Entrevista del Director del Departamento de Planificación de Política Exterior de la Cancillería rusa, Alexéi Drobinin, publicada en la revista del Instituto Ruso de Estudios Estratégicos "Problemas de la Estrategia Nacional"

Entrevista del Director del Departamento de Planificación de Política Exterior de la Cancillería rusa, Alexéi Drobinin, publicada en la revista del Instituto Ruso de Estudios Estratégicos "Problemas de la Estrategia Nacional"

Cancillería de Rusia

❓ Pregunta: Estimado señor Drobinin, en cuanto a las tendencias globales en el ámbito de política internacional, ¿cuáles, en su opinión, son las fundamentales que determinan el marco de lo posible y lo imposible?

💬 Respuesta: Según el Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, hemos entrado en la década más peligrosa, impredecible y, al mismo tiempo, importante desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. En mi opinión, esta frase define de manera muy precisa y sutil la esencia de la etapa de desarrollo en que ahora entra el mundo, el país, todos nosotros juntos y cada uno de nosotros individualmente.

La tendencia principal consiste en que la estructura de las relaciones internacionales cambia hacia la multipolaridad. Quisiera aclarar que entendemos la multipolaridad como un fenómeno político. Es un término profesional que se usa para analizar el orden mundial. No se debe compararlo con conceptos científicos de la física teórica o la geografía. Su contenido también se difiere de la interpretación tradicional de tales conceptos como "polo", "polaridad" en la terminología académica.

¿Qué es realmente importante? La posibilidad de que un país o grupo de países dominen deja de existir y da paso a un orden mundial basado en el equilibrio de poderes e intereses de los centros de toma de decisiones de importancia global. En calidad de tales centros pueden desempeñarse Estados líderes, o macrorregiones geopolíticas representadas por las respectivas asociaciones, o foros civilizatorios que también levantan su voz en los asuntos internacionales a través de instituciones especiales. Es una tendencia estratégica principal a largo plazo.

Aún no se ha encontrado un nuevo equilibrio. Ahora observamos una descentralización progresiva del poder político, el fortalecimiento de las posiciones de varios actores no occidentales capaces de elegir su propio camino de desarrollo y, en el futuro, convertirse en centros independientes de la multipolaridad emergente. Tales Estados o sus asociaciones aspiran a obtener la independencia o la "autonomía estratégica". Sus capacidades económicas y científicas se fortalecen considerablemente y pueden administrar sus recursos con mayor libertad.

Se puede destacar los siguientes criterios entre los con que deben cumplir los centros de toma de decisiones de importancia global en el marco del orden mundial policéntrico. En primer lugar, la capacidad de implementar la soberana política interna y exterior. En segundo lugar, el acceso a recursos de cualquier tipo que garantiza la sostenibilidad socioeconómica, un alto nivel de autosuficiencia de la economía nacional. En tercer lugar, la existencia de las significativas capacidades culturales a escala planetaria. Una persona nacida en una cultura o civilización debe tener ciertas oportunidades para su propia realización. Otro criterio fundamental es la capacidad de proyectar su propia filosofía de desarrollo y visión de la política internacional, ser atractivo para otros países y tener la voluntad de realizar su propio proyecto de integración. Quisiera hacer hincapié en que proyectar algo hacia afuera en este contexto no significa imponerlo a los demás.

No hay muchos Estados en el mundo actual que responden a lo mencionado, se puede contarlos con los dedos de dos manos. Al mismo tiempo, tales centros no son necesariamente iguales en lo que se refiere al poder económico y militar, territorio o número de habitantes. Sin embargo, todos ellos son capaces de influir en la situación global y su desarrollo, y lo más importante, aportan al debate mundial.­sus propias opiniones, tradiciones y preferencias.

Probablemente tiene sentido señalar que existe una" escuela de pensamiento " cuyos adeptos rechazan la multipolaridad como una ilusión inalcanzable, hablando del mundo como de una jerarquía vertical o justificando el retorno del modelo bipolar, esta vez estadounidense-chino. En mi opinión, tal interpretación es errónea, sea lo que sea que la explique. El análisis de las tendencias actuales nos permite hablar de la formación de muchos centros de desarrollo mundial, que buscarán en la multipolaridad la oportunidad de preservar la soberanía y la identidad sociocultural, obtener la libertad de determinar su futuro y desarrollarse armoniosamente de tal manera que consideren correcta, partiendo de sus propios intereses.

Ahora diré de los obstáculos en el camino hacia el mundo multipolar. No es ningún secreto que al "Occidente colectivo" le parece que tal orden mundial no es beneficioso para él. En Europa y EEUU temen que esté asociado con graves pérdidas geopolíticas y económicas, amenace con romper completamente el esquema de globalización que se ajustó a sus patrones. En otras palabras, los países de ambos lados del Atlántico temen perder la posibilidad de parasitar al resto del mundo. Cuando se formen varios centros independientes, ¿cómo conseguirán los representantes de Occidente un crecimiento económico superior a expensas del intercambio no equivalente, se apropiarán de los recursos de otros, ejercerán el monopolio del dólar e impondrán sus normas y reglas presentándolas como universales? Todo esto se pone en duda. Así las cosas, es posible comprender naturalmente los temores de nuestros colegas.

No es de extrañar que Occidente esté aplicando todos los esfuerzos para preservar los privilegios que se formaron en la época histórica anterior, desde finales de la década de los 1980, si se entiende estrictamente, y durante los últimos cinco siglos, en la interpretación más amplia posible. Es por eso que la presión sobre Rusia y Bielorrusia, Irán y China está creciendo, el bloqueo de Cuba, la presión de sanciones sobre Venezuela y varios otros países continúan. Vale la pena recordar que una de las causas profundas de la agresión occidental contra la Jamahiriya Libia fueron los proyectos de integración panafricanos de Muamar Gadafi.

Para conservar las posiciones ocupadas una vez, utiliza tanto las herramientas clásicas de poder como medidas financieras y económicas, información y presión psicológica, y otros medios híbridos. Uno de los principales objetivos de la estrategia transatlántica es eliminar a Rusia como actor geopolítico y rival que en repetidas ocasiones a lo largo de la historia ha frustrado los planes de Washington de lograr el dominio mundial. No tenemos que buscar muy lejos para ver ejemplos. Recordemos al menos la congelación de las reservas de divisas con la perspectiva de su confiscación y la iniciativa antimercado de fijar el precio máximo de los productos energéticos. Nuestro país y cualquiera de sus acciones independientes son diariamente vilipendiados y demonizados por, literalmente, todos los principales medios de comunicación occidentales. En los últimos meses, se ha pedido la creación de un tribunal internacional para los dirigentes rusos, con un gran número de políticos, politólogos, abogados y diplomáticos trabajando en tales planes.

Todas estas manifestaciones negativas llevan a la conclusión de que sigue existiendo un serio potencial para una mayor escalada de las tensiones entre Rusia y Occidente. Ucrania sigue siendo el escenario central del acalorado enfrentamiento, el campo de batalla, pero la confrontación ha sido llevada por los adversarios a todas las esferas de la comunicación interestatal: política, económica, informativa y humanitaria. Además, el componente geográfico puede cambiar.

Cabe mencionar la escalada de las tensiones internacionales en la Región Asia-Pacífico, que es un factor determinante de la política mundial en estos momentos. El conflicto entre Estados Unidos y China ha aumentado significativamente, y su rivalidad es de naturaleza compleja. Sin embargo, también existe un serio factor limitante: el enorme volumen de comercio entre ambos países. En 2021 y 2022 superó los 750.000 millones de dólares anuales.

En las condiciones de "doble disuasión" impuestas por los anglosajones, Rusia y China están consolidando las fuerzas que se oponen al paradigma hegemónico del orden mundial. Este proceso ha llevado a la formación de una infraestructura de relaciones interestatales independiente de las políticas occidentales e invulnerable a la presión occidental. Esto confirma aún más nuestra valoración de la tendencia de varios países y pueblos del mundo de no dejarse guiar por la globalización neocolonial al estilo estadounidense, sino de luchar por la elección de su propio camino.

En este contexto, Rusia actúa como uno de los centros mundiales soberanos y lleva a cabo su misión, única en la historia, de mantener el equilibrio mundial de poder y garantizar las condiciones para el desarrollo progresivo de la humanidad sobre la base de un programa unificador y constructivo.

Pregunta: Últimamente, los principales analistas hablan cada vez más de la crisis de la globalización y consideran opciones de globalización e incluso una inversión cualitativa de este proceso mundial. ¿Cuáles son las razones de estos fenómenos? ¿Qué papel desempeñan potencias como Rusia, Estados Unidos y China en la "nueva globalización"?

💬 Respuesta: La crisis del modelo occidental de globalización se está agravando. La fragmentación de la economía mundial se debe al declive de muchos modelos e instrumentos de desarrollo anteriores, a decisiones macroeconómicas irresponsables, como las emisiones incontroladas provocadas por el hombre y la acumulación de deudas sin garantía.

Aunque hay recesión incluso en los países líderes, la economía mundial en su conjunto ha logrado hasta ahora evitar un estancamiento prolongado. Los problemas en los mercados energético, alimentario y financiero han estimulado la búsqueda de soluciones. Están surgiendo los requisitos previos para diversificar el comercio internacional. Se están introduciendo nuevos sistemas de pago nacionales y transfronterizos y cadenas de suministro alternativas.

Los Estados acostumbrados a pensar y actuar en la lógica de la dominación mundial, me refiero, en primer lugar, por supuesto, a EEUU, siguen intentando frenar el desarrollo tecnológico e industrial de sus competidores, privándoles de la oportunidad de un crecimiento progresivo y limitándolos con prohibiciones y sanciones. Un ejemplo clásico es la restricción del suministro de alta tecnología de la UE y EEUU a China. No es nada nuevo. Baste recordar el Comité Coordinador para el Control de las Exportaciones (CoCom) y la llamada enmienda Jackson-Vanik contra el campo socialista durante la Guerra Fría.

La crisis de la globalización se debe también a que las consideraciones políticas han vuelto a prevalecer sobre las económicas en Estados Unidos y sus aliados más cercanos. Para mantener su ventaja competitiva, empezaron a utilizar los instrumentos económicos y financieros como armas. Esto incluye el uso implacable de sanciones, la manipulación de los mercados de divisas y de valores, e incluso la interferencia directa en los asuntos internos de otros Estados.

Estas acciones miopes han agravado los problemas estructurales de la economía mundial y han golpeado al propio Occidente. En particular, se ha socavado la confianza en el dólar estadounidense, acelerando su desmonopolización como principal medio de pagos, ahorro e inversión internacionales. Seamos francos: el dólar no es más que un "billete fiduciario", y el gobierno estadounidense nunca pagará su galopante deuda nacional, que recientemente superó los 31 billones de dólares. Se ha producido una erosión del mercado mundial de la banca y los seguros. Europa está plagada de problemas económicos, agravados por las sanciones antirrusas. Juzgue usted mismo: la inflación en la UE superó el 11% en 2022 y la participación del dólar en las reservas mundiales ha caído del 71% al 59% en los últimos 20 años y sigue cayendo.

Es característico que la situación actual creada por EEUU y sus aliados haya provocado serios incentivos para la reestructuración de la arquitectura financiera y económica mundial. Asistimos a un refuerzo de la cooperación entre los países sometidos a la presión exterior. Se están creando mecanismos regionales y transregionales de interacción e integración económica, así como asociaciones multiformato para abordar objetivos de desarrollo comunes específicos. La Unión Económica Euroasiática, la Organización de Cooperación de Shanghái y los países BRICS son algunos de los nuevos tipos de alianzas más prometedores.

Además, se ve natural que el centro de la actividad económica mundial se haya desplazado a la región Asia-Pacífico. Ante nuestros ojos, China se está transformando en un líder económico a escala mundial. Según las estimaciones de los expertos del Fondo Monetario Internacional, a finales de 2021 el PIB del país calculado en términos de paridad de poder adquisitivo será de 27,2 billones de dólares, frente a los 23 billones de Estados Unidos. A medio plazo, es probable que China se convierta en la primera potencia tecnológica. No es nada nuevo: China ha sido la civilización más avanzada tecnológicamente y el Estado más rico durante varios siglos. Todo está volviendo al punto de partida.

El lugar de Rusia en la economía mundial y en el sistema de división internacional del trabajo viene determinado por sus considerables recursos en todos los ámbitos de la vida y su orientación hacia un liderazgo responsable destinado a garantizar condiciones estables de desarrollo para sí misma y para los demás. Nuestro país trabaja activamente para estrechar los lazos con los Estados y asociaciones amigos sobre la base de la igualdad de derechos y el respeto mutuo. El hecho de que la economía rusa y su sistema financiero hayan resistido un golpe masivo de sanciones y no se hayan hundido bajo el peso de la "tasa de soberanía" confirma esencialmente el alto nivel de autosuficiencia económica de Rusia y, por tanto, su apuesta por convertirse en uno de los centros de atracción del emergente mundo multipolar.

Pregunta: El multilateralismo fomenta el desarrollo de posturas más equilibradas entre los actores políticos, pero también impide que se adopten enfoques unilaterales para resolver los problemas internacionales. ¿Interpretan las grandes potencias actuales este principio de la misma manera o de formas diferentes?

💬 Respuesta: Las actuales tensiones en las relaciones internacionales se deben en gran medida a esta diferencia de interpretación. La mayoría de los países del mundo, incluida Rusia, ven el multilateralismo como una oportunidad para garantizar la estabilidad a largo plazo, la seguridad y la buena vecindad, preservando al mismo tiempo la identidad cultural y de civilización, la igualdad de condiciones de desarrollo para todos los Estados, independientemente de su posición geográfica y tamaño, de su potencial demográfico, de recursos y militar, de sus diferencias de estructura política, económica y social. Entendemos el multilateralismo como el trabajo conjunto para resolver un problema común. Es, en sentido figurado, uno de los medios para lograr y mantener un orden mundial justo y democrático.

Los países que se han acostumbrado a una posición privilegiada en el sistema mundial siguen intentando imponer su visión al resto: un "orden basado en normas", o como a veces se denomina farisaicamente, un "orden internacional libre y abierto". Hemos hablado largo y tendido sobre el tema, así que no quiero entrar en detalles. Solo diré que el orden impuesto por los occidentales, en nuestra opinión, prevé la división del mundo en una minoría privilegiada que establece las reglas que convienen a sus intereses, y el resto que se encontraría en una posición subordinada y acataría dichas reglas. Se trata esencialmente de un enfoque unilateral.

Al mismo tiempo, Occidente politiza el trabajo de las instituciones internacionales, convirtiéndolas en plataformas para batallas propagandísticas que en su mayoría son infructuosas. La diplomacia multilateral clásica está prácticamente paralizada o se dedica a cuestiones marginales. En los formatos establecidos, cuando los occidentales no tienen una voz decisiva, van por otro lado, imponiendo una participación equitativa de sus apoderados. Puede tratarse de estructuras internacionales, organizaciones no gubernamentales o empresas privadas. La ONU es un buen ejemplo de ello. Así, las capitales occidentales, especialmente Washington, intentan desdibujar la naturaleza intergubernamental de las plataformas multilaterales.

Otro rasgo característico del enfoque occidental es que la versatilidad, es decir, el multilateralismo que impulsan suele ir dirigido contra determinados actores de las relaciones internacionales. Antes, estos eran la URSS, los países del campo socialista y los actores independientes del mercado de hidrocarburos. Hoy, la agenda es oponerse a las "autocracias", con lo que se refieren principalmente a Rusia y China.

Nuestra prioridad es restaurar el verdadero multilateralismo. En particular, esto significa desarrollar una cooperación mutuamente beneficiosa y equitativa con los Estados constructivos y sus alianzas en el marco de las instituciones y mecanismos de la diplomacia multilateral. Ofrecemos una alternativa prometedora a los esquemas generados por Occidente que sugieren la amistad contra otros miembros de la comunidad mundial.

La tarea clave en este ámbito, tal y como nosotros la vemos, es reactivar la capacidad de la ONU para desempeñar funciones del mecanismo central que estará coordinando los intereses de los Estados miembros y sus acciones para alcanzar los objetivos de la Carta de la ONU.

Pregunta: ¿Podemos hablar de fallos en el sistema de seguridad colectiva, al menos en el contexto regional, en las actuales circunstancias? En su opinión, ¿marcarán las actuales tensiones internacionales el inicio del acuerdo sobre nuevos principios para el buen funcionamiento de dicho sistema, o se amplificarán los desequilibrios a corto plazo?

💬 Respuesta: Estos fallos son evidentes. Pero tenemos otro problema: los países occidentales están destruyendo irreflexivamente los mecanismos de seguridad colectiva del siglo pasado para satisfacer aspiraciones políticas oportunistas. Es su comportamiento arrogante y destructivo el que ha llevado a la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) a un profundo estancamiento. Ha socavado el sistema de tratados de control de armamentos, ha contribuido a la aparición de nuevos puntos calientes y, en general, ha incrementado significativamente la amenaza a la seguridad mundial. Además, vale la pena recordar que Washington y Bruselas rechazaron con arrogancia nuestras propuestas de acuerdos sobre garantía de seguridad para Rusia jurídicamente vinculantes a largo plazo, presentadas en diciembre de 2021. Simplemente no quisieron discutirlas seriamente. Las descartaron.

Incluso antes de los acontecimientos ucranianos, el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, tenía toda la razón al señalar que no había que fiarse de la palabra de Occidente. Ahora hemos visto con nuestros propios ojos y nuestro propio ejemplo que ni siquiera las garantías escritas -tomamos como ejemplo los mismos acuerdos de Minsk, los compromisos políticos de la OSCE, las normas y reglas del comercio internacional- son respetadas por Occidente. Y tampoco piensan cumplirlas.

En la actualidad, EEUU, sus aliados y satélites siguen aumentando el gasto militar. Se han invertido cientos de miles de millones de dólares en reforzar los músculos de Ucrania. Una tendencia extremadamente preocupante para el mundo es la remilitarización acelerada de Alemania y Japón. Tokio planea gastar 320.000 millones de dólares en defensa en los próximos cinco años, lo que convertirá el presupuesto militar de Japón en el tercero mayor del mundo después del de EEUU y China. Alemania, por su parte, destinará para ello 100.000 millones de euros. Y es comprensible que el antiguo hegemón no pueda parar. Recientemente Washington aprobó el presupuesto militar para el ejercicio que finaliza el 30 de septiembre de 2023. Alcanza la fabulosa cifra de 850.000 millones de dólares.

Afrontémoslo: la crisis ucraniana y lo que la precedió demuestran claramente la falta de voluntad de los colegas occidentales para trabajar en la construcción conjunta de un sistema de seguridad colectiva. Aunque el postulado de la indivisibilidad de la seguridad en las dimensiones global y regional no ha sido abolido, optaron por ignorarlo y escalaron deliberadamente.

Tuvimos que responder adecuadamente y seguiremos haciéndolo con el mismo espíritu. En Ucrania se ha desplegado la operación militar especial cuyos objetivos se alcanzarán. Como dijo el Presidente ruso Vladímir Putin en una reunión del Ministerio de Defensa el 21 de diciembre de 2022, "las capacidades de combate de nuestras Fuerzas Armadas aumentan constante y diariamente".

La reducción del potencial de conflicto y la construcción de una arquitectura de seguridad más sostenible solo pueden tener lugar si EEUU y sus satélites renuncian a su dependencia de la dominación por la fuerza y se dan cuenta de que la coexistencia pacífica y la cooperación en pie de igualdad, incluso con Rusia, China, Irán, Corea del Norte, Bielorrusia, Siria, Cuba y Venezuela, no supone una alternativa. Conseguirlo no será fácil. Hasta ahora, las circunstancias geopolíticas no lo han propiciado.

La diplomacia se enfrenta en este momento a la nueva y antigua tarea de evitar una colisión frontal entre las potencias nucleares, con los mayores riesgos de escalada, cuya probabilidad ha aumentado considerablemente debido a las temerarias acciones de nuestros oponentes. Todo el mundo debe comprender que en una guerra nuclear no puede haber vencedores ni vencidos. Nunca debe desatarse.

Pregunta: Alexéi, en su opinión, ¿cuál es el papel de los factores de civilización en la etapa actual del desarrollo político mundial, saturada por la lucha de tecnologías y la confrontación económica? ¿Es la cultura de la cancelación que se ha extendido en Occidente un indicio de la coyuntura actual o un mal funcionamiento de la democracia liberal al estilo estadounidense?

💬 Respuesta: En su discurso en el Club de Debate Internacional Valdái el 27 de octubre de 2022, el Presidente de la Federación Rusa Vladímir Putin llamó la atención sobre la cuestión de la diversidad de civilizaciones y su importancia en la transformación del orden mundial. Son las comunidades civilizatorias, que a menudo coinciden con las macrorregiones económicas y geopolíticas que configurarán el futuro de las relaciones internacionales.

Hasta hace poco, y durante una época bastante larga, el protagonismo en los asuntos mundiales había correspondido a la civilización occidental. Sin embargo, en la actualidad solo queda una fachada del modelo de democracia liberal que promueve. A decir verdad, esa fachada casi se ha desmoronado. En Occidente dominan ya las actitudes políticas y de comportamiento neoliberales, agresivas y totalitarias por naturaleza, que llevan a la atomización de la sociedad y a la degradación del hombre como tal.

La democracia es reemplazada por el democratismo, es decir, por el poder prácticamente ilimitado de las élites gobernantes con una observancia únicamente formal a las normas democráticas y la preservación de las instituciones democráticas como farsa. A expensas de los valores familiares, se imponen las actitudes de género y los temas LGBT, así como el liberalismo de las drogas, el culto al consumismo y la permisividad.

El mecanismo punitivo de la cultura de la cancelación -la expulsión del espacio público de quienes se permiten expresar una opinión diferente- es precisamente lo que se utiliza para solidificar las actitudes neoliberales como si no tuvieran alternativa. Métodos como el acoso y la censura, incluso en el espacio digital, son herramientas mucho más fáciles de utilizar que el diálogo razonado basado en los hechos, la experiencia, el sentido común y la ley. Basado en la honestidad intelectual.

Consideremos, por ejemplo, la guerra contra los monumentos en EEUU, los movimientos "Me Too" ("Yo también") y "Black Lives Matter" (Las vidas negras importan) y la práctica de eliminar contenidos de las redes sociales. Una vez probados dichos actos de la cultura de la cancelación a nivel nacional, los estadounidenses y sus aliados empezaron a intentar aplicar los mecanismos pertinentes a otros países, incluida Rusia. Se utilizó el conjunto de herramientas más amplio: desde sanciones financieras y económicas y campañas de información hasta presión militar y política directa y la abolición de la cultura y la historia rusas.

Hablemos de otro aspecto: los "liberales" occidentales, obsesionados con la manía del globalismo, no solo no dudan, sino que incluso prefieren utilizar, según ellos, las herramientas más eficaces -terroristas internacionales y ultranacionalistas o neonazis- en la lucha contra los competidores geopolíticos. No hablaré por los demás, pero en Rusia recordamos bien cómo Occidente apoyó a los terroristas en el Cáucaso Norte en los años 1990, y vemos cómo ha alimentado y sigue alimentando el proyecto rusófobo del "ucranismo banderista".

Occidente parece haber olvidado que los valores morales y espirituales tradicionales, comunes a todas las civilizaciones, son algo más que un conjunto de postulados. Son la base del desarrollo armonioso del hombre, una condición para el progreso estable a nivel del individuo, la sociedad y el Estado. Apartarse de ellos es un camino directo hacia la crisis y la decadencia, y la historia está repleta de ejemplos de este tipo.

No hay recetas fáciles para remediar la situación. Nosotros vemos la solución en trabajar junto con personas de ideas afines para intentar dar forma a la agenda mundial, plantear cuestiones de actualidad importantes para nosotros y en consonancia con los intereses de la mayoría de los países, buscar de forma conjunta y constructiva vías para resolverlas, trabajar para reforzar el marco jurídico internacional en las relaciones interestatales.

Es peligroso subestimar el lugar y el papel de nuestro país en los procesos mundiales. Rusia es una civilización euroasiática y, como decimos nosotros, europacífica. La creación de un espacio de paz, estabilidad y confianza mutua en todo el continente -desde Europa hasta el Océano Pacífico y desde el Ártico hasta el Océano Índico- es la clave de nuestro desarrollo, prosperidad y seguridad. Nuestro distanciamiento de Occidente crea las condiciones para el desarrollo de la cooperación con otras grandes plataformas civilizatorias: la china, la árabe-musulmana, la indo-sudasiática, la africana, la latinoamericana y la región geopolítica de la ASEAN. Ahí es donde se concentran ahora mismo la mayoría de nuestras personas afines y amigos. Al mismo tiempo, aumenta la demanda de Rusia como país y civilización únicos capaz de garantizar el equilibrio mundial.

Mucho dependerá de si somos capaces de organizar una amplia coalición interregional de Estados-amigos y en la que participen socios prioritarios. Si lo logramos, esto determinará en gran medida el éxito de la política exterior rusa y la estabilidad de las relaciones internacionales en los próximos años.

Report Page