El príncipe roto

El príncipe roto


Capítulo 11

Página 14 de 39

Capítulo 11

La pastelería está tranquila cuando llego a las dos. Quería venir antes, pero Lucy habría estado ocupada. Me gustaría que me gritara, que sacara todo lo que tiene dentro y que luego me dijera que coja un delantal y me coloque detrás del mostrador.

Easton quería entrar. Se quejó de que no había comido nada en las últimas dos horas. Tras suplicarle durante un ratito, accedió a esperarme en el coche.

—¿Está Lucy? —pregunto al muchacho tras la caja registradora. El tipo alto y desgarbado es nuevo, y tengo la profunda impresión de que es mi sustituto. 

—Lucy —grita con la cabeza girada hacia atrás—. Ha venido una chica que quiere verte.

Lucy asoma la cabeza por la puerta trasera. 

—¿Quién es?

El chico me señala con el dedo pulgar.

Su bonito semblante se ensombrece al verme.

—Oh, eres tú, Ella. Dame un minuto. ¿Por qué no te sientas allí?

Sí, estoy despedida.

El cajero me lanza una mirada compasiva antes de atender al siguiente cliente. Me siento junto a una mesa vacía y espero a Lucy.

No tarda mucho. Alrededor de un minuto después, sale de la trastienda con dos tazas de café. Coloca una frente a mí y da un sorbo a la otra antes de tomar asiento.

—Hace dos semanas, Reed Royal se presentó aquí buscándote. Al día siguiente, tu tutor legal, Callum, me llamó para informarme de que estabas muy enferma y que no estarías en condiciones de trabajar durante un tiempo indeterminado. Adelanta la película, y aquí estás, sana, aunque algo más delgada que cuando te fuiste. —Se inclina hacia delante—. ¿Necesitas ayuda, Ella?

—No. Lo siento, Lucy. Debería haberte llamado, pero no podía venir a trabajar. —La mentira me deja un regusto amargo en la boca. Lucy es una mujer encantadora y me encanta trabajar aquí. Se lo digo—: Me encanta trabajar aquí y sé que te arriesgaste al contratarme. 

Frunce los labios antes de dar otro sorbo a la taza de café. Le da unos golpecitos con los dedos antes de contestar:

—Necesitaba a alguien urgentemente, y al ver que no estabas disponible y que no podía contactar contigo, tuve que pasar página. Lo entiendes, ¿verdad?

Asiento porque es la verdad. No me gusta, pero lo comprendo.

—Lo siento —repito.

—Yo también. —Mete la mano en el bolsillo de su delantal tiznado de harina—. Toma, llámame si necesitas cualquier cosa.

«Cualquier cosa, menos un trabajo», pienso.

—Gracias —respondo antes de guardarme la tarjeta.

—No pierdas el contacto, Ella —me comenta con amabilidad mientras se pone de pie—. Si vuelvo a tener el puesto libre, quizá podamos volver a intentarlo.

—Gracias. 

Mi vocabulario se ha reducido a tres palabras: «gracias» y «lo siento».

Lucy vuelve a dar un trago al café y se marcha a la cocina mientras yo me quedo pensando en lo mal que gestioné mi huida. No estoy acostumbrada a ser la que incumple su palabra y, aunque tengo un nudo en el estómago por haberla decepcionado, también estoy ligeramente contenta porque se preocupara por mí. Porque alguien se preocupara.

Ir a la siguiente página

Report Page