El universo en una taza de café

El universo en una taza de café


No lo sabemos todo…, aún

Página 22 de 24

NO LO SABEMOS TODO..., AÚN

¿Y aquí acaba la astronomía? ¿Ya hemos desentrañado todos los misterios del espacio?

Por supuesto que no, voz cursiva.

La astronomía es la ciencia más accesible para cualquiera en su nivel más básico, pero, como hemos visto, más allá de la simple observación con nuestros propios ojos también es uno de los campos más difíciles de estudiar.

Nuestra comprensión de la naturaleza ha avanzado muchísimo desde el momento en el que los griegos plantearon que, para encontrar las leyes que gobiernan nuestro entorno, deberíamos estudiar la realidad por lo que realmente es y no lo que queremos que sea. En el fondo, en la actualidad seguimos haciendo lo mismo que esos primeros filósofos naturales de la Antigüedad para desentrañar los misterios del mundo que nos rodea: construir modelos que se ajusten a nuestras observaciones y que, en última instancia, nos permitan descubrir si realmente son ésas las explicaciones que describen correctamente la realidad. Por supuesto, por el camino plantearemos muchos modelos erróneos. De hecho, es probable que la mayoría de ellos sean erróneos, ya que el universo acostumbra a estar regido por una única verdad.

No hay duda de que, durante el último siglo, hemos encontrado respuestas a una gran cantidad de preguntas sobre la naturaleza del cosmos… Pero resulta que, por suerte o por desgracia, con cada respuesta aparecen nuevas preguntas.

Por ejemplo, hemos descubierto que el universo se está expandiendo, lo que nos dice algo sobre su origen. Y, aun así, toda la materia que podemos observar en el universo a través de nuestros telescopios representa sólo un 5% de la materia necesaria para que éste se esté expandiendo de la manera en la que lo hace. ¿Dónde está el 95% de la materia restante?

Hasta que encontremos la materia que falta, se le ha puesto el nombre provisional de materia oscura, llamada así porque es invisible, no porque sea un tipo nuevo de materia. Hay varias explicaciones que atribuyen esta masa que no somos capaces de ver a objetos demasiado fríos y lejanos como para que podemos distinguirlos desde la Tierra, ya no sólo con luz visible, sino con otras longitudes de onda, como estrellas enanas marrones, planetas, gas intergaláctico o enanas blancas. La masa que falta también podría provenir de partículas que prácticamente no interaccionan con la materia debido a lo ligeras que son, como los neutrinos. Ahora mismo, alrededor de un billón de neutrinos están pasando a través de tu mano cada segundo. Pese a su masa despreciable, una partícula tan abundante podría explicar parte de la discrepancia entre la masa que debería existir y la observada.

Otro ejemplo es el descubrimiento de que las estrellas muy masivas pueden terminar sus vidas explotando y dejando tras de sí un agujero negro. Pero ¿qué ocurre en el interior de uno de estos objetos extremadamente densos y compactos? ¿De qué están compuestos? De momento no tenemos ni idea.

En cualquier caso, lo que cuenta es que estamos intentando comprender estos fenómenos y, al final, incluso nuestros errores nos llevarán en la dirección adecuada, como llevan haciendo durante decenas de miles de años.

Pero, bueno, pese a que aún nos quede mucho por aprender, vale la pena echar la vista atrás y ver cuánto hemos avanzado. Nuestra existencia empezó mientras nos quedábamos ensimismados ante tres tipos de luces que pasaban por encima de nuestras cabezas a diario: las pequeñas, la grande y el disco blanco.

Hoy en día conocemos la naturaleza de estos objetos. La mayoría de esas luces son estrellas, parecidas a la otra luz grande que vemos en el cielo, aunque mucho más lejanas. Un puñado de esas luces son otros mundos, rocosos o gaseosos, que dan vueltas junto a nosotros alrededor de nuestra estrella particular. Otras esconden cometas y asteroides que vagan por nuestro vecindario en órbitas un poco más caóticas que los planetas.

Lo más impactante es que incluso hemos colocado en el espacio algunas de esas luces nosotros mismos al poner satélites en órbita alrededor de la Tierra. Si las condiciones son correctas, podemos verlos atravesar el cielo por la noche mientras reflejan la luz del Sol. Algunas de nuestras naves han llegado hasta otros planetas, y una de ellas está escapando hoy en día de los límites del sistema solar. Hemos conseguido que algunas de esas naves aterricen en otros cuerpos del sistema solar para analizarlos más de cerca y, de paso, dejar una pequeña parte de nuestro ingenio en su superficie.

Pero el avance de la astronomía no sólo nos ha ayudado a comprender qué ocurre más allá de nuestro planeta. También ha influido en la visión que tenemos sobre nosotros mismos y nuestra propia existencia.

El lugar que creemos ocupar en el universo ha cambiado drásticamente durante todo este tiempo. Ya no vivimos en una superficie plana rodeada por la cúpula celeste ni el firmamento da vueltas a nuestro alrededor. El cielo ha demostrado tener unas proporciones inimaginables, las necesarias para albergar en su interior nuestra galaxia…, bueno, y los otros 350.000 millones de galaxias de un tamaño parecido. Ah, y alrededor de 7 billones de galaxias enanas. En total, todas estas galaxias contienen alrededor de 30 millones de billones de estrellas. 30 millones de billones. Es un número difícil de asimilar. Visualiza mil estrellas. Ahora imagina mil veces esa cantidad y tendrías un millón. Multiplícala por mil otra vez y alcanzarás los mil millones. Repite el proceso otra vez. Y otra vez. Y otra vez. Y ahora imagina 30 veces esa cantidad.

El tamaño descomunal del universo nos ha dado una lección de humildad que no hubiera sentado muy bien hace unos cuantos siglos, cuando se consideraba que el ser humano era el centro de la creación y todo estaba hecho a nuestra medida. De momento se han descubierto casi 2.000 planetas orbitando alrededor de otras estrellas, de los cuales unos 30 tienen el potencial de ser habitables… Y esto teniendo en cuenta que la tecnología de detección está aún en pañales y que estamos estudiando estrellas que están relativamente cerca de nosotros dentro de nuestra propia galaxia. ¿Cuántos planetas potencialmente habitables podría haber ahí fuera? Sólo podemos hacer estimaciones, pero se habla de decenas de miles de millones.

El estudio del cielo nos ha permitido incluso empezar a responder a preguntas que, hasta no hace mucho tiempo, eran meramente filosóficas. A medida que la astronomía ha avanzado y hemos encontrado los principios que gobiernan el universo, la necesidad de recurrir a explicaciones sobrenaturales para describir el mundo se ha ido reduciendo. Como resultado, las deidades se han ido refugiando tras los fenómenos para los que aún no hay explicación… Y cada vez les quedan menos sitios donde esconderse.

¿Quién le iba a decir a ese primer humano prehistórico que salió de su cueva y levantó la vista al cielo, intentando adivinar qué estaba pasando, que esa recién adquirida curiosidad por el juego de luces que tenía lugar por encima de su cabeza iba a convertirse en algo tan complejo?

En fin, todavía nos quedan muchas preguntas por responder, pero eso es precisamente lo emocionante. Y, más aún, en una época en la que cualquiera tiene a su disposición más información sobre el cielo en su móvil o su ordenador que cualquiera de los astrónomos que han desentrañado los misterios del universo a lo largo de la historia.

Ir a la siguiente página

Report Page