Situación en torno al pacto alimentario
Cancillería de Rusia
Como se sabe, Rusia consintió en prolongar por dos meses la iniciativa del mar Negro en materia de exportación de alimentos ucranianos. En consecuencia, el acuerdo estará en vigor hasta finales del ciclo de 120 días previsto (hasta el 17 de julio inclusive), luego, según estipula el documento, puede terminarse en caso de objeción de una de las partes (Rusia, Türkiye o Ucrania).
Prácticamente justo después se había decidido prolongar la iniciativa, los occidentales y los ucranianos se pusieron a demandar no simplemente continuar el tráfico marítimo, sino también aumentar y expandir las exportaciones ucranianas. Con el apoyo de la ONU, se recurrieron habitualmente a las tesis trilladas sobre la seguridad alimenticia, la lucha contra el hambre y la ayuda a los países necesitados.
Al mismo tiempo, Kiev declara sin vergüenza y de manera ostentosa sobre sus “intereses comerciales, ganancias para los negocios ucranianos e importantes ingresos tributarios para la economía militar”, incluso en el contexto de los posibles suministros de alimentos a los países africanos en el marco de la notoria campaña propagandística de Zelenski “Grano de Ucrania” (“Grain from Ukraine”).
Tienen el mismo carácter las demandas de los ucranianos de obtener “algunos extras beneficios”, incluso añadir nuevos puertos en la iniciativa y ampliar la nomenclatura de las cargas exportadas a cambio del posible desbloqueo del conducto de amoniaco Togliatti-Odesa. Al mismo tiempo, afirman inapelablemente que los parámetros del acuerdo existentes supuestamente no prevén el tránsito y la exportación del amoniaco.
Mientras tanto, el inciso 3 de la iniciativa del mar Negro establece claramente que se debe “contribuir a la navegación segura para exportar los granos, alimentos y fertilizantes, incluido el amoniaco, de los puertos de Odesa, Chernomorsk y Yuzhni”. Formalmente, esto significa la exportación de los productos, los granos ucranianos y el amoniaco ruso (la Planta Portuaria de Odesa sigue almacenando 24.000 toneladas de amoniaco que fue esencialmente robado de nosotros y que los ucranianos no dejan exportar), que ya existieron en los puertos en el momento de la firma del acuerdo. Aunque el transito del amoniaco, así como la importación de nuevas porciones de granos, no estén establecidos en forma literal, sino se implican por la lógica del acuerdo. En cuanto a los granos, dichas cosas se han puesto en práctica y siguen realizándose hoy, pero el caso del amoniaco sigue sin progresar.
A partir de eso, surgen preguntas legítimas: ¿por qué los alimentos ucranianos siguen exportándose con éxito, y el amoniaco ruso no se va del puerto Yuzhni? ¿Entonces, en qué convino el Secretario General de la ONU en Kiev el pasado 8 de marzo y qué significan sus sugerencias correspondientes, si los suministros de esta materia prima clave para los abonos todavía están sujetos a las infinitas solicitudes adicionales de los ucranianos? ¿Dónde están todos los partidarios de la seguridad alimenticia que abogan tanto por la exportación del maíz y otras culturas forrajeras ucranianas, pero guardan silencio cuando bloquean los suministros del amoniaco ruso que se requiere para producir alimentos para hasta 45 millones de personas, sobre todo, de los países africanos?
Simultáneamente, aquellos mismos activistas de Washington, Bruselas y Londres, razonando sobre las amenazas del hambre y ayuda a los necesitados, siguen imponiendo sanciones, incluso contra las exportaciones agrícolas rusas. No ocultan que no buscan ayudar al Secretario General de la ONU en sus esfuerzos integrales por “elaborar y coordinar las medidas globales en el marco del programa de respuesta a la crisis alimentaria”, como establece el Memorándum entre Rusia y la ONU sobre la normalización de los suministros de productos alimenticios y fertilizantes rusos en los mercados mundiales.
Así, el otro día, el representante del departamento diplomático de la UE, Peter Stano, declaró que Bruselas no tiene la intención de reconectar el banco ruso Rosseljozbank al sistema SWIFT. No hay avances en materia de otros (además del amoniaco y el SWIFT) problemas sistémicos, cuya solución está prevista por el Memorándum Rusia-ONU: suministrar piezas de repuesto y vehículos, normalizar la logística y seguros, descongelar los activos bancarios.
Al mismo tiempo, los occidentales, juntos y por separado, no desprecian engañar que sus restricciones presuntamente no se aplican a los fertilizantes y alimentos rusos. Ya estamos acostumbrados a ver tal hipocresía y doble rasero. Pero no puede sino causar asombro un desprecio tan flagrante y manifiesto hacia la ONU y personalmente a António Guterres que propuso el famoso paquete de acuerdos de Estambul.
En este contexto, devienen más paradójicos los comentarios públicos de los mismos representantes de la ONU que siguen exhortando de reata a que se continúe y hasta se expanda la iniciativa del mar Negro sin cualquier alarmismo o críticas sobre la completa falta del progreso en términos del Memorándum Rusia-ONU. Al mencionado comentario sobre la reconexión de Rosseljozbank al SWIFT, el portavoz del Secretario General de la ONU contestó ordinariamente que hay otras opciones de efectuar transacciones bancarias.
Por nuestra parte, destacamos: puesto que el amoniaco no va a través del puerto Yuzhni, hay otros puertos que todavía funcionan con nuestra asistencia exportando granos ucranianos. Si Rosseljozbank no está conectado a SWIFT y no avanza la implementación de otros problemas sistémicos que bloquean nuestras exportaciones de productos agropecuarios, entonces, habrá que buscar alternativas para la iniciativa del mar Negro también. Por ejemplo, los “corredores de solidaridad” terrestres promocionados por la UE, que se usan para exportar grandes cantidades de productos ucranianos, pero con costos interiores y exteriores mucho mayores.