Fahrenheit 451
Elena de Troya sin H
En Fahrenheit 451, Ray Bradbury nos presenta una sociedad (ya no tan) distópica, en la que los bomberos, en lugar de apagar fuegos, los provocan.
Guy Montag es uno de ellos. Al igual que el resto de bomberos, ha sido aleccionado para rociar con queroseno tanto libros como una casa entera. El objetivo: que no quede ni un solo rastro de papel. De hecho, si uno camina por las calles de la ciudad, no es de extrañar que vea las fachadas de las casas y sus estancias interiores (muebles incluidos) cubiertas por una capa de plástico ignífugo. Porque 451 grados Fahrenheit (o sus equivalentes 230°C) es la temperatura a la que los libros arden.
Cualquier ciudadano puede alertar de la existencia de libros en tal o cual casa. La salamandra, el Fénix y el número 451, que llevan en el casco, son los distintivos característicos de las brigadas de bomberos, que no tardan en ofrecer un espectáculo digno de las "hogueras de San Juan".
Guy Montag es bombero, su padre lo era, su abuelo lo fue y ha sido educado en un entorno en el que esta profesión es religión. Sin embargo, para Montag, el placer de quemar libros tiene sus días contados cuando conoce a Clarisse McClellan: una niña a la que le gusta pasear, pero que acude al psiquiatra. El pronóstico: es “anormal”. Los motivos: demasiadas virtudes para la sociedad en la que vive, lo que inverosímilmente la convierte a ojos de los demás en una "loca", condición que lleva muy dignamente.
Gracias a Clarisse, Montag empieza a cuestionar el Status Quo que él mismo ha contribuido a forjar, mano a mano con la sociedad restante, para la que el concepto de "familia" se ha reinventado en avatares de personas que se proyectan sobre las paredes de las casas, como si éstas fueran televisiones de cuatro dimensiones.
Si tuviera que resumir brevemente esta perspicaz novela, la sintetizaría en: "Quita libros y compra mentes. Pon libros y pierde ventas".
Opinión personal
Fahrenheit 451 es el retrato distópico de una realidad que ya estamos viviendo.
Aunque se trata de pasada, en el libro se deja traslucir un trasfondo bélico que amenaza con suponer el fin (como mínimo) de la ciudad de Montag. Al parecer, la sociedad distópica de Bradbury ha sufrido dos guerras atómicas desde el año 2022 y, ahora mismo, libra una tercera. Si Ray Bradbury no describe en mayor medida esta guerra, no es de sorprender. Si al lector le pasa algo desapercibida al principio, tampoco es de sorprender. Bradbury siente el mismo "desinterés" que los individuos de su sociedad en ahondar en esta guerra. Ya están todos bastante entretenidos de puertas para dentro. Lo que quieren es conducir rápido, ver programas, "idiotizarse", no pensar, no sentir, y todo ello mientras otros mueven los hilos del mundo a su antojo.
Como puede observarse, la sociedad actual que tenemos está descrita en un libro que habla de una guerra que promete ser la Tercera Guerra Mundial y que, lamentablemente, nos recuerda al conflicto que estalló a principios de nuestro año 2022: la guerra entre Ucrania, Rusia y la OTAN, además del enfrentamiento paralelo entre diversos países asiáticos (China incluida).
No cabe duda de que la "ciencia ficción" adelanta los acontecimientos de la "no ficción". No olvidemos que Fahrenheit 451 se publicó en 1953.
Lectura muy recomendable.
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[...] decía Cervantes: saber sentir es saber decir. Palabras de Luis Landero en su libro El huerto de Emerson.
Yo espero haber sabido decir lo que el libro me ha hecho sentir. Muchas gracias, como siempre, por haber leído esta reseña troyana. ¡Nos vemos en la próxima!