Fuego y sangre
Los herederos del Dragón: Un asunto sucesorio
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A fin de prevenir conflictos ulteriores, y para poner fin a tan «viles rumores y vulgares calumnias», el rey Viserys decretó asimismo que la reina Alicent y sus hijos regresarían con él a la corte, mientras que la princesa Rhaenyra se quedaría confinada en Rocadragón con sus hijos. Desde entonces, ser Erryk Cargyll, de la Guardia Real, la serviría como escudo juramentado, mientras que Quebrantahuesos regresaría a Harrenhal.
Tales fallos a nadie pluguieron, nos relata el septón Eustace. Champiñón pone reparos: un hombre al menos quedó encantado con dichos decretos, ya que Rocadragón y Marcaderiva quedaban bien cercanos, y tal proximidad concedería a Daemon Targaryen muchas oportunidades de consolar a su sobrina, la princesa Rhaenyra, a espaldas del rey.
Aunque Viserys, el primero de su nombre, reinaría nueve años más, ya se habían sembrado las sangrientas semillas de la Danza de los Dragones, y el 120 d. C. fue el año en que empezaron a germinar. Los siguientes en perecer fueron los Strong mayores. Lyonel Strong, señor de Harrenhal y Mano del Rey, acompañó a su hijo y heredero, ser Harwin, en su regreso al gran castillo, casi en ruinas, de la orilla del lago. Poco después de su llegada, un incendio se declaró en la torre donde dormían, y murieron tanto el padre como el hijo, junto con tres miembros de su séquito y una decena de sirvientes.
La causa del fuego jamás se aclaró. Hubo quienes lo achacaron a la simple mala suerte, mientras que otros musitaban que la sede de Harren el Negro estaba maldita y no acarreaba sino la perdición a todo el que la poseyera. Muchos sospechaban que el incendio había sido provocado. Champiñón insinúa que fue cosa de la Serpiente Marina, como venganza contra el hombre que había puesto los cuernos a su hijo. En su versión, más verosímil, el septón Eustace sospecha del príncipe Daemon, que así se quitaba de encima a un rival por el afecto de la princesa Rhaenyra. Otro aventuró la idea de que Larys el Patizambo pudo ser el responsable. Puesto que su padre y su hermano mayor habían muerto, Larys Strong se convirtió en el señor de Harrenhal. La posibilidad más perturbadora la propuso nada menos que el gran maestre Mellos, que rumiaba que el mismísimo soberano pudo dar la orden. Si Viserys había acabado por dar crédito a los rumores sobre la paternidad de los hijos de Rhaenyra, muy bien podría haber deseado deshacerse del causante de la deshonra de su hija por temor a que, de algún modo, revelase la bastardía de sus hijos. De ser así, la muerte de Lyonel Strong habría sido un accidente desafortunado, ya que no se había previsto su decisión de acompañar a su hijo en el regreso a Harrenhal.
Viserys había llegado a depender grandemente de la fortaleza y los consejos de lord Strong, su Mano del Rey. Su alteza había alcanzado la edad de cuarenta y tres años y estaba bastante grueso. Ya no tenía el vigor de su juventud, y lo afligían la gota, los dolores articulares y de espalda, y una presión en el pecho que iba y venía y, con frecuencia, lo dejaba congestionado y con grandes dificultades para respirar. La gobernación del reino era una tarea abrumadora; tenía necesidad de una Mano fuerte y capaz para descargar en sus hombros parte de sus deberes.
Brevemente, consideró llamar a la princesa Rhaenyra. ¿Quién mejor para gobernar con él que la hija que deseaba que lo sucediera en el Trono de Hierro? Pero eso habría significado volver a trasladar a la princesa y a sus hijos a Desembarco del Rey, donde habrían sido inevitables más conflictos con la reina y su estirpe. También tuvo en cuenta a su hermano, hasta que recordó los períodos anteriores del príncipe Daemon en el consejo privado. El gran maestre Mellos sugirió nombrar a un hombre más joven y propuso a varios, pero su alteza prefirió contar con un conocido y convocó a la corte a ser Otto Hightower, el padre de la reina, que había ocupado el cargo anteriormente, tanto con Viserys como con el Viejo Rey.
Apenas había llegado ser Otto a la Fortaleza Roja para recibir la investidura de Mano, cuando llegó a la corte la noticia de que la princesa Rhaenyra había vuelto a casarse, tomando por esposo a su tío Daemon Targaryen. La princesa tenía veintitrés años; el príncipe Daemon, treinta y nueve.
El rey, la corte y el común se indignaron ante las nuevas. La esposa de Daemon y el marido de Rhaenyra no llevaban muertos ni medio año. Casarse tan pronto era un insulto a su memoria, según declaró su alteza, iracundo. El matrimonio se había celebrado en Rocadragón, repentina y secretamente. El septón Eustace afirma que Rhaenyra sabía que su padre jamás aprobaría los esponsales, de modo que se casó apresuradamente, a fin de que no pudiese evitarlo. Champiñón nos propone un motivo diferente: la princesa estaba grávida de nuevo y no deseaba dar a luz a un bastardo.
Así, aquel aciago año 120 d. C. acabó tal como había empezado, con una mujer pariendo un niño. La gestación de la princesa Rhaenyra tuvo un resultado más feliz que la de lady Laena. Cuando el año tocaba a su fin trajo al mundo un pequeño aunque robusto varón, un príncipe pálido de ojos violeta oscuro y pelo claro con vetas plateadas, al que llamó Aegon. El príncipe Daemon tenía al menos un hijo vivo de su propia sangre, y este nuevo príncipe, a diferencia de sus tres hermanos maternos, era un verdadero Targaryen.
Sin embargo, en Desembarco del Rey, la reina Alicent se enojó sumamente al saber que habían llamado Aegon al retoño, ya que se lo tomó como un menosprecio para con su propio hijo Aegon, y según El testimonio de Champiñón, justamente eso fue[7].
Sin duda alguna, el 122 d. C. habría sido un año gozoso para la casa Targaryen. La princesa Rhaenyra regresó al lecho paritorio y dio a su tío Daemon un segundo hijo, llamado Viserys en honor de su abuelo. Era más pequeño y menos robusto que su hermano Aegon y sus hermanos Velaryon, pero demostró ser de lo más precoz; si bien sucedió el infortunio de que el huevo de dragón depositado en su cuna no llegó a eclosionar. Los verdes lo consideraron un signo de mal agüero, y no eran tímidos a la hora de expresarlo.
Aquel mismo año, más adelante, en Desembarco del Rey se celebró también una boda. Siguiendo la tradición ancestral de la casa Targaryen, el rey Viserys casó a su hijo Aegon el Mayor con su hermana Helaena. El novio tenía quince años de edad; si bien haragán y algo mohíno, según nos dice el septón Eustace, poseía un apetito más que saludable. En la mesa era un glotón dado a libar cerveza y vino fuerte, y a magrear a cualquier criada que se pusiese a su alcance. La novia, su hermana, no tenía más que trece años. Aunque más regordeta y menos vistosa que la mayoría de los Targaryen, Helaena era una doncella agradable y feliz, y todos coincidían en que sería una buena madre.
Así fue, y enseguida. Apenas un año después, en el 123 d. C., la princesa de catorce años dio a luz a unos mellizos: un niño a quien llamó Jaehaerys y una niña a quien llamó Jaehaera. El príncipe Aegon tenía herederos propios, proclamaron eufóricos los verdes en la corte. Se situó un huevo de dragón en la cuna de cada infante, y pronto llegaron dos crías. Pero no todo marchó bien con los mellizos recién nacidos. Jaehaera era pequeña y crecía lentamente. No lloraba, no sonreía, no hacía nada de lo que debía hacer un bebé. Su hermano, si bien más grande y fuerte, tampoco era tan perfecto como se esperaba de un principito Targaryen; además, tenía seis dedos en la mano izquierda y en ambos pies.
Una esposa e hijos poco hicieron por refrenar los apetitos carnales del príncipe Aegon el Mayor. Si debemos creer a Champiñón, engendró dos bastardos el mismo año: un niño, de una joven cuya virginidad había comprado en una subasta en la calle de la Seda, y una niña, de una doncella de su madre. En el 127 d. C., la princesa Helaena dio a luz a su segundo hijo, que recibió un huevo de dragón y el nombre de Maelor.
Los otros hijos de la reina Alicent también habían crecido. El príncipe Aemond, pese a la pérdida del ojo, se había convertido en un diestro y temible espadachín bajo la tutela de ser Criston Cole, si bien continuó siendo un niño malcriado y caprichoso, de mal temperamento e implacable. Su hermano menor, el príncipe Daeron, era el más querido de los hijos de la reina, tan avispado como cortés, y guapísimo por añadidura. Cuando cumplió los doce años, en el 126 d. C., enviaron a Daeron a Antigua a servir como copero y escudero de lord Hightower.
Aquel mismo año, al otro lado de la bahía del Aguasnegras, la Serpiente Marina contrajo unas fiebres repentinas. Cuando se encamó, rodeado de sus maestres, surgió la cuestión de quién debía sucederlo como Señor de las Mareas y amo de Marcaderiva si el mal se lo llevaba. Puesto que sus dos hijos legítimos habían muerto, sus tierras y títulos debían pasar por ley a Jacaerys, su nieto mayor; pero, dado que seguramente ascendería al Trono de Hierro tras su madre, la princesa Rhaenyra propuso a su suegro que nombrase a Lucerys, su segundo hijo. No obstante, lord Corlys también tenía media docena de sobrinos, y el mayor de ellos, ser Vaemond Velaryon, protestó por que los derechos de herencia se lo saltasen, alegando que los hijos de Rhaenyra eran bastardos engendrados por Harwin Strong. La princesa no se demoró en responder a tal acusación: despachó al príncipe Daemon para prender a ser Vaemond, cortarle la cabeza y entregar su cadáver a Syrax para que lo devorase.
Sin embargo, ni esto puso fin al asunto. Los primos menores de ser Vaemond se desplazaron de inmediato a Desembarco del Rey, con la mujer y los hijos del difunto, para reclamar justicia y reivindicar sus aspiraciones ante los reyes. Viserys estaba sumamente gordo y congestionado, y apenas le quedaban ya fuerzas para subir por los peldaños del Trono de Hierro. Tras escucharlos en absoluto silencio, ordenó que les arrancasen la lengua a todos. «Os lo advertí —declaró mientras se los llevaban a rastras—. No quiero volver a oír esos embustes».
Pero al descender, su alteza dio un traspié y, al tratar de enderezarse, se rebanó la mano izquierda hasta el hueso con una hoja de espada que sobresalía del trono. Aunque el gran maestre Mellos lavó el corte con vino hervido y vendó la mano con tiras de lino empapadas en ungüentos sanatorios, la fiebre atacó pronto y muchos temieron por la vida del monarca. Tan solo la llegada de la princesa Rhaenyra de Rocadragón cambió las tornas, ya que iba acompañada de su propio sanador, el maestre Gerardys, que actuó velozmente y amputó dos dedos a su alteza para salvarle la vida.
Aunque muy debilitado por el trance, el rey Viserys retomó pronto la gobernación. Para celebrar su restablecimiento se organizó un banquete el primer día del 127 d. C. Tanto la princesa como la reina recibieron la orden de asistir, con todos sus hijos. Como muestra de amistad, cada mujer vistió el color de la otra y se hicieron muchísimas declaraciones de amor, lo cual causó gran placer al rey. El príncipe Daemon alzó la copa por ser Otto Hightower y le dio las gracias por su leal servicio como Mano. Ser Otto, a su vez, alabó la valentía del príncipe, mientras que los hijos de Alicent y los de Rhaenyra se saludaron con besos y compartieron mesa. O eso registraron las crónicas cortesanas.
Pero esa misma velada, ya tarde, tras retirarse el rey Viserys, pues aún se fatigaba fácilmente, Champiñón nos narra que Aemond el Tuerto se puso en pie para brindar por sus sobrinos Velaryon y habló con admiración satírica de su pelo castaño, sus ojos marrones… y su estirpe. «Jamás he visto a nadie más linajudo que mis dulces sobrinos —concluyó—. Conque bebamos por estos tres mozos de tan pura sangre». Más tarde aún, informa el bufón, Aegon el Mayor se ofendió cuando Jacaerys pidió un baile a Helaena, su esposa. Se intercambiaron palabras iracundas, y ambos príncipes habrían llegado a las manos de no ser por la intervención de la Guardia Real. Si se informó al rey Viserys de tales incidentes, lo ignoramos, pero la princesa Rhaenyra y sus hijos regresaron a su sede de Rocadragón a la mañana siguiente.
Tras la pérdida de los dedos, Viserys I jamás volvió a sentarse en el Trono de Hierro. Desde entonces rehuyó el salón del trono y prefirió celebrar audiencia en sus aposentos, y más tarde en su cámara, rodeado de maestres, septones y su fiel bufón Champiñón, el único hombre que aún podía hacerlo reír (a decir de Champiñón).
La muerte visitó la corte de nuevo poco después, cuando el gran maestre Mellos se desplomó una noche mientras subía la escalera de caracol. La suya siempre había sido una voz moderadora en el consejo, siempre impetrando calma y acuerdos cada vez que aparecían disensiones entre negros y verdes. Sin embargo, para desesperación del rey, el fallecimiento del hombre a quien denominaba «mi fiel amigo» tan solo sirvió para provocar una nueva disputa entre ambas facciones.
La princesa Rhaenyra deseaba que el maestre Gerardys, que llevaba mucho tiempo sirviéndola en Rocadragón, ascendiese para sustituir a Mellos. Tan solo sus mañas sanadoras habían podido salvar la vida del monarca cuando se cortó la mano con el trono, argüía. La reina Alicent, sin embargo, insistía en que la princesa y su maestre habían mutilado a su alteza innecesariamente; de no haberse «entrometido», según declaró, el gran maestre Mellos seguramente habría salvado los dedos del soberano, así como su vida. Exigió el nombramiento de un tal maestre Alfador, a la sazón al servicio de Torrealta. Viserys, asediado por ambas partes, no escogió a ninguno de los dos; recordó tanto a la princesa como a la reina que no tenían voz ni voto, pues la Ciudadela de Antigua, no la Corona, elegía al gran maestre. A su debido tiempo, el Cónclave otorgó la cadena al archimaestre Orwyle, uno de los suyos.
El rey Viserys pareció recuperar parte de su antiguo vigor cuando llegó a la corte el nuevo gran maestre. El septón Eustace nos cuenta que fue el resultado de la oración, pero la mayoría creía que las pócimas y tinturas de Orwyle eran más eficaces que las sanguijuelas preferidas por Mellos. Sin embargo, tal recuperación resultó ser breve, y la gota, los dolores de pecho y la falta de aliento continuaron atribulando al soberano. En los años finales de su reinado, a medida que le fallaba la salud, fue encomendando más la gobernanza del reino a su Mano y al consejo privado. Tal vez deberíamos fijarnos en los miembros de aquel consejo al alba de los grandes acontecimientos de 129 d. C., ya que desempeñarían un papel crucial en todo cuanto se siguió.
La Mano del Rey seguía siendo ser Otto Hightower, padre de la reina y tío del señor de Antigua. El gran maestre Orwyle era el miembro más reciente del consejo, y se creía que no estaba a favor de los negros ni de los verdes. El lord comandante de la Guardia Real continuaba siendo ser Criston Cole. Sin embargo, Rhaenyra y él tenían enconadas rencillas. El avejentado lord Lyman Beesbury era el consejero de la moneda, cargo que había ocupado casi ininterrumpidamente desde los tiempos del Viejo Rey. Los consejeros más jóvenes eran el lord almirante y consejero naval, ser Tyland Lannister, hermano del señor de Roca Casterly, y el lord confesor y consejero de los rumores, Larys Strong, señor de Harrenhal. Lord Jasper Wylde, consejero de los edictos, conocido por el populacho como Vara de Hierro, completaba el grupo. (La actitud inflexible en cuestiones jurídicas le valió tal apodo, nos dice el septón Eustace, pero Champiñón declara que se debía a la dureza de su miembro, ya que había engendrado veintinueve hijos con cuatro esposas antes de que la última muriese de agotamiento).
Cuando los Siete Reinos recibían el año 129 después de la Conquista de Aegon con hogueras, festines y bacanales, el rey Viserys I Targaryen estaba cada vez más débil. Sus dolores torácicos se habían tornado tan graves que ya ni podía subir escaleras y debía desplazarse en silla de manos por la Fortaleza Roja. Por la segunda luna del año, su alteza ya había perdido todo el apetito y gobernaba el reino desde el lecho…, cuando se encontraba bastante fuerte para gobernar. La mayoría de los días prefería encomendar todos los asuntos de estado a su Mano, ser Otto Hightower. Entretanto, en Rocadragón, la princesa Rhaenyra estaba encinta de nuevo y se encamó asimismo.
El tercer día de la tercera luna de 129 d. C., la princesa Helaena llevó a sus tres hijos a visitar al rey en su cámara. Los mellizos Jaehaerys y Jaehaera tenían seis años; su hermano Maelor, tan solo dos. Su alteza entregó al bebé una sortija con una perla de su propio dedo para jugar, y relató a los mellizos cómo su tatarabuelo y tocayo de Jaehaerys había volado con su dragón al norte del Muro para derrotar a una inmensa horda de salvajes, gigantes y cambiapieles. Aunque los niños ya habían oído la historia una decena de veces, escucharon atentamente. Después, el rey les mandó salir tras alegar que sentía ansiedad y una presión en el pecho. Entonces, Viserys de la casa Targaryen, el primero de su nombre, rey de los ándalos, los rhoynar y los primeros hombres, señor de los Siete Reinos y Protector del Reino, cerró los ojos y se durmió.

Jamás despertó. Tenía cincuenta y dos años de edad y había reinado sobre la mayor parte de Poniente durante veintiséis.
Entonces estalló la tormenta y danzaron los dragones.