Fabiola, y su primer encuentro.
Un Bastardo sin Corazón - Telegram: @ubsc_channelComo he dicho antes, para alguien como yo, a sus 28 años de edad, es mucho más difícil ligarse a una chica joven de una forma orgánica o en algo que se use métodos de conquista. Primeramente, pues a mi edad las mujeres que orbitan en mi entorno son mujeres ya maduras, casadas y navegan en sus mediados 30 años o mayores claramente y es por ahí que las mayorías de mis aventuras radican. Las chicas ya de alrededor de los 20, son chicas que diligentemente buscan una aventura con un hombre mayor y hay muchas otras que buscan o lo que se denomina un “sugar daddy”. La única aventura orgánica que tuve más reciente fue con la sobrina de un amigo, la cual relaté el año pasado y se me dio otra a finales de año que hoy les voy a relatar, pues a pesar de que tuve otras, esta me parece que vale la pena contar.
Fabiola es una chica que vengo tratando por varios meses y la conocí en uno de esos cafés mundialmente conocidos. Obviamente al principio fue algo de lo más normal; un saludo cordial, una sonrisa, la plática breve y trivial y, las veces que hizo tiempo para dedicarme más tiempo, siempre imaginé que era por la obvia razón de ganarse una buena propina. Soy consciente que una chica a su edad seriamente no buscaría a un hombre de mi edad para hacer pareja formal. Lo que yo intuía era que le caía bien con mi aspecto de hombre que le brindaba respeto, nunca le envié mensajes sugestivos o incómodos y creo que la primera vez que le hice saber de su carisma y su belleza fue algo que se dio con el debido respeto y estoy seguro de que Fabiola así lo tomó.
Para hacer el relato más breve, llegaré a ese punto donde todo esto da un giro sorprendente y para este punto Fabiola piensa que me dedico a escribir guiones o pequeñas historietas y es como me gano la vida según ella. Nunca he mencionado que me radico cómo mesero, pues ella solo me ve de vez en cuando con mi computadora en el café donde a veces paso hasta una hora. Algunas veces le he dado alguna historieta que he escrito y nada que ver con el erotismo y creo por obligación me ha dado cumplidos alrededor de ello y esta vez me interrumpe diciendo:
-¿Escribiendo alguna de sus historias otra vez?
-Si, como siempre.
-¿Y, que escribe?
-¡Uh… no sé sí es algo que tú deberías leer! -le dije.
-¡No me diga que ahora se dedica a escribir historietas de alta temperatura! No le creería.
-Pues la verdad que algo así estoy escribiendo. Y si gustas, te haré una copia para que te lo creas. ¿Eres mayor de edad verdad? -le dije con una sonrisa.
-Si, ya soy mayor de edad y cuando termine esa historia me gustaría leerla.
-Bueno, yo te doy una copia cuando la termine y solo espero no te moleste o te incomode.
-Pierda cuidado en ello. -Terminó diciendo.
Aquella tarde me inventé una historieta donde un hombre mayor desea acostarse con una chica joven. En la historia cuento que el hombre no está enamorado de la chica más solamente busca tener esa experiencia con esa chica, que ya a su edad y con muy poca actividad sexual desea acostarse con esta joven y se imagina que haría con ella si esa oportunidad se diera. Cuento con lujo de detalles toda esa imaginación y prácticamente mi historieta es una insinuación hacia Fabiola que me quiero acostar con ella. La verdad que nunca la había visto a esta chica de esta manera y la razón es que Fabiola parece ser la chica de casa y la cual respeta todos los 20 mandamientos o más. No parece tímida ni nada de eso, pero si parece ser muy recatada, muy conservadora por decirlo así. Siempre viste muy casual, nada de coqueterías ni mucho maquillaje y su aura es una simple que no muestra ni el más mínimo nivel de erotismo. Nunca me ha hablado de novios recientes, y lo poco que conozco de ella es que trabaja a tiempo completo, y estudia remoto en una universidad.
En unas cuantas páginas encierro la historia y la verdad que la pienso mil veces para compartir ese escrito con Fabiola. Luego pensando que no tengo nada que perder y quizá mucho que ganar, e imaginarme gozando del precioso culo de Fabiola un día que pasé por mi café y ya que ella me lo recordó le he dejado mi escrito en sus manos en un sobre sellado. Fabiola es una chica que va a cumplir sus 19 años este próximo marzo, ha de tener una altura de un metro sesenta y cinco, quizá unos 54 kilogramos máximo de peso, cabello largo y oscuro, carita alargada con unos labios no muy gruesos y sonrisa muy bonita, algunas pecas y lunares decoran su cuerpo y como dije, parece la niña de mamá y papá. Su busto va acorde a su cuerpo delgado, no muy grande pero tampoco invisibles, son pequeños acordes a lo que siempre busco, y regularmente la veo en pantalones, así que su trasero es una atracción para cualquier hombre. No sé si viste tangas o cacheteros, de eso nunca he tenido la oportunidad de observar, pues como he dicho, Fabiola es muy conservadora.
Por más esta decir que lo pensé varias veces para regresar al café. Sentía que había rebasado los límites, como que me había equivocado y que todo eso era un grave error. Recuerdo que llegué al café y sabía que ella estaba ahí pues la vi desde las ventanas de cristal y no dejé de sentirme incómodo. Recuperé mi temple y Fabiola me sirvió a mi medida el café y mi croissant con jamón. Estaba un tanto ocupado el lugar y aun Fabiola hizo el tiempo para llegarme a decir:
-¡Que historieta! La verdad que no me lo podía creer que alguien como usted escribiera algo así.
-Disculpa… te lo advertí. Realmente no era mi intención incomodarte.
-No, no, no… para nada. La verdad que me gustó, realmente que usted lo hace vivir… es tan buena la historieta que no sé cuántas veces la leí. Ahora, ¿le puedo hacer una pregunta Sr. Antonio?
-Las que quieras…
-Solo hay dos personajes en esa historia; uno, el hombre mayor que desea acostarse con esa chica joven. El hombre mayor creo intuir quien es, ahora, ¿quién es esa musa de su historieta?
-La tengo frente a mí. -le contesté
En ese momento me expuse a perder su amistad, pero no sucedió así, más creo se incrementó esa confianza. Con aquel papel sabía lo que yo me imaginaba de ella, de todo lo que deseaba hacerle si algún día la tuviera en mi cama. Pasó cierto tiempo y todo siguió con la misma rutina, pero un día menos esperado después de pagar la cuenta en el café, Fabiola se me acercó y me dijo:
-¿Qué hace este domingo después de las dos p.m.?
-Realmente no tengo nada importante que hacer, más que descansar e incorporarme a mi trabajo a lss cinco.
-¿Qué le parece si tomamos unos bocadillos en mi apartamento?
-¡Me parece una estupenda idea! ¿Qué deseas que lleve… vino, algo por el estilo? Perdona que pasado.
-Realmente no soy muy de vinos, no tomo realmente nada de licor, pero si gusta traiga unas cervezas.
Desde ese momento sentí ese hormigueo que siento me invade cuando algo así esta cerca de pasar. La verdad el domingo tenía ya una cita con una chica conocida, chica casada que de vez en cuando cogemos, pero me disculpé por el inconveniente con mucho tiempo de anticipación y me mentalicé para ese accionar de ese domingo. Creo que muchos estarían de acuerdo conmigo, pues qué puede suceder sí una chica te invita a su casa a tomar unos bocadillos después de insinuar y prácticamente decirle lo que uno le quiere hacer en la cama; lo más lógico es que te está invitando a coger.
Domingo por la mañana salgo a hacer mi caminata, levantó algo de pesas porque siento que eso también me ayuda al grosor de mi verga y las venas por el simple sentido de la presión que conllevan, con el ejercicio se notan en mi pene con cualquier pequeña erección y por lo que muchas chicas me han hablado, es algo que a la mayoría les gusta, ver un pene bien inflamado de excitación. La verdad no sé qué tipo de experiencia tenga Fabiola y eso es la incógnita del momento, no saber qué esperar, pues mi percepción hacia ella es de novata, pues se mira muy recatada y estos pasos son simplemente de mera curiosidad de parte de ella. Llegó el mediodía a esperas de la hora acordada, y salgo hacia su apartamento vistiendo casual; unos jeans, zapatos tenis y una camisa polo. De ropa interior llevo un bóxer que ya comencé a mojar dado la excitación que tenía y de imaginar que esta chica había leído esa historieta y que lo más probable la había conducido a alguna masturbación pensando en ello. Si, mi historia de ese hombre mayor soñando en cogerse a esa joven era mucho más que implícito. No tenía dudas, esa historia la había calentado y de alguna manera la empujaba a experimentarlo.
La puerta se abrió al segundo toque y me sorprendió ver a Fabiola vistiendo una falda que apenas le llega a la rodilla, zapatos abiertos que me hacen ver por primera vez sus lindos pies y una blusa blanca con un escote que mostraba un poco más. Nos dimos un beso en la mejía y me invitó a tomar asiento en la sala donde se escuchaba música variable. Llevaba doce cervezas y prontamente me sirvió una con algunas tostadas o saladitas. Ella al igual se sirvió una y se sentó frente a mí y comenzamos con una plática trivial donde me da a conocer un poco más de ella y ella me hace preguntas acerca del porqué continuo soltero. En todo eso han pasado ya tres cervezas y creo que va a prisas con el alcohol para tener el valor de aventurarse y tirarse al ruedo del ambiente sexual. Llevaba bien coordinada la plática al punto que tocó el tema que ella quería: Mi historieta.
-¿Realmente soy yo esa persona, la protagonista de ese relato?
-Fabiola, no me gustaría incomodarte, pero ya te di mi respuesta. Si… escribí esa historia pensando en ti.
-Pero… ¿es algo que usted desea?
-¡Honestamente y discúlpame! Si… me lo he imaginado y realmente lo he deseado.
-¡De veras que me sorprende! Yo nunca me hubiese imaginado todo eso que usted escribe y le voy a ser honesta: He visto escenas pornográficas que a veces las he vuelto a ver, pero ese relato lo he leído más de cien veces. Hoy, esta mañana lo volví a leer y no sé cuántas veces más lo seguiré leyendo.
-Al igual que tú, yo lo he imaginado más de mil veces. Fabiola, ¿te puedo hacer una pregunta?
-Bueno, hágala, pero no sé si tendré respuesta… a ver.
-¿Te has tocado pensando en ese relato?
-¿Usted que piensa? ¿Qué esta mujer es de palo?… Quizá le conteste de esta manera porque la tercera cerveza me quitó la pena, pero quien no conlleva una masturbación con semejante relato. Una monja puede haber sido, pero le aseguro que hasta una monja se masturba leyendo tal relato.
-¿De veras te masturbaste?
-¿A poco usted no se masturbó pensando en ese relato?
-Muchas veces. -le dije.
La verdad que le mentía, no me gusta masturbarme y las pocas veces que lo hice fue porque alguna chica me lo pidió cuando ya casi me corría cuando literalmente me la cogía. Desde mis catorce conocí el sexo con una mujer y nunca tuve la oportunidad de imaginar a una mujer y masturbarme pensando en ella. Para mí siempre fue automático; penetrar a una chica y eyacular, que pensar en una chica desnuda y tocarme hasta llegar al orgasmo, a menos que sea alguien tan candente como Fabiola que me excitaba pero no me tocaba. La plática continuó y se extendió todo relacionado a la historieta que Fabiola leyó. Me preguntó:
-¿De veras deseas estar con una chica joven como yo y por qué?
-La verdad que me pareces inalcanzable… ¿Cómo una chica como tú puede imaginar o desear a un hombre viejo como yo? Quizá para mi eso sea el reto. ¡No sé si me doy a entender!
-No sé si logro entenderlo… ¿No sé si te provoca estar con una chica mucho menor que tú o si saber si esta chica al igual desea estar con un hombre de tu edad?
-Creo que ambas cosas.
-Te voy a ser sincera Antonio, cuando te conocí eras un cliente del café como cualquiera. Sé que eres un hombre elegante y muy guapo… pero nunca te vi como un hombre. Cuando leí ese relato todo cambió y no hay día que no dejo de pensar en ese escrito. Me da miedo todo esto, pero siendote honesta siempre sentí un temblor en mis piernas cuando llegabas al café. Desde antes que me hablaras de ese relato me mojaba pensando en ti y siendote honesta, me corrí varias veces pensando en ti. Nunca imaginé que desearas esto, pero quiero que me digas con palabra de hombre que esto pasara y que ambos olvidaremos al pasar de los días. Honestamente, nunca imaginé esto entre tu y yo, pero si esto queda entre estas paredes o en un simple escrito, quiero vivir eso que imaginaste conmigo en tu relato.
Ya habíamos consumido tres cervezas cada uno y de la plática trivial Fabiola pasaba a cuestionarme acerca del relato erótico. Me confesaba que se había masturbado pensando en el relato y yo le había mentido diciendo que también lo había hecho varias veces pensando en ella. Miraba a Fabiola un poco más sonrojada por los efectos del alcohol y tenía las piernas cruzadas y obviamente su falda se subía al punto que me dejaba ver más los muslos de sus piernas. Otra de las cosas que me gusta de Fabiola y que por ser muy conservadora y recatada es que tiene piernas alargadas que no se nota mucho porque siempre la había visto con pantalones y a pesar de que viste una especie de sandalias, aun sus piernas se miran alargadas. Ella cambia de posición y cruza las piernas al lado contrario y alcanzo a ver una ropa interior roja o rosa fucsia. No sé si lo hace por provocarme, pero sencillamente con esos movimientos sutiles lo ha logrado, mi verga se pone erecta y puedo sentir que hasta está goteando.
Me contaba que la misma mañana que le di el relato lo había leído dos veces y que regresó de la universidad y se había ido a la cama donde lo volvía a leer. No sé, pero se me hizo tan natural que esta joven chica me contara viéndome a los ojos que se había masturbado en ese momento. Fue cuando me reveló que no tenía novio hace unos meses y que recurre a la autosatisfacción cuando se siente urgida por el deseo. Uno insatisfecho por aquél chico. También me contaba que se pone muy caliente cuando el novio de su amiga llega a cogérsela y ella escucha todo desde su habitación y es como me doy cuenta de que comparte con otra chica este apartamento de dos recamaras y esa tarde me ha invitado pues su amiga se encuentra trabajando en un restaurante.
Fue al nivel de esa tercera cerveza que me dice que ella también desea vivir el relato siempre y cuando cuente con mi discreción y, no sé si solo era el cuento de Fabiola, pero me decía que nunca había estado con un hombre sexualmente y que su máxima experiencia con algún novio era algunos besos y que le habían tocado los pechos y vulva por sobre su ropa y nada más. No sabía si creerle, pero algo me decía que todo aquello tenía algo de cierto, pues como les he dicho Fabiola, aunque de bonito rostro y cuerpo, se mira muy recatada que, ni tan siquiera maquillaje usa. Ella fue por esas instancias que me lo preguntó de esta manera:
- Usted se mira como que nunca le han faltado las mujeres, pero porque una mujer de mi edad… ¿es algo que todos los hombres mayores desean?
- La verdad -le dije. – Que desde que te vi me gustaste y comencé a imaginar cómo sería estar con una chica como tú. No lo pude evitar, pues también me gusta tu manera de ser.
- Yo la verdad… usted siempre me ha caído bien y usted me parece un hombre muy guapo. Quizá esta plática nunca la hubiese tenido si no es por esas cervezas, pero la verdad me siento muy nerviosa, pero aquí estamos los dos.
- Fabiola… ¿quieres intentarlo?
- La verdad que me da miedo, pero algo por dentro me dice que sí.
- Es natural que te sientas así, pero solo déjame decirte que, si hay algo que no desees, solo dímelo y le ponemos un alto.
- ¡Está bien! – me dijo.
Obviamente sabía que lo quería, pues por esa razón me había invitado esa tarde. Yo solo lo conllevaba de una manera como todo un caballero y se sintiera confortable y con confianza. Me levanté del sillón y sabía que se me iba a notar la erección, pero eso ya no me importaba, sabía que Fabiola la quería ver así y se imaginaba ver mi verga así, o por lo menos ver el paquete. Tomé asiento junto a ella y le di un pequeño beso en la boca y ella abrió como para que le introdujera la lengua y sentí su aliento caliente, su lengua juguetona enredarse con la mía. Podía oler el perfume que usaba y al besar su cuello, pude oler el olor natural de su piel la cual se erizó al contacto. Ella se fue sobre mí sentándose en mis piernas de una manera frontal y la tomé de su trasero por debajo de su falda, donde mis dedos se insertaron por la tela de su pantie y tenía esos pechos frente a mí, que creo estaban desesperadas porque las desnudara y que estaban dispuesta a amamantar. Sus lunares y una pequeña mancha se asomaban.
En el escrito le relataba de cómo deseaba chupar sus pechos y de esa manera se lo hice. En esa posición le quité su blusa blanca, comencé a besar el entorno de sus bustos aun con el brasier puesto y en minutos desabroché su sostén, uno que debería ser de copa B y donde develaron un par de senos blancos con algunas marcas de encuentros recientes y una areola café clara, un pezón redondo y erecto y me lancé eróticamente a chuparlos con delicadeza y a escuchar los gemidos tímidos de Fabiola. De un pezón me pasaba al otro, chupaba cada una de sus tetas mientras mis manos masajeaban sus nalgas aun con su pantie. Sentía que el calor de su vulva traspasaba la tela de su calzón y mi ropa y ella hacía por querer sentir la fricción de mi paquete contra ella. Quizá después de unos 8 a 10 minutos me pidió que pasáramos a su habitación. Recogimos su blusa y brasier y pasamos a una pequeña habitación cuyas cortinas estaban cerradas y solo una lámpara con una luz débil apenas alumbraba el lugar.
Se acostó en la cama y le asistí para removerle la falda y pude ver su pantie fucsia con la evidencia de su humedad. Frente a ella me quité la camisa, bajé mis pantalones y ella vio como tenía mi verga erecta pues mi bóxer parecía una carpa de circo. La dejé con su pantie y me fui por sobre ella a seguir chupando esos pechos, nos echamos las sabanas encima pues a pesar de la calefacción ya desnudos se sentía frío. Así como en el relato le deboraba los pezones lentamente y bajaba a su ombligo y zona del monte venus sin llegar a su vulva pues seguía con su ropa interior. Me perdí en su entrepierna y besaba toda esa zona y me gustaba escuchar los gemidos de Fabiola que ahora sí eran ya más elevados y no tímidos como en el principio y podía oler los jugos de su joven vagina. No podía creer lo que Fabiola me decía, que no había cogido antes, con ningún hombre alguno, pero ya sea el primero o el quinto me estaba gozando de esta chica de solo 18 añitos y quería que ella lo gozara también a lo máximo. Sobre su ropa interior fucsia llegué a la zona de su clítoris, podía sentir el palpitar acelerado de su pepita, obviamente toda esa zona estaba mojada y literalmente podía beber de sus jugos saladitos y que en verdad disfrutaba. Ella me puso las manos en mi cabeza cuando sintió la presión de mis labios abarcando su clítoris y casi no sentía esa barrera de su calzón y seguí masajeando su vulva con la presión de mi boca sobre su calzón. Ya estaba tan caliente que ya no se pudo controlar, pues creo que después de 20 minutos de chuparle los senos y masajear su cuerpo con mi lengua, ya cuando llegué a su vagina fue como la cereza del pastel y no pudo aguantar mucho más. Solo escuché sus gemidos más acelerados con una respiración que se hizo más profunda y solo escuché que me dijo:
—¡Por dios, me vengo… me está haciendo correr… uh! ¡Dios mío me vengo!
Fabiola elevaba sus caderas y yo empujaba mi boca contra su concha sobre la tela de su pantie y de esa manera vivió su primer orgasmo conmigo.
Después de ese explosivo orgasmo se iba a levantar para asearse en el baño, pero se lo impedí diciendo que quería tener el honor de quitarle los calzones. Se detuvo frente a la cama y sentado le he bajado y desnudado por completo, y he podido ver su vagina rosada y totalmente depilada y de un estilo Barbie que apenas se le puede ver el clítoris. Le pedí que se quedara así, pero ella insistió que se sentía incómoda y que solo se pasaría una toalla para secar su zona todavía húmeda. Terminó con ese movimiento y literalmente me pidió que quería chupar mi verga. Cuando ella me removió el bóxer me dio esa mirada de admiración y me dijo:
—¡Usted no tiene verga… lo suyo es una vergota!
La tomó del tronco y me comenzó a chupar el glande después que me lo había secado con la misma toalla.
Era una mamada también delicada la cual se conllevaba mientras yo estaba de espaldas sobre la cama y creo que lo que más le cabía era la mitad de mi verga. Me chupó deliciosamente los huevos y subió a mi oído y me preguntaba:
—¿Lo estoy haciendo bien? Es la primera vez que hago esto. – me dijo.
La verdad que me encantaba, ver a una chica de carita y cuerpo lindo que te come la verga, no importa cómo lo haga siempre va a ser delicioso. Paso aproximadamente 10 o 12 minutos chupándome la verga cuando me dijo de esta manera:
—¡Quiero que te corras en mi boca… quiero probar y saber que es una corrida!
La verdad que ya estaba a ese nivel y regularmente me gusta hacer correr dos o tres veces a una chica antes de yo correrme, pero vi a Fabiola bien entrada en chupar mi verga y pues ya con su permiso me sentí libre de irme en su boca. Cinco minutos después me llegó esa sensación del no retorno, le hice un vaivén frenético con mi verga en su boca y pude sentir como mis huevos se fruncieron y vi como su boca le rebalsó con mi corrida de leche espesa. Parte se lo tragó, parte se lo limpió con la toalla y fue cuando le pregunté:
—Primera vez que se corren en tu boca… ¿Qué te pareció?
—Bueno, esta es la primera vez que estoy con un hombre… nunca había tenido uno en mi boca. Sabe algún dulce. – me dijo.
—¿Qué te pareció tu corrida, te gustó, quieres más?
—Es la primera vez que me hace correr un hombre, ya te dije antes que nunca había follado antes. Me he tocado a veces, pero hubiese deseado sentir su verga cuando me corría.
—Sigue chupando mi verga y te aseguro que pronto lo experimentamos.
—¿Tiene condones?
—¿Tú qué crees? Siempre cargo un par encima, y traje por si lo que intuía se daba.
—¡No se equivocó ¿verdad? –me diijo Fabiola mientras tocaba su vagina y sus senos a la vez.
Me siguió comiendo la verga así de flácida, pero con los minutos y su cálida boca, pasó a tomar grosor y erección. Ella sonreía al ver tal efecto. Hizo un ademán con sus manos como que me la media y solo me dijo:
—¡Tienes una verga muy grande! No es que sea experta en vergas, pero definitivamente tienes una verga grande. Espero que no duela mucho, nunca ha estado nada dentro de mi.
—Saque un condón de uno de los bolsillos del pantalón que yacía en el piso y vio como este cubría la mayor parte de mi verga. Ella se fue automáticamente en posición del misionero, me abrió las piernas para facilitarme el acceso, pero primero le volví a meter la lengua en su vagina para asegurar estuviera tan mojada cuando la penetrara…
Me hinco frente a ella y sus piernas abiertas, meto primero el glande y ella gime en una combinación de dolor y placer y lentamente la hundo y ella como que con sus manos me va deteniendo. Siento ese viaje lento de mi verga por ese canal y siento que como que llega a un tope. Se queda viendo y veo en sus ojos placer, un deseo, veo esa dulzura juvenil incrédula y me voy por sobre ella y le doy un pequeño beso en su boca. En este momento no hay mucho movimiento y es Fabiola la que me dice:
—Usted va al pie del relato. Solo que más rico que el relato.
—Quiero que mi lengua chupe y conozca cada poro de tu piel… quiero que sientas mi verga en todos tus orificios donde quepa.
—Si… yo quiero sentirla también… aunque me pone muy nerviosa cuando me lo dice.
—No te preocupes, lo haremos cuidadosamente. Quiero cogerte con todas mis ganas y disfrutar también de ese culito porque hoy quiero que ese culito sea mío.
—Ni de chiste, no te lo voy a dar… ¡Pero cómo me encanta que me lo digas! .. me excita mucho cómo me deseas.
—Fabiola, quiero que me des ese culito, quiero que toda mi verga se hunda en ese rico culo que tienes. Su forma, su tamaño tan perfecto …
—¿Te gustaría probar mi culo?
—... sabes que me encantaría. Tu sabes que tienes un precioso culo.
—No se lo puedo negar… me encanta que me lo diga.
—Quiero chuparte el culo y correrme dentro de él.
—¡Que rico suena eso, me da un poco de miedo, pero que rico se siente tu verga dentro de mí, si así se sentirá allá!
—¿Quieres que te chupe y que te coja luego el culo?
—No estoy segura, sígueme follando por mi vagina y después quiero que me comas con tu boca y que me lo desvirgue como usted quiera. Me gusta que me hable así… me excita tanto como su relato.
—¿Sientes la compresión de mi verga?
—Si… me gusta.
—Tu apriétame la verga con tu vagina mientras entro en ella.
—A ver…
Le hablaba de esta manera a su oído y aunque no teníamos mucho movimiento mi verga y mis huevos chocaban por toda esa zona erógena de esta mujer. Diez minutos en esa posición entre yo comprimiendo mi verga y ella apretándola con su sexo y de repente explotó diciendo.
—¡Uh, … me corro! ¡Que rico! Sacúdeme la verga, dale verga a mi vagina. Uh, Dios mío, qué delicioso. Que rico se siente.
Fabiola movía sus caderas y hasta las elevaba, cerraba los ojos y abría la boca respirando profundamente y le di una embestida fuerte a esa vagina y la fricción del mete y saca se escuchaba con ecos en esa habitación. Se escuchaba cómo escapaba el aire de ella con mis bombeos. La cama pegaba contra la pared y crujía que parecía que se iba a romper. Creo que fue una corrida multiorgásmica porque pasó aullando por más de cinco minutos y solo me pedía que no parara. Saqué mi verga de su sexo y sus jugos espesos eran blancuzcos y salió de nuevo al baño a limpiarse. Vi de nuevo su desnudez y aprecié ese rico culo cuando me dio la espalda y sabía que lo tenía que poseer… esta chica debería de experimentar sexo anal en esta misma ocasión. Ella creo que lo quería… ya lo había fantaseado como en el relato.
Era su primer contacto sexual y Fabiola ya experimentó su primer orgasmo con un hombre, y de forma oral y luego un multi orgasmo por vía vaginal.
Había tenido un orgasmo múltiple y lo sabía porque su respiración se relajaba y segundos después se volvía profunda y entre sus gemidos me pedía que sacudiera la verga en esa vagina. La verdad es que después de sentir frío al comienzo de esta experiencia, terminé sudando entre las cobijas que cubrían nuestros cuerpos y, si no terminé con una segunda eyaculación es que ya a mi edad me toma mucho más tiempo correrme una segunda o tercera vez. Creo que eso es una ventaja para una buena experiencia sexual para una chica joven y con ese impulso joven para obtener un orgasmo y en este caso multi orgásmica, aunque creo que la mayoría de las mujeres son multiorgásmicas y solo falta alguien con el potencial para que una mujer lo experimente. Para mi la clave es tomarme el tiempo y ya que la mayoría de las mujeres son muy auditivas, pues ese sexo oral y, no me refiero al contacto de una vagina y mi boca, me refiero a usar palabras que calienten y exciten a cualquiera. Creo que eso le encanta a muchas mujeres y a Fabiola le encantaba que le dijera las cosas que deseaba hacerle cuando lentamente la penetraba. Eso de penetrar a una chica y besarle los lóbulos y decirle o hablarle eróticamente las pone al borde del orgasmo, siempre me ha dado buenos resultados.
Ahora mi tercer y último paso es conquistar y penetrar un buen culito y obviamente el sexo anal no es para todos, pero si lo vas a experimentar la primera vez o esta sea la veinteava vez, la clave es paciencia y mucha lubricación. Ahora, también debe haber una gran dosis de confianza y eso lograrlo en una primera vez es cuestión de hacer gozar sexualmente a tu pareja en esos primeros dos pasos. La mayoría de las mujeres creo que tienen el pudor y regularmente no te lo dejan probar en la primera oportunidad, pero si las tienes al borde del orgasmo, en ese punto no se piensa mucho y terminan cediendo y si se los haces bien, hasta se pueden volver adictivas al sexo anal. Con Fabiola quien venía de gozar un múltiple orgasmo fue cuestión de seguir dándole placer.
Después que se fue a dar una breve ducha al cuerpo, salió envuelta en una toalla donde yo la esperaba sentado contra el espaldar de la cama abierto de piernas. Llegó a darme otra chupada, ya que mi verga se encontraba medioflácida. Me la volvío a parar y luego se sentó sobre mis piernas y mi verga volvía a penetrarla no sin antes ponerme otro condón. En esa posición le chupaba los pechos, cosa que Fabiola me decía que le encantaba. Ahora ya sin calzones, totalmente desnuda ocupaba la humedad de nuestras secreciones y comencé a masajear sus nalgas, pero sobre todo masajeaba delicadamente su ano. Le chupaba y mordía sus pezones, tenía mi verga en su vagina y mis dedos masajeando su ano. Después de unos minutos en esa posición le dije al oído que me quería comer su culito y ella automáticamente se levantó y se puso en cuatro y me dijo:
—Es todo tuyo, quiero saber qué se siente ser devorada por un hombre mayor… Pero ten cuidado conmigo.
Que precioso es ver y escuchar una chica que se te ofrezca de esa manera. Con eso me decía que me tenía confianza, con eso me corroboraba que lo que había vivido conmigo lo estaba disfrutando. Que delicioso era ver ese paisaje de un culito redondito y sólido de una chica de 18 años. Podía ver esos dos orificios que eran un bonito paisaje desde mi ángulo y podía distinguir esa sombra blanca en una piel de tez clara, de los calzones que deben ser hilos los que regularmente usa Fabiola. La comisura entre sus nalgas me lo hacen saber. Comencé a besarle desde la última vértebra de su columna y tomé posición para besarle los pliegues de sus nalgas. Al principio la sorprendió la sensación de la cosquilla, pero luego le fue encontrando placer sexual cuando llegué a besar la entrada de su ano. Miraba como se contraía su ano y apretaba sus nalgas y muslos, en esa piel corrugada donde mi lengua se iba a dar gusto en chupar y que sabía Fabiola también iba a disfrutar.
La tenía en cuatro y miraba como la piel de sus nalgas se erizaba al contacto de mi lengua. Gemía pausadamente y le temblaron las piernas cuando de repente comencé a tocarle con un dedo su clítoris. Al principio fue un roce delicado con mi dedo en su clítoris mientras le chupaba el culo, hacía una pausa y solo le seguía chupando el culo y regresaba con mi dedo y se lo golpeteaba con un poco más de fuerza y Fabiola solo me dijo entre un gemido pausado:
—Usted no sé si es un diablo o un ángel para coger, pero esto me va a volver loca… me lo imaginé en el relato, pero esto… que rico, me va a hacer acabar. –
De esa manera continué pausadamente y cuando pasaron los minutos y su pelvis se movía como queriendo encontrar esa fricción de su clítoris con mis dedos, en ese momento solo fue un masaje de mi lengua en su rico culo mientras con mis manos le abría las nalgas. Muchas chicas me han dicho que en ese momento que sienten que les abro las nalgas con mis manos mientras mi lengua hace por penetrarles el culo me han dicho que es una sensación indescriptible y precisamente en ese momento Fabiola comenzó a mover su pelvis como si mi lengua fuera una verga y solo ahogó su gemido llevando su rostro a la cama y solo me dijo:
—¡Metamelo, méteme la verga, me estás haciendo correr!
Por lógica se la dejé ir por la vagina y esta chica aullaba cuando se la metí. Le di una penetrada bestial y esa cama no sé cómo no se quebró, pues parecía que colapsaba. En ese orgasmo comencé a masajear con más presión su ano con mis dedos al punto que el primer falange de mi pulgar está adentro de su culo. Que rico, que delicioso era escuchar a esta chica gozar este orgasmo. Cuando se recuperaba me abrazó y pude ver lagrimas de placer. Me tocó la verga que se ponía flácida y se agachó y me quitó el condón y me la comenzó a mamar con cierta desesperación. Me la volvía a parar con esa rica mamada y me dijo:
—Ábreme el culo, es lo que quieres, ¿verdad?
Se volvía a poner en cuatro y con ese culo dispuesto a recibir mi verga. Le eché saliva a mi verga y comencé la penetración. Su culo apretado me negaba la entrada, pero poco a poco con la dilatación con mis dedos ese anillo comenzó a ceder. Mi glande entró y centímetro a centímetro la mayor parte de mi verga entró. Se lo estaba haciendo sin condón y sentía como ese culo se comprimía. Escuchaba los gemidos de Fabiola y de repente sentí como Fabiola me tomaba en esa posición con su mano los huevos y me los comprimía también. La sensación fue tan rica, tan deliciosa y comencé un vaivén que solo pasó un par de minutos y sentí los espasmos en la espalda baja, una corriente subiendo mi cabeza y volvía a bajar a mis piernas. Mis testículos se volvían a fruncir y expulsaron mi segunda corrida. Se la saqué hasta que mi verga se puso flácida de nuevo y mi esperma comenzó a salir de ese culito primeramente con unas cuantas gotas y luego salió como un pequeño riachuelo que se extendió en su entrepierna.
Nos fuimos a bañar y Fabiola descubrió un pequeño sangrado de su culo y le dije que eso era normal. Nos secamos y nos recostamos en su cama y teníamos una plática trivial. Luego pensé que la sesión terminaría, pero esta chica me sorprendió con algo que me pidió y que ella quería vivir. Quería que le chupara la vagina, pero ella quería sentarse en mi boca. Tomamos la posición para que ella se apoyara con el espaldar de la cama. Me puso su cocha en la cara y comenzó con un vaivén semi lento primeramente y podía sentir como su concha soltaba un riachuelo de jugo vaginal y en minutos todo mi rostro estaba mojado. Movía las caderas friccionando su sexo sobre mi cara y sobre todo en mi boca y nariz mientras yo le tomaba de las nalgas sólidas que tiene y de esa manera explotó en minutos con un bestial orgasmo. Que rico olía esa vagina, que delicioso sabían esos jugos y ella me besó el rostro saboreando sus propios jugos. Me tenía a mil y se bajó a mi verga y a los minutos me hizo acabar causándo mi tercera corrida.
Eran ya las nueve de la noche y fue una buena cogida. Ahora si me preguntan que fueron los bocadillos que me ofreció… ustedes se lo imaginaran. El mejor bocadillo que un hombre como yo desea y eso es disfrutar y comerse plenamente a una bonita chica y en el proceso darle el mejor placer posible.