El príncipe roto

El príncipe roto


Capítulo 13

Página 16 de 39

Capítulo 13

Uno a uno, llegamos al camino asfaltado de la casa de los Royal. Mi descapotable, la camioneta de Easton, el Range Rover de Reed y el Rover que comparten los gemelos. Permanezco en el coche mientras observo a los hermanos Royal cerrar las puertas de sus vehículos y desaparecer por la puerta lateral de la mansión. 

No me puedo creer que Brooke esté ahí dentro. No me puedo creer que Reed se «olvidara» de mencionarlo. Con todas las veces que se ha plantado en mis narices y me ha vacilado diciendo que iba a volver a conquistarme y que todavía lo deseaba, ¿no se le ha ocurrido decirme que Brooke había vuelto?

Por supuesto que no. Se cree que si finge no haber tocado a Brooke jamás, que si finge que no existe, a lo mejor me olvidaré de ella.

Pero no va a ser el caso. Ella Harper no olvida. Nunca.

Respiro hondo y me obligo a bajar del coche, sin embargo, fracaso, porque me quedo sentada. Hasta que la puerta lateral no se abre, no salgo del vehículo.

—Ella —dice Brooke, sonriendo de oreja a oreja.

Cojo mi mochila, rodeo el coche e intento pasar por su lado sin detenerme, pero ella se interpone en mi camino. Nunca he deseado pegar un puñetazo a alguien más de lo que deseo estampar el puño en la cara de esta mujer. Es igual de rubia y falsa como la recordaba. Está embutida en un caro minivestido y lleva unos tacones de aguja altísimos y bastantes diamantes como para llenar una tienda de Tiffany’s entera. 

—No tengo nada que decirte —anuncio.

Brooke ríe.

—Ay, cariño, no lo dices en serio.

—Sí que lo digo en serio. Apártate de mi camino.

—No hasta que hayamos tenido una pequeña charla de mujeres —gorjea—. No puedo dejar que entres hasta que no hayamos dejado claras unas cuantas cosas.

La incredulidad hace que arquee las cejas.

—No hay nada que aclarar. —Por alguna razón, bajo la voz, aunque tanto ella como Reed se merecen que les grite a todo pulmón—. Te has acostado con el hijo de Callum.

—¿Ah, sí? —Ríe con nerviosismo otra vez—. Estoy segura de que, si eso fuera cierto y si alguien de esta casa lo hubiese sabido, Callum ya se habría enterado.

Brooke me lanza una mirada incisiva. Ahí me ha pillado. Y ahora estoy enfadada conmigo misma por haber mantenido la boca cerrada. Una palabra a Callum, y Brooke sería historia. La echaría más rápido de lo que se tarda en pronunciar «zorra mentirosa». 

Pero… también echaría a Reed. Puede que incluso lo desheredara.

Dios, tengo náuseas. Y también estoy mal de la cabeza. ¿Por qué si no me importaría lo que le pasara a Reed Royal?

Brooke sonríe, consciente de lo que estoy pensando.

—Ay, eres patética. Estás enamorada de él. 

Aprieto la mandíbula y me rechinan los dientes. Se equivoca. Ya no lo quiero. No.

—Intenté advertirte. Te dije que los Royal te destrozarían, pero no me escuchaste.

—¿Y por eso me castigaste? —pregunto con sarcasmo.

—¿Castigarte? —Parpadea, por lo que parece, realmente confundida—. ¿Qué crees que he hecho exactamente, cielo?

La observo, boquiabierta.

—Te acostaste con Reed. ¡Os pillé a los dos! ¿O se te ha olvidado ese detalle?

Brooke le resta importancia con la mano.

—Ah, te refieres a la noche en la que huiste. Siento decepcionarte, pero no hubo… acción… esa noche. 

—Es… estabas desnuda —tartamudeo.

—Quería demostrarle algo. —Pone los ojos en blanco ante mi expresión de perplejidad—. Reed necesitaba aprender una lección. 

—¿Que eres una zorra mentirosa?

—No, que esta es mi casa. —Hace un gesto hacia la mansión que tenemos a nuestras espaldas—. Él ya no maneja el cotarro. Ahora soy yo quien manda. —Brooke se lleva un mechón de pelo dorado y brillante tras la oreja después de acariciarlo—. Quería enseñarle lo que ocurre cuando alguien se pasa de la raya. Quería que se diera cuenta de que puedo destruirlo sin esfuerzo alguno. ¿Y has visto lo fácil que fue? Con solo quitarme el vestido… ¡puf! Su relación contigo es historia. Eso, querida mía, se llama poder. 

Me muerdo los carrillos. No sé qué creer ya. ¿Reed ha hecho un trato con ella para que me cuente esto? Mentiría y fingiría que no se ha acostado con él a cambio de… ¿qué? ¿Acaso importa? Se acostaron en algún momento. Y si es capaz de traicionar a su propio padre de esa manera, no puedo imaginarme lo fácil que le resultaría traicionarme.

No puedo jugármela. Sé lo que vi en su dormitorio. Brooke estaba desnuda. ¡Y él se quedó allí pasmado y no dijo nada! Si dejo que Reed y Brooke siembren la duda en mi cabeza, solo será cuestión de tiempo que cometa una estupidez… como perdonarlo. Y luego me hará daño otra vez y no podré culpar a nadie más que a mí misma. 

—Te acostaste con el hijo de Callum —repito, y dejo que el asco se refleje en mi cara—. No importa si te lo tiraste o no esa noche. Lo has engañado con su propio hijo…

Brooke se limita a sonreír, y la bilis me sube por la garganta.

—Eres… —empiezo a decir, pero dejo que se mueran las palabras. Uf. Ningún insulto de este mundo podría hacer justicia a esta mujer.

—¿Soy qué? —pregunta a modo de burla—. ¿Una zorra? ¿Una cazafortunas? ¿Algún otro insulto que se te ocurra? No entiendo por qué las chicas no podemos apoyarnos las unas a las otras, pero, sinceramente, cariño, no me importa lo que opines de mí. Pronto este será mi hogar y yo seré la que esté al mando. Deberías intentar llevarte bien conmigo —dice, y arquea una ceja.

Me recuerdo a mí misma que ya me he topado con otras mujeres como Brooke cientos de veces antes. Es una acosadora a puerta cerrada. Es dulce con toda la gente que tiene dinero, mordaz con las chicas que no la ayudan a mejorar su condición social y mala directamente con cualquiera que la amenace. 

Así que hago acopio de valor para enfrentarme a sus amenazas y respondo mientras arqueo de nuevo la ceja:

—Callum nunca permitiría que me echaras. Y aunque lo hiciera, no me importaría. Ya he intentado huir de aquí, ¿acaso no te acuerdas?

—Pero has regresado, ¿no es así, querida?

—Porque me ha obligado —murmuro.

—No, porque has querido. Podrás decir que odias a los Royal todo lo que quieras, cielo, pero la verdad es que quieres formar parte de esta familia. De cualquier familia, en realidad. La pobrecita y huérfana Ella necesita que alguien la quiera.

Se equivoca. No lo necesito. Sobreviví sola dos años después de que mi madre muriera. Puedo volver a hacerlo. No me importa estar sola.

O eso creo.

—Unos cuantos comentarios persistentes y te garantizo que Callum se pondrá de mi lado —dice Brooke—. Lo que le diga depende de ti. ¿Quieres seguir viviendo como una Royal o quieres volver a menear el culo para ganarte unos cuantos dólares? Estás a cargo de tu propio destino. —Señala hacia atrás con su uña bien arreglada—. Todavía hay un sitio para ti aquí.

Ambas nos giramos al oír el motor de un coche. El todoterreno de Gideon se detiene de golpe tras la camioneta de Easton. El mayor de los hermanos Royal se baja del coche, nos mira y nos pregunta:

—¿Qué está pasando aquí?

—Solo le estoy dando la bienvenida de nuevo a Ella —responde Brooke, guiñándome un ojo—. Ven y dame un beso, querido.

Da la sensación de que Gideon preferiría besar antes a un cactus que a la novia de su padre, pero, aun así, se acerca y le planta un frío beso en la mejilla.

—¿De qué va todo esto? —murmura—. Me he saltado las clases de la tarde y he conducido durante tres horas para venir aquí, así que más vale que sea importante. 

—Oh, es importante. —Brooke nos dedica una sonrisa enigmática—. Vamos dentro. Tu padre y yo os lo contaremos todo. 

***

Cinco minutos después, Callum nos indica con una expresión seria que entremos en una de las salas que hay junto a la entrada de la casa. Tiene la mano colocada de forma protectora sobre la zona lumbar de Brooke. ¿Y Brooke? Está como si estuviera en éxtasis.

La habitación está decorada de forma impecable, tal y como lo he denominado, al puro estilo de finca sureña. Las paredes están cubiertas de un papel color crema. Hay molduras de varios centímetros que adornan el techo. La habitación es lo bastante grande como para que haya dos áreas de descanso, una cerca de los ventanales, que van del suelo al techo y están cubiertos por cortinas de seda de color melocotón, y otra cerca de las puertas. Brooke toma asiento en una de las sillas de color verde claro y melocotón junto a la chimenea. 

Sobre la chimenea hay una preciosa pintura de Maria Royal. Hay algo que no cuadra en el hecho de ver a Brooke sentada en esta sala, frente a esa pintura. Algo sacrílego. 

Después de servirse una copa de whisky, Callum se coloca detrás de Brooke, con una mano sobre su silla y la otra alrededor del vaso, a punto de rebosar.

Gideon pasea y se detiene junto a las ventanas con las manos metidas en los bolsillos mientras echa un vistazo al jardín delantero. Easton y yo empezamos a caminar hacia él, pero la voz de Callum nos detiene.

—Sentaos. Tú también, Gideon.

Gideon no se mueve. Ni siquiera se da cuenta de que Callum ha hablado. Reed mira a su padre y a Gideon, y llega rápidamente a alguna conclusión. Se acerca a su hermano y se coloca a su lado.

Las líneas están claramente trazadas.

Observo cómo los dedos de Callum rodean el respaldo de la silla. Gira el cuerpo hacia sus hijos mayores, pero se queda plantado junto a Brooke. ¿Qué influencia tiene sobre él?

La mujer no puede ser tan buena en la cama…

—Brooke… quiero decir, nosotros… tenemos una noticia que daros.

Easton y yo intercambiamos una mirada recelosa. Los gemelos están a mi otro lado, con la misma expresión de desconfianza.

—Brooke está embarazada.

Se oyen una serie de silbidos a modo de respuesta, al mismo tiempo que tomamos aire, sorprendidos. 

Cuando termina de hablar, Callum levanta la copa y bebe. Y bebe. Y bebe hasta que el vaso queda totalmente vacío.

Brooke parece feliz. Verla así de contenta es horrible.

¿Está mal pegarle a una mujer embarazada? Cierro los puños junto a mis costados en caso de que alguien, quien sea, me dé luz verde para saltar por encima de dos sofás y una mesita auxiliar y darle una paliza hasta que pida clemencia. Está destrozando a esta familia, y la odio por ello más que a nada.

—¿Y eso qué tiene que ver con nosotros? —pregunta Easton por fin. Su voz derrocha insolencia. 

—Es un Royal, lo que significa que tendrá el apellido Royal. Vamos a casarnos.

Callum muestra una dureza implacable. Supongo que así es cómo habla en la sala de juntas, pero esto no es un trato de negocios. Se trata de su familia. 

Brooke levanta la mano izquierda y abre los dedos.

Junto a la ventana, Reed tensa el cuerpo, mientras que Easton gruñe a mi lado.

—¡Ese es el anillo de mamá! —dice Sebastian. 

—No puedes darle el anillo de mamá. —Sawyer agarra un jarrón del centro de la mesilla auxiliar y lo arroja al otro lado de la estancia. Ni siquiera pasa cerca de Brooke, pero el impacto hace que todos nos encojamos—. Vaya puta mierda…

—No es su anillo. —Callum se pasa una mano temblorosa por el pelo—. Se parece, pero el anillo de vuestra madre está arriba. Os lo prometo.

Lo observo con la boca abierta. ¿Qué clase de hombre da a su nueva esposa un anillo que se parece al de su difunta exmujer? ¿Y qué clase de mujer lo aceptaría? Este juego con el que Brooke se divierte es demasiado enrevesado para mí. Parece que le guste herir a la gente.

—Tus promesas no valen nada —dice Gideon a su padre con una frialdad y una implacabilidad que no tienen nada que ver con su habitual conducta apacible. De todos los chicos Royal, Gid siempre ha sido el más tranquilo. Pero ahora mismo no está nada tranquilo, en absoluto—. Puedes tener todos los bebés que quieras con ella, pero no forman parte de nuestra familia, ni lo harán nunca. 

Se adelanta y se acerca a Brooke y a Callum. Contengo la respiración mientras se coloca frente a ellos.

—Tú nunca pertenecerás a esta familia —le dice a ella, tan impasible que hace que frunza los labios—. No me importa por qué te abres de piernas, nunca dejarás de ser una puta cara.

Brooke sonríe.

—Y tú nunca llegarás a ser nada más que el hijo olvidado de un hombre rico y de una mujer que se suicidó.

Gideon se encoge. Luego, se da media vuelta y sale de la habitación. Los gemelos lo siguen, seguidos de Easton. Solo quedamos Reed y yo, y no puedo evitar mirar en su dirección. Su expresión refleja asco, ira y decepción.

Aunque no percibo… sorpresa.

El anuncio de Callum sobre el nuevo bebé Royal había dejado sin palabras a todos menos a Reed.

Nuestras miradas se encuentran y en ese momento percibo la verdad en sus ojos azules.

Él ya lo sabía. 

Ir a la siguiente página

Report Page