Fluir

Fluir

Diego Retamozo

Un poema y un cuento para entender el elemento

Lucas era acuarelista, pero llevaba meses con el pincel seco. Vivía en una casa elevada sobre pilotes de madera, justo en ese margen donde la tierra decide ceder ante la majestad del río. Desde su ventana, el agua no era un paisaje; era una entidad viva, marrón y turbulenta, que respiraba con un ritmo antiguo.

Aquella tarde, la sequía creativa le quemaba la garganta. Lucas se sirvió un vaso de agua y lo sostuvo contra la luz. Recordó lo que le había dicho su médico: «Somos agua, Lucas. Si no fluyes por dentro, te estancas por fuera». Bebió despacio, sintiendo cómo el líquido bajaba, vital y necesario, despertando a sus células dormidas. Cerró los ojos y visualizó el recorrido hacia sus riñones, esos filtros silenciosos que, según la medicina antigua, no solo purifican los fluidos, sino que albergan la esencia de la vitalidad y el miedo. Sentía el agua lavar sus temores, preparándolo para algo más grande.

Sobre su mesa de trabajo descansaba un objeto extraño: un icosaedro de lapislázuli. Lucas lo acarició, este poliedro representaba el elemento agua, quizás por su capacidad de rodar, de moverse, de escapar entre los dedos. La geometría del agua no era el caos, pensó, sino una estructura compleja diseñada para el cambio constante.

De repente, el viento del litoral trajo una melodía conocida. Alguien, en una canoa lejana, silbaba la «Oración del Remanso». La letra resonó en la mente de Lucas: «Soy de la orilla brava, del agua turbia y la correntada...». La canción era una plegaria y una advertencia. El río daba, pero también quitaba. Lucas miró las marcas de humedad en las paredes, cicatrices de la última inundación. Recordó la fuerza imparable del agua cuando se desborda, esa violencia líquida que no respeta fronteras ni arrogancias humanas. El río era un dios caprichoso; podía ser el sustento del pescador o la tumba del descuidado.

La melancolía lo invadió. Se sintió como un pasajero de la nave de los locos, esa barca medieval sin timón ni capitán que vagaba por los ríos de Renania llevando a los desquiciados hacia la nada. ¿Acaso no era eso el bloqueo creativo? ¿Navegar sin rumbo en un océano de dudas?

Una lágrima, salada y densa, rodó por su mejilla y cayó sobre el papel en blanco. Lucas la observó fascinado. Las lágrimas eran agua cargada de historia, el río interior desbordándose ante la presión del alma. Esa pequeña gota rompió el hechizo. El agua de su cuerpo (su llanto), el agua del vaso (su sustento) y el agua del río (su paisaje) eran la misma cosa en diferentes estados de conciencia.

Entendió entonces que el arte no es más que la capacidad de dar forma al agua.

Tomó el pincel, lo humedeció en el vaso y tocó la lágrima sobre el papel. El pigmento azul se expandió con una libertad que él no controlaba. Lucas dejó de intentar dirigir el río y empezó a pintar con él. Pintó la fuerza del remanso, la locura de la nave a la deriva y la geometría sagrada de la vida.

Al terminar, el cuadro no estaba seco, pero estaba vivo. Lucas bebió el último sorbo de agua, agradeciendo a sus riñones por filtrar el miedo, y al río por enseñarle que la creatividad, como el agua, nunca se detiene; solo cambia de curso.

El cuento adaptado para niños en el siguiente Aqui

Un análisis bajo la mirada de Rita Segato

Este análisis aborda el poema a través de los conceptos fundamentales de la antropóloga Rita Segato, centrándose en la tensión entre el "proyecto de las cosas" (la planificación, la estructura fallida) y el "proyecto de los vínculos" (el agua, el cuerpo, la relación entre las almas).

1. El arraigo territorial y la resistencia

"Sobre pilotes de madera un domo resiste / donde el Salado, insiste."

Para Segato, el pensamiento siempre es situado; no existe una teoría sin suelo. El poema comienza nombrando un territorio específico y cargado de memoria política y social: el Salado. Ya no es el río genérico y romántico; es el río de la inundación, de la tragedia santafesina, de la naturaleza reclamando su cauce frente a la mala gestión humana.

El "domo sobre pilotes" representa la resistencia precaria. No es la arquitectura arrogante del Estado o del capital que pretende dominar la naturaleza, sino una estructura que dialoga con la amenaza, que se eleva para sobrevivir. Es la vida insistiendo en los márgenes.

2. La crítica al "Proyecto de las Cosas"

"planificación y riesgos asumidos / falacias de construcción comunitaria"

Aquí reside el núcleo crítico más potente del poema. Segato distingue entre el proyecto histórico de las cosas (el capital, la eficiencia, la burocracia, la acumulación) y el proyecto histórico de los vínculos (la reciprocidad, la comunidad real).

El hablante lírico denuncia una mentira: la "falacia de construcción comunitaria". Estas líneas sugieren que hubo un intento de crear comunidad desde la lógica administrativa ("planificación", "riesgos"), una imposición vertical que ignoró el tejido real de las relaciones. Es el fracaso de las instituciones modernas que intentan administrar la vida sin entenderla, generando esa "sequía del alma". La comunidad no se planifica como una obra civil; se teje.

3. El cuerpo como campo de batalla

"bebo agua buscando el consuelo... / filtros de miedo y de vida"

Segato insiste en que el poder y la violencia se inscriben en el cuerpo. El cuerpo no es un envase, es un territorio que absorbe las tensiones del entorno. Los riñones aquí no son solo órganos biológicos, sino filtros somáticos de la realidad política y emocional. Filtran el "miedo", que es la herramienta principal de la pedagogía de la crueldad: esa enseñanza que nos obliga a desensibilizarnos para sobrevivir. Al reconocer el miedo en el cuerpo, el sujeto poético comienza a desobedecer el mandato de insensibilidad.

4. La recuperación del vínculo (El Icosaedro)

"Doce vértices que conectan... / dos almas y tres vidas"

Frente a la falacia comunitaria (el falso colectivo), surge la vincularidad real. El icosaedro deja de ser un objeto platónico abstracto para convertirse en un mapa de relaciones: "vértices que conectan".

Segato habla de la "politicidad de lo doméstico" y de la red de afectos como la única trinchera posible frente a la deshumanización. Conectar "dos almas y tres vidas" es un acto de micro-política: reconstruir el tejido social desde la intimidad, átomo por átomo, vértice por vértice.

5. La desmitificación del amor romántico

"lo que enamora cansa?"

Esta interrogante rompe con la idealización. Segato ha analizado cómo el patriarcado y las estructuras de poder se filtran en las relaciones amorosas. La pregunta sugiere el agotamiento de sostener mandatos, de sostener una imagen ("lo que enamora") que quizás no es real. Es el reconocimiento de que la energía vital (el agua) a veces se estanca en las formas impuestas del amor.

6. La lágrima como ruptura del mandato de masculinidad

"El cuerpo rompe su presa... / El llanto es el río que por dentro corría"

Si pensamos en la "presa" como la contención emocional exigida por el sistema (y específicamente por el mandato de masculinidad, que exige potencia y prohíbe la fragilidad), la lágrima es un acto revolucionario.

El llanto rompe la presa de la "planificación". Es el retorno a la empatía, a la capacidad de ser afectado por el otro y por el mundo. Para Segato, la única forma de detener la barbarie es recuperar la sensibilidad. El agua salada que inunda el papel es la prueba de que el sujeto ha sobrevivido a la cosificación; sigue sintiendo, sigue siendo humano.

Conclusión: Lapislázuli y Verdad

El final ("Lapislázuli presente") evoca la piedra de la verdad y la sabiduría antigua. Frente a la modernidad líquida y a las "falacias" construidas, el poema cierra con una estructura creciente (el icosaedro) hecha de agua y piedra. Es la propuesta de un nuevo orden: uno que fluye como el río pero que tiene la solidez ética de la verdad (lapislázuli), reconstruyendo la comunidad no desde la "planificación de riesgos", sino desde la conexión honesta entre las vidas.

La Ética del Fluir: Potencia y Necesidad

Un análisis bajo la filosofía de Baruch Spinoza

Este análisis examina el poema a través de los conceptos centrales de la Ética de Spinoza: el Conatus (esfuerzo por perseverar), el Paralelismo Psicofísico y la distinción entre Ideas Inadecuadas (imaginación/falacias) y la Razón (geometría/estructura).

1. Deus sive Natura: El Río como Sustancia

"donde el Salado, insiste... / No es caos el agua / es forma liberada"

Para Spinoza, Dios es la Naturaleza misma. El río Salado que "insiste" es una manifestación de la potencia infinita de la Sustancia. No es un dios caprichoso (antropomorfismo que Spinoza rechaza), sino pura necesidad.

El verso "No es caos el agua" es profundamente spinozista. Para el filósofo, no existe el caos ni la contingencia; todo ocurre por necesidad y causas determinadas. Lo que llamamos "caos" es solo nuestra ignorancia de las causas. El agua tiene una estructura geométrica perfecta (el icosaedro), responde a leyes eternas. Entender esto es pasar de la imaginación (miedo al caos) a la razón (comprensión de la forma).

2. El Paralelismo Psicofísico: Cuerpo y Alma

"La sequía no es del aire, es del alma que calla... / bebo agua buscando el consuelo / baja hasta los riñones"

Spinoza sostiene que "el orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las cosas". La mente y el cuerpo son la misma cosa vista desde dos atributos diferentes (Pensamiento y Extensión).

  • La Sequía: El bloqueo creativo (mente) no es una metáfora aislada; es paralelo a una sequía física o a una falta de flujo vital en el cuerpo.
  • El Riñón: Al tratar los riñones como "filtros de miedo y de vida", el poema ilustra cómo una afección del cuerpo (beber agua, filtrar toxinas) es simultáneamente una afección de la mente (lavar la angustia). No hay dualismo cartesiano aquí; sanar el cuerpo es sanar la mente.

3. El Conatus y las Pasiones Tristes

"falacias de construcción comunitaria / planificación y riesgos asumidos"

El ser humano, según Spinoza, no es un "imperio dentro de otro imperio". No podemos controlar la Naturaleza con planificaciones arrogantes. Las "falacias de construcción comunitaria" representan lo que Spinoza llama Ideas Inadecuadas o Imaginación. Son construcciones mentales confusas que no corresponden a la realidad de las cosas. Cuando intentamos imponer un orden falso ("planificación") sobre la potencia real del río o de la comunidad, fracasamos.

Este fracaso genera Tristeza (Tristitia), que es el paso a una menor perfección o potencia de actuar. El sujeto se siente "en la nave de locos", a la deriva, porque está siendo arrastrado por causas externas (el río, las falacias sociales) en lugar de actuar desde su propia naturaleza.

4. La Geometría como Salvación (La Razón)

"De diseño y método perfecto / nace un nuevo icosaedro"

Spinoza escribió su Ética demostrada según el orden geométrico (more geometrico). Para él, la matemática y la geometría son el lenguaje de la verdad, libres de la confusión de los sentimientos humanos.

El icosaedro representa el ascenso al Segundo Género de Conocimiento (La Razón). Frente a la turbulencia emocional y las falacias sociales, la estructura geométrica del agua ofrece una verdad eterna, clara y distinta. El icosaedro no "siente", simplemente es. Al contemplar esta estructura ("Doce vértices que conectan"), el poeta recupera su potencia.

5. La Fluctuación de los Afectos

"lo que enamora cansa?"

Spinoza define el Amor como "Alegría acompañada de la idea de una causa exterior". Sin embargo, advierte sobre la Fluctuación de Afectos. Si la causa externa (una persona, una idea, un proyecto) deja de aumentar nuestra potencia de actuar, el amor puede decaer. La pregunta "¿lo que enamora cansa?" refleja el entendimiento de que los afectos pasivos (dependientes de lo externo) son inestables. Solo el amor intelectual (entender la necesidad de las cosas) es eterno.

6. De la Pasión a la Acción: La Lágrima

"El cuerpo rompe su presa... / El llanto es el río que por dentro corría"

El poema culmina con un acto de liberación física. Spinoza enseña que un afecto no puede ser reprimido ni quitado sino por un afecto contrario y más fuerte.

La "presa" (la contención, el bloqueo, la idea inadecuada) se rompe. La lágrima es el momento en que el cuerpo retoma su flujo. Al pintar con esa lágrima (usar el agua del propio dolor para crear), el protagonista transforma una Pasión (algo que padece pasivamente) en una Acción (algo que causa activamente).

Conclusión: La Potencia de Actuar

El final con el "Lapislázuli presente" (la realidad material, la piedra) y el "icosaedro creciente" simboliza el triunfo del Conatus. El sujeto ha dejado de luchar contra el río (vencido por las inundaciones y las falacias) y ha comenzado a fluir como el río, entendiendo sus leyes.

Para Spinoza, la libertad es la conciencia de la necesidad. Al entender que él es agua, que el miedo es un filtro y que la estructura subyace al caos, el artista se vuelve libre.


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