Fuego y sangre

Fuego y sangre


Notas

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Notas

[1] Así, al menos, registró el enfrentamiento a las puertas de Rocadragón el gran maestre Benifer, que estuvo allí para presenciarlo. Desde aquel día, esa historia ha sido una de las favoritas de las doncellas enamoradizas y sus escuderos, a lo largo y ancho de los Siete Reinos, y más de un bardo ha cantado el valor de la Guardia Real, siete hombres ataviados con capa blanca que se encararon a medio centenar. Todas esas relaciones pasan por alto la presencia de la guarnición del castillo, sin embargo; las crónicas que nos han llegado indican que en esa época había veinte arqueros y otros tantos guardias en Rocadragón, bajo las órdenes de ser Merrell Bullock y de sus hijos Alyn y Howard. A quién debían lealtad en ese momento y qué papel habrían desempeñado si hubiera estallado el conflicto, no lo sabremos nunca, pero dar a entender que los Siete del rey resistieron a solas quizá sea presuponer demasiado. <<

[2] Se debe tener en cuenta, para que no nos acusen de omisión, que en el 50 d. C. había una cuarta reina en Poniente: la reina Elinor de la casa Costayne, dos veces viuda, que había encontrado muerto al rey Maegor en el Trono de Hierro y había abandonado Desembarco del Rey después de la coronación de Jaehaerys. Vestida de penitente y acompañada solo por una doncella y un fiel caballero, emprendió camino hacia el Nido de Águilas, en el Valle de Arryn, para visitar al mayor de los tres hijos que había tenido con Theo Bolling, y a partir de allí siguió hasta Altojardín, en el Dominio, donde estaba su segundo hijo acogido por lord Tyrell. Cuando se quedó tranquila, sabedora de que sus hijos mayores estaban bien, la antigua reina reclamó al menor y volvió a la sede de su padre en las Tres Torres, en el Dominio, donde declaró que viviría en paz hasta el fin de sus días. El destino y el rey Jaehaerys tenían otros planes para ella, como relataremos más adelante. Baste decir que la reina Elinor no desempeñó ningún papel en los sucesos del 50 d. C. <<

[3] Algunos ejemplares de Historia de una libertina incluyen un episodio adicional, con un encuentro amoroso en el que lord Rogar en persona tiene trato carnal con la joven «durante toda la noche», pero es casi seguro que se trata de un añadido de un escriba lascivo o un alcahuete depravado. <<

[4] Se dice que muchos años después, un día que el rey Aegon IV había bebido demasiado, alguien sacó a colación el asunto en su presencia. Supuestamente, su alteza estalló en carcajadas y expuso su convicción de que, si lord Rogar hubiera actuado con sensatez, habría dado instrucciones a todas y cada una de las doncellas que enviaron en el 50 d. C. de seducir al joven rey, ya que la Mano no podía saber cuál sería más de su agrado. Esta insinuación infame que la plebe ha tomado como cierta no se basa en ningún hecho constatado y puede descartarse con toda seguridad. <<

[5] Ser Orryn Baratheon nunca regresaría a Poniente. Embarcó rumbo a la ciudad libre de Tyrosh en compañía de los hombres que había llevado a Antigua, donde entró al servicio del arconte. Un año después se casó con la hija del dignatario, aquella doncella que su hermano Rogar había pretendido casar con el rey Jaehaerys para afianzar la alianza entre el Trono de Hierro y la ciudad libre. La esposa de ser Orryn, una muchacha de busto generoso, cabello azul verdoso y modales cautivadores, no tardó en darle una hija, aunque existían ciertas dudas sobre la paternidad, dado que, como muchas otras mujeres de las Ciudades Libres, era dadivosa en conceder sus favores. Cuando terminó el mandato de su suegro como arconte, ser Orryn también perdió su cargo y se vio obligado a dejar Tyrosh para marcharse a Myr, donde se unió a los Hombres de la Doncella, una compañía libre de reputación especialmente turbia. Murió poco después en las Tierras de la Discordia, durante una batalla contra los Hombres Valerosos. De la suerte que corrieron su esposa y su hija, nada se sabe. <<

[6] Rogar Baratheon jamás volvió a casarse. <<

[7] En adelante, a fin de evitar confusiones entre ambos príncipes, nos referiremos al hijo de la reina Alicent como Aegon el Mayor, y al hijo de la princesa Rhaenyra, como Aegon el Menor. <<

[8] Al principio, los dos aspirantes al Trono de Hierro usaban el dragón tricéfalo de la casa Targaryen, gules sobre sable, pero a finales del 129 d. C., tanto Aegon como Rhaenyra introdujeron variaciones para distinguir a los aliados de los enemigos. El rey cambió el color del dragón de sus estandartes de rojo a dorado, en homenaje a las relucientes escamas de Fuegosolar, su dragón, mientras que la reina cuarteó el escudo de los Targaryen para incluir los de las casas Arryn y Velaryon, como tributo a su madre y a su primer marido, respectivamente. <<

[9] Fuera cual fuese la forma de su muerte, no cabe disputa sobre que Daeron Targaryen, el hijo menor del rey Viserys I y la reina Alicent, murió en la segunda batalla de Ladera. Se ha demostrado fehacientemente que los falsos príncipes aparecidos durante el reinado de Aegon III usando su nombre eran todos impostores. <<

[10] Quisieron los dioses que siete días después, en Bastión de Tormentas, su señora esposa diera a luz al hijo y heredero tan largamente deseado por lord Borros. Había dejado instrucciones de que le pusieran Aegon si era varón, en honor del rey, pero al saber de la muerte de su señor en la batalla, lady Baratheon prefirió homenajear a su propio padre y llamó Olyver al niño. <<

[11] Esta es la historia según la cuenta Champiñón, al menos. Sin embargo, el Relato verídico de Munkun atribuye a un motivo diferente el cambio de idea de lord Lyonel. Cabe recordar que los Hightower, por ricos y poderosos que fueran, eran vasallos juramentados de la casa Tyrell de Altojardín, donde Garmund, hermano de Lyonel, estaba de paje. Los Tyrell no habían intervenido en la Danza, gobernados como estaban por un pequeño señor en pañales, pero al menos se desperezaron al final y prohibieron a lord Lyonel que levase un ejército o fuera a la guerra sin su permiso. Si desobedecía, su hermano pagaría la insubordinación con la vida, pues como dijo en cierta ocasión un sabio, todo acogido es a la vez un rehén. O eso afirma el gran maestre Munkun. <<

[12] Sin embargo, la reunión no fue tan bien como esperaban las gemelas. El príncipe palideció al ver a Aurora, la dragona de lady Rhaena, y ordenó a los norteños que la vigilaban que se llevaran «esa espantosa criatura fuera de mi vista». <<

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