El primer lienzo

El primer lienzo


22 de marzo de 2018, 10:25. Valencia

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22 de marzo de 2018, 10:25. Valencia

La normalidad ha vuelto a una Valencia resacosa, que ve cómo sus calles se tiñen de ajetreo. De nervios. Que vuelve a escuchar los gritos de un tráfico lento, las bocinas de coches anclados al asfalto, de conductores nerviosos. Una Valencia que ya no huele a pólvora, sino a humo y a perfume caro.

En la Jefatura Superior de la Policía Nacional nada ha vuelto a ser igual.

Ya no existe la normalidad. Tampoco la alegría o el humor típico de días tensos se respira en el ambiente. Todos callan en las oficinas. Todos caminan arrastrando los pies en un luto casi necesario tras la muerte de Raúl.

Sobre todo, sus compañeros.

En la sala de reuniones, Aura observa la pizarra vacía y limpia. Ya no hay restos de anotaciones, pistas e impresiones de los agentes. Ahora esperan meses de tranquilidad o no, en cualquier momento puede sonar el teléfono y tendrán que acudir a una nueva llamada.

Y así es. El teléfono vuelve a sonar antes incluso de que Aura se quite de la cabeza a El Bosco. Es Daniel quien la llama. Una llamada extraña, pues hace menos de diez minutos que estaban todos reunidos en esa misma sala. La subinspectora arruga la frente y descuelga.

—Baja al despacho, ya. —Su voz suena firme, autoritaria, oscura.

En ese instante, todos los miedos de Aura reflotan en su cabeza como una burbuja de aire dentro del agua. Cuelga el teléfono y sale hacia el despacho de Daniel en una apresurada marcha de pasos ligeros sin llegar a correr.

Cuando entra en el despacho, se topa de frente con todos sus compañeros. Ahora pocos, puesto que todos tienen alguna merma que curar. Daniel se encuentra al lado de una pantalla de ordenador, junto con Leo, que está sentado en el escritorio.

—Tienes que ver esto —dice Daniel, lanzando un oscuro pensamiento a la mente de Aura, que sabe que aquello no puede significar nada nuevo.

—¿Qué ocurre? —investiga ella mientras se coloca detrás de Leo. Este la mira y traga saliva.

—Esta mañana ha llegado por Correos una carta a nuestro departamento. Era una carta certificada que contenía un lápiz de memoria. Daniel la ha recibido y me la ha dado para que la investiguemos.

—¿Y bien? —pregunta de nuevo Aura.

Aunque su pregunta acaba cayendo al olvido cuando un golpe en la puerta los interrumpe. Se trata de un agente uniformado con la expresión congelada en una facción tensa. Apenas encuentra objetivo donde centrar su mirada y en sus manos porta unos papeles.

—Ahora no —indica Daniel antes incluso de que el chaval, joven y de actitud bisoña, pueda decir nada.

—Disculpen, inspectores, pero me han dado esto como extrema urgencia. Dicen que tienen que verlo.

Daniel resopla con angustia y estira la mano para que el policía le entregue el papel. Cuando lo hace, y se retira a gran velocidad, su mirada no es capaz de creer lo que ve.

—Llama a Héctor —exige sin soltar el papel de las manos.

—¿Tiene que ser ahora? —inquiere Leo, angustiado.

Daniel no responde. Tan solo mira a su compañero y este entiende la importancia del asunto, así que toma el teléfono, pone el manos libres y marca el número del forense. En menos de dos tonos la voz áspera del médico resuena haciendo vibrar los pequeños altavoces del teléfono fijo.

—¿Qué mierda es esto que nos has mandado, Héctor?

—Vaya. Ya lo tienen entonces. Pues, es difícil de explicar. Mira que suelo ser bastante concienzudo para los exámenes, pero en este caso esa prueba no estaba en el cuerpo. La he visto hoy cuando he preparado la ropa del asesino para clasificarla toda. Estaba dentro de una de sus zapatillas.

Daniel traga saliva y le entrega el papel a Aura, que no es capaz de asimilar lo que está viendo. Mira la fotografía y lleva sus ojos hacia Leo justo un segundo antes de darle a él también la muestra.

—Es el extracto que faltaba.

Daniel asiente.

—El Anticristo. El personaje que observaba todo lo que estaban haciendo durante el nacimiento.

—Pero eso no tiene sentido. Él ni siquiera había nacido cuando le ofrecieron el dinero a su madre para que accediera al ensayo —arguye Aura con desesperación.

—¿Algo más, Héctor?

El forense niega ante la pregunta de Daniel y Leo cuelga el teléfono, dejando de nuevo la sala en un silencio total. Un silencio que devora incluso los pensamientos de los agentes.

—¿Qué querrá decir? —pregunta Aura.

—Eso explica lo que nos han mandado hoy. Ahora lo entenderás —anuncia Leo aportando más miedo al cuerpo de Aura, que empieza a sudar de forma excesiva.

En ese momento abre el archivo que contiene el dispositivo de memoria y un vídeo inicia su reproducción.

El vídeo muestra una habitación oscura, tétrica, fúnebre. Una habitación vetusta y sin decoración alguna hasta que una figura rompe la escena. Poco a poco se va haciendo pequeña hasta distinguir la presencia de El Bosco en el vídeo.

Aura traga saliva.

Daniel aprieta los dientes.

El Bosco sonríe de nuevo a través de la pantalla y comienza a hablar.

—Hola una vez más, queridos amigos. Si están viendo esto es porque todo ha acabado para mí. Porque al fin han conseguido silenciar mi cuerpo. La realidad es que, si están viendo este vídeo, es solo porque todavía queda un último lienzo al que enfrentarse. Como ya les habré dicho, no piensen que han ganado. Jamás se habían enfrentado a este juego de una forma justa, pues fueron encontrando las pistas al mismo tiempo que los cuerpos. Esta vez será distinto. Esta vez tendrán la oportunidad de salvar las vidas de todos aquellos que actuaron bajo la sombra de su propio poder.

»¿Acaso piensan que la justicia nace de ustedes? ¿Cuántos de ustedes han traicionado los Principios Básicos de Actuación? Su compañero, sin ir más lejos, fue el primero en romper con la Adecuación al Ordenamiento Jurídico. Concretamente donde dice que un policía debe actuar con integridad y dignidad, absteniéndose de actos corruptos y oponiéndose a él. ¿Se opuso alguna vez Raúl a la corrupción?

»Es por eso por lo que me vi obligado a enfrentarme yo mismo a la justicia. De crear este último lienzo para que todos conozcan quienes deslucieron la justicia y usaron su poder para beneficio personal.

»Espero que hayan encontrado el extracto que dejé en mis prendas. Y siento que la última de las piezas sea tan falible en su interpretación. En efecto, yo siempre fui el ser que contempló cómo se consumían los puros a manos de lobos disfrazados de corderos. Yo fui una víctima y un verdugo. Yo he sido todo, queridos amigos, y ha llegado la hora de que se enfrenten a mi última obra. Pero cuidado, que ese último fragmento guarda mucho más significado del que ahora pretenden saber. Quizá, si se detienen a pensar, puedan llegar a comprenderlo.

El vídeo acaba con su risa reverberando en los altavoces y su mirada gélida atravesando el cristal.

—¿Qué mierda ha querido decir? —pregunta Aura con la voz trémula y la garganta casi bloqueada.

—Junto al vídeo hay varias imágenes —confirma Leo abriendo la primera de ellas.

Es una fotografía hecha sobre su espalda. En ella un enorme tatuaje pinta toda la piel en el dorso del cuerpo. El tatuaje inicia por debajo de su cuello y se extiende casi hasta la escápula. Una imagen que Aura no quiere asimilar.

—Otro cuadro —dice, al fin, con el miedo atravesando sus piernas y volviéndolas de papel. La subinspectora se sienta tras ver la imagen. Tras sentir cómo su cuerpo pierde fuerza.

—Hemos llamado al experto en arte. El Bosco hizo muchos trabajos, pero solo hizo tres trípticos. ¿Recuerdas la paja encontrada en el cuerpo de Cristóbal y en el sobre de Raúl?

Aura asiente ante la pregunta tenue de Daniel, que la mira con la pena dibujada en sus ojos amoratados a causa del insomnio.

—El cuadro que falta en el repertorio de El Bosco se titula El Carro de Heno, y es el que se ve en las imágenes.

—Quiere decir que…

Daniel traga saliva y cierra los ojos.

—Hace quince minutos hemos recibido una llamada. Anoche denunciaron la desaparición del excomisario Berrengo.

Aura abre los ojos.

—¿Berrengo no fue…?

Daniel asiente afirmativamente con la cabeza mientras se ensaliva los labios.

—No sabemos cuándo desapareció, puesto que vivía solo, pero en la inspección de su vivienda encontraron el salón lleno de paja. —Por eso nos han llamado.

Aura mira a Leo y suspira. Leo aprieta los labios y con dolor lanza una sentencia que la subinspectora ha estado negando desde que inició el vídeo.

—Todo vuelve a empezar.

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