wamani.
En diciembre de 2023 Varsavsky y Oxenford compraron 32 mil hectáreas en San Carlos, un pequeño departamento en Mendoza, a casi 200 kilómetros de la ciudad más cercana. Desde entonces, el empresario, muy cercano a Milei —el único que publicó fotos de la “Sala Conan”, el lugar de la Quinta de Olivos donde el libertario guarda algunos estrambóticos cuadros en los que aparece personificado como la reencarnación de Moisés—, habló de ese gigantesco campo como un refugio ante una guerra mundial. Una reciente nota del Financial Times sobre ese experimento causó tanto revuelo que el empresario salió a modificar su versión original para decir que cuando hablaba de refugio lo hacía casi en términos metafóricos.
Martín Varsavksy, ideólogo del proyecto Wanami
Con la condición de que su nombre no figurara en esta investigación, un joven empresario que conoce a algunos de los socios de Varsavsky en Wanami contó: “La idea empezó como una cosa de amigos, entre ellos, pero lo hicieron. Todos los que están en cierto nivel están armando sus búnkers así que si explota una guerra tienen dónde refugiarse”.
¿Thiel estará pensando en algo parecido? No sólo le teme a la muerte o a la catástrofe. Tal cual revela el manifiesto de Palantir o las últimas dos décadas de debate público del magnate, el avance del Islam lo preocupa.
“Buenos Aires es la última ciudad europea, lo más cercano que tenemos a la Europa que fue”, dijo Weinstein en Buenos Aires. En una charla con el conductor Tomás Rebord, Grabois dio a entender que había hablado de lo mismo con Thiel: “La gente ultra rica del mundo dice que Argentina es el último país europeo del mundo. Y lo dicen porque no hay paquistaníes, negros ni musulmanes”.
Argentina, claro, podría llegar a ser otro tipo de refugio para el magnate. “A todos los billonarios del mundo que quieren huir de países cada vez más regulados, con mayores impuestos y Estados que persiguen a sus ciudadanos, les queremos decir que son bienvenidos a Argentina”, dijo Manuel Adorni, cuando todavía era jefe de Gabinete, en una especie de bienvenida a Thiel.
Era un centro a la cabeza del magnate: el hombre viene más que preocupado con las presiones populares en Estados Unidos para gravar más impuestos a los megamillonarios, y con unas elecciones legislativas a la vuelta de la esquina que serán difíciles para Trump.
“No puedo decidir aún si dejar el estado o el país”, había dicho en 2024, cuando estas ideas impositivas empezaban a tomar vuelo. Este año pinta peor: el 3 de noviembre se celebrará en California —el lugar donde el tecnomagnate vive cuando no está en Dardo Rocha o en otra parte del planeta— el “Billionare Tax Act”, un referéndum popular para gravar o no un impuesto único del 5% sobre el patrimonio de personas con más de 1.000 millones de dólares. En enero, Thiel donó tres millones de dólares a California Business Roundtable, un comité que busca frenar esa medida.
De todas las personas que tuvieron algún contacto directo con Thiel sólo una reveló en público los aparentes motivos del tecnomagnate para viajar al fin del mundo. Fue, sorpresivamente, el chileno Johannes Kaiser. “Me dijo que está buscando invertir en minería, no en minería de datos sino en minería, tanto en Argentina como en Chile, países de los que está muy interesado en su futuro”, contó el libertario, hermano de Axel, un intelectual muy cercano a Milei.
Thiel estuvo en el país vecino en los primeros días de mayo, poco después de desembarcar en Argentina. Esa visita había sido de incógnito hasta que José Piñera, hermano del ex presidente Sebastián y uno de los ministros más importantes de la dictadura de Augusto Pinochet, subió una improvisada selfie a sus redes. Eso causó un tembladeral político, ruido que terminó con el Gobierno confirmando que el dueño de Palantir había llegado a reunirse con José Antonio Kast en la Casa de la Moneda.
Antes de volver a Barrio Norte, Thiel pasó por Paraguay, donde se reunió con el presidente Santiago Peña.
Lo que adelantó Kaiser —quien también reveló que Thiel “estaba muy crítico del sistema democrático”— ya empezó a cumplirse. El 14 de de agosto, el fondo Thiel Macro LLC presentó un Formulario 13F ante la Securities and Exchange Commission (SEC) para informar su desembarco como inversor en Vista Energy, la petrolera fundada por Miguel Galuccio, el primer presidente y CEO de YPF luego de ser reestatizada durante el gobierno de Cristina Fernández.
Con esta operación, Thiel adquirió cerca del 1% de Vista Energy, en lo que fue su primera inversión formal en Argentina, más allá de la casa en Barrio Norte. Al cierre del segundo trimestre, esa participación tenía un valor de unos US$76 millones. La noticia se conoció a través de los medios especializados y no fue informada por las partes. Apenas trascendió, se produjo un salto de más del 5% en la cotización de la compañía de Galuccio en Nueva York.
Miguel Galuccio y Vista Energy sirvieron a Thiel para hacer pie en Argentina
Thiel Macro LLC está lejos de ser un inversionista determinante en el rumbo de Vista Energy. Sin embargo, cuando se observan las ocho compañías declaradas de la cartera, la operación adquiere otra relevancia: Vista Energy —que a diferencia de otras empresas como YPF, Pampa Energy o Pan American, es la única dedicada 100% a Vaca Muerta— se convirtió en la segunda mayor posición del fondo, sólo detrás de Amazon, y es la única no estadounidense del listado.
Thiel mantuvo en Buenos Aires un encuentro de más de una hora con Galuccio, según trascendió a la prensa y se pudo verificar para esta investigación. Si la inversión se concretó antes o después es un misterio. Los temas de conversación, también. En el entorno del empresario el hermetismo es absoluto.
Invertir en una empresa dedicada al shale oil en Vaca Muerta puede resultar atractiva para alguien como Thiel porque permite vincular dos negocios estratégicos: la producción de hidrocarburos y la infraestructura digital.
Una petrolera que aumenta su producción de petróleo también genera mayores volúmenes de gas asociado, que puede convertirse en una fuente de energía para abastecer a proyectos de generación eléctrica, entre otros el minado de criptomonedas, una de las crecientes obsesiones de Thiel. “Si la inteligencia artificial es comunista, la cripto es libertaria”, suele repetir el tecnomagnate.
Verónica Robert, especialista en economía de la innovación e investigadora del Conicet, explica que en este sector “las condiciones climáticas, el recurso hídrico y la conectividad son fundamentales, pero lo que más se busca es energía barata”. La disponibilidad energética es clave para la instalación de data centers o infraestructura para la exportación de capacidad de cómputo.
Para Robert una pista de qué puede estar buscando Thiel en la Patagonia se puede rastrear en la última entrevista que dio Emiliano Kargieman, cofundador y CEO de Satellogic: el empresario sostuvo que Argentina debería aprovechar sus recursos energéticos para producir y exportar activos intangibles. “Uno podría pensar en una vertical de exportación argentina real de decenas o cientos de miles de millones de dólares de cómputo”, dijo a La Nación.
Kargieman defendió el RIGI y el Súper Rigi para “convencer” a los grandes inversores. Thiel ya parece haber dado el primer paso.
Una sola persona con llegada a Peter Thiel aceptó responder preguntas para esta investigación. Sobre la relación con el presidente, aseguró: “Thiel recolecta personajes, y Milei es un personaje”.
Aseguró, además, que Thiel está “fascinado” con el libertario y no le sorprende que no le haga ruido que Milei haya comparado en Davos la homosexualidad con la pedofilia. “Es un hombre que vive de una manera que parece contradictoria, casi imposible y es capaz de apoyar a gente que está en contra de las ideas en las que él verdaderamente cree”, sostuvo nuestro informante.
Thiel busca “intellectual stimulation”, según la misma fuente. Al parecer, le gusta la conversación, imaginar y llevar las ideas a extremos que la gran mayoría podría considerar inconcebibles. Milei llegó a decir que no veía mal que un hombre se cortara el brazo para darle de comer a su familia.
En términos políticos, aseguró que al magnate le interesa el “tinkering with”, es decir, experimentar con el funcionamiento de los gobiernos y probar formas alternativas de organización política; y el “seasteading”, la idea que ya vimos sobre la creación de comunidades autónomas en el mar, fuera de las estructuras tradicionales de los Estados.
Thiel fue anunciado como uno de los principales oradores de la convención de Vientos de Cambio
Esta persona cree que Thiel no tiene más intenciones que esa y es escéptico con la idea de que el tecnomagnate esté pensando en crear una “mini Argentina”. Sus antecedentes, sin embargo, generan dudas.
Thiel se mueve como un todopoderoso. Estaba listo para participar como principal orador de la conferencia Vientos de Cambio en Buenos Aires y hacer una aparición pública mucho más visible y arriesgada. Pero tuvo que retroceder. Mientras algunos líderes políticos lo celebran, en las calles ya es un enemigo declarado.
Los libertarios lo recibieron con los brazos abiertos, pero también los conservadores que forman parte de La Libertad Avanza. Por lo bajo, con un audio configurado para autodestruirse después de ser escuchado, un dirigente de derecha muy vinculado a la Iglesia Católica manifestó su desconfianza. El transhumanismo causa estupor en este sector, pero todavía no es tiempo de decir nada. El 2027 está demasiado cerca.
En la oposición, salvo contadas excepciones, hay silencio sobre Thiel. Una parte de la clase política no entiende cuál es la discusión que quiere dar el tecnomagnate y otra se entusiasma con la llegada de inversiones que promete el sector tecnológico. Los anuncios de data centers, y las promesas del derrame que llegará por la explotación de litio del NOA, de la energía de Neuquén o del uranio en Chubut, por poner algunos ejemplos, funcionan como anzuelos para un amplio espectro de la clase política.
Los Gandalfs del Sur frente a la casa de Peter Thiel
Hasta ahora, el dueño de Palantir encontró pocos obstáculos. Uno de ellos es el periodismo, que le montó una guardia para llegar a tener una pista de sus movimientos, llevó al mundo la noticia del cierre de la sala de prensa de Casa Rosada y lo sigue investigando.
Thiel entiende la información también como propiedad privada y no son casuales su hermetismo y su sed de datos. Quizás haya sintonizado con Milei en su odio a los periodistas e imagine un mundo sin ellos.
También encontró límites en la sociedad civil, que todavía es fuerte en Argentina. Decenas de representantes de organizaciones sociales participaron en audiencias en el Congreso para impedir proyectos como Súper RIGI o la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y lograron demorarlos o cambiar artículos clave. Y luego estuvo el triunfo de los Gandalf del Sur, que lo escracharon en la puerta de su mansión y lo llevaron a bajarse de la conferencia Vientos de Cambio.
Al cierre de esta investigación, nadie sabe cuántas ganas tiene Peter Thiel de irse o quedarse en Argentina. No sabemos si el futuro que imagina será el nuestro. Su armado con intermediarios, enviados, enlaces, y empresas montadas unas sobre otras, está por ahora sólido y en marcha. Entre tanto misterio, hoy es un poco más visible.
27/08/26.