El placebo eres tú
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8La mente cuántica
La realidad puede ser un blanco en movimiento en sentido literal. Estamos acostumbrados a verla como algo fijo y seguro, pero como descubrirás dentro de poco en este capítulo, la realidad no es como siempre nos la han enseñado a ver. Y si deseas aprender a ser tu propio placebo usando tu mente para alterar la materia, es esencial que entiendas la naturaleza verdadera de la realidad, la relación entre mente y materia y cómo la realidad puede cambiar, porque si no sabes cómo y por qué ocurren estos cambios, no podrás dirigir con tu intención ningún resultado.
Antes de adentrarnos en el universo cuántico me gustaría analizar de dónde vienen nuestras ideas sobre la realidad y adónde nos han llevado. Gracias a René Descartes y a Isaac Newton, durante siglos el estudio del universo se dividió en dos clases: materia y mente. El estudio de la materia (el mundo material) fue declarado el reino de la ciencia, porque en su mayor parte las leyes del universo que rigen el mundo exterior objetivo se podían calcular y, por tanto, predecir. En cambio, el reino interior de la mente al considerarse demasiado imprevisible y complicado se dejó bajo los auspicios de la religión. Y con el paso del tiempo mente y materia se convirtieron en distintas entidades y surgió el dualismo.
La física newtoniana (conocida también como física clásica) estudia la mecánica del funcionamiento de los cuerpos en el espacio y el tiempo, como las interactuaciones entre cada uno en el mundo material y físico. Gracias a las leyes de Newton podemos medir y prever la ruta de los planetas alrededor del Sol, la aceleración de la velocidad de una manzana al caer de un árbol y el tiempo que tardaremos en ir de Seattle a Nueva York en avión. La física newtoniana trata sobre lo previsible. Aborda el universo como si funcionara a modo de una máquina gigantesca o de un enorme reloj.
Pero la física clásica tiene sus limitaciones en cuanto al estudio de la energía, las acciones del mundo inmaterial más allá del tiempo y del espacio y la conducta de los átomos (el componente básico de todo cuanto existe en el universo físico). Este reino pertenece a la física cuántica. Y por lo visto este mundo subatómico de electrones y fotones no se comporta ni por asomo como el mundo macroscópico de los planetas, las manzanas y los aviones con el que estamos familiarizados.
Cuando los físicos cuánticos empezaron a estudiar el más pequeño de los más pequeños aspectos de un átomo, como los elementos de los que se compone el núcleo, cuanto más atentamente lo observaban, menos definido y claro se volvía el átomo, hasta acabar desapareciendo por completo. Se ve que los átomos se componen en un 99,999999999999 por ciento de espacio vacío[1]. Pero este espacio no está en realidad vacío, sino lleno de energía. En concreto, se compone de una enorme gama de frecuencias energéticas que forman una especie de campo de información invisible e interconectado. Si cada átomo se compone de un 99,999999999999 por ciento de energía o de información, significa que el universo que conocemos y cada elemento que hay en él —por más sólida que nos parezca la materia de la que está formado— básicamente no es más que energía e información. Es un hecho científico.
Los átomos contienen un vestigio de materia, pero cuando los físicos cuánticos intentaron estudiarla descubrieron algo muy extraño: la materia subatómica del mundo cuántico no se comporta como la que estamos acostumbrados a tratar. En lugar de seguir las leyes físicas newtonianas, parece de algún modo caótica e imprevisible, totalmente ajena a los límites del tiempo y el espacio. En realidad, a nivel cuántico subatómico, la materia es un fenómeno momentáneo. Surge y desaparece de un momento a otro. Existe solo como una tendencia, una probabilidad o una posibilidad. En el universo cuántico, no existe un solo elemento físico que lo sea de forma absoluta.
Pero no fue este el único hallazgo extraño que los físicos hicieron sobre el universo cuántico. También descubrieron que al observar partículas de materia subatómica, podían afectar o cambiar su conducta. La razón por la que están aquí y desaparecen (y luego vuelven a estar aquí y a desaparecer sin cesar) es porque estas partículas existen simultáneamente en una cantidad infinita de posibilidades o probabilidades en el invisible e infinito campo cuántico de energía. Los electrones solo aparecen en un lugar cuando el observador fija la atención en él. Si aparta la vista, la materia subatómica desaparece transformándose en energía.
Según este «efecto observador», la materia física no existe o se manifiesta hasta que es observada, hasta que la advertimos y le prestamos atención. Y cuando dejamos de prestarle atención se desvanece y vuelve al lugar de donde vino. La materia se está constantemente transformando y pasando de manifestarse en materia a desaparecer en energía (de hecho, unas 7,8 veces por segundo). Y como la mente humana (como observadora) está íntimamente conectada a la conducta y al aspecto de la materia, se podría decir que el poder de la mente sobre la materia es una realidad cuántica. Otra forma de verlo sería que en el universo cuántico subatómico, la mente subjetiva afecta la realidad objetiva. Tu mente puede convertirse en materia, es decir, puedes hacer que tu mente importe.
Dado que todo cuanto podemos ver, tocar y experimentar en nuestro mundo macroscópico se compone de materia subatómica, en cierto modo nosotros —junto con todo cuanto existe en el universo— estamos también apareciendo y desapareciendo todo el tiempo. Y si las partículas subatómicas existen en una cantidad infinita de posibles lugares simultáneamente, en este caso a nosotros de algún modo también nos ocurre lo mismo. Y al igual que estas partículas que pasan de existir en todas partes al mismo tiempo (onda o energía) a existir en el lugar donde el observador las contempla en cuanto les presta atención (partícula o materia), nosotros también somos en potencia capaces de colapsar una cantidad infinita de posibles realidades en la existencia física.
Es decir, si te imaginas una situación futura que desees vivir en tu vida, esta realidad ya existe como una posibilidad en algún lugar del campo cuántico —más allá del tiempo y el espacio— esperando a que la observes. Si tu mente (por medio de tus pensamientos y sentimientos) puede afectar cuándo y dónde aparece un electrón de la nada, en teoría también debería poder influir en la aparición de cualquier cantidad de posibilidades que puedas imaginarte.
Desde una perspectiva cuántica, si te «observas» viviendo un determinado nuevo futuro distinto de tu pasado, esperas que esa realidad te ocurra y aceptas emocionalmente el resultado, estarás —por un momento— viviendo en esa realidad futura, y condicionarás tu cuerpo a creer que la está experimentando en el presente. El modelo cuántico, que afirma que en este momento existen todas las posibilidades, nos permite elegir un nuevo futuro y observarlo materializarse. Y como todo el universo está hecho de átomos, y estos se componen en un 99 por ciento de energía o probabilidades, significa que hay un montón de posibilidades que quizá tú y yo nos estemos perdiendo.
Aunque esto también significa que tú creas por defecto, ya que si tú, como observador cuántico, ves tu vida desde el mismo nivel mental a diario, según el modelo cuántico de la realidad, estás haciendo que infinitas posibilidades colapsen en las mismas pautas de información a diario. Estas pautas, a las que llamas tu vida, nunca cambian, por eso nunca te permiten realizar ningún cambio.
El repaso mental del que he hablado antes no consiste por tanto en vanas fantasías o ilusiones, sino que es en un sentido muy real la forma de manifestar intencionadamente la realidad deseada, como una vida sin dolor o enfermedades. Al centrarte más en lo que quieres y menos en lo que no quieres, puedes materializar lo que desees y al mismo tiempo «hacer desaparecer» lo que no quieres al dejar de prestarle atención. Allí donde pones la atención pones tu energía. En cuanto pones tu atención, o tu conciencia, o tu mente en una posibilidad, también le estás poniendo tu energía. Por eso estás afectando la materia con tu atención u observación. El efecto placebo no es una fantasía, sino una realidad cuántica.
La energía a nivel cuántico
Todos los átomos del mundo elemental emiten distintas energías electromagnéticas. Por ejemplo, un átomo puede irradiar campos invisibles de energía a distintas frecuencias como rayos X, rayos gamma, rayos ultravioleta y rayos infrarrojos, y también rayos luminosos visibles. Y al igual que las ondas radiofónicas invisibles de una determinada frecuencia acarrean una información en concreto codificada (ya sea de 98,6 o 107,5 hercios), cada frecuencia distinta acarrea también una información diversa en concreto, como se muestra en la figura 8.1. Por ejemplo, los rayos X transportan una información muy distinta de la de los rayos infrarrojos, porque vibran a distintas frecuencias. Todos estos campos están constituidos por distintos patrones energéticos que transmiten siempre información a nivel atómico.
FIGURA 8.1Esta tabla muestra dos frecuencias distintas que acarrean distinta información, de ahí que tengan distintas cualidades. Los rayos X no se comportan igual que las ondas radiofónicas y por eso tienen por naturaleza distintas características.
Considera los átomos como campos vibratorios de energía o pequeños vórtices que están girando constantemente. Para entender mejor cómo funcionan, los compararé a un ventilador. Al igual que un ventilador genera viento (un vórtice de aire) al girar, los átomos, mientras dan vueltas, irradian también un campo de energía. Y a modo de un ventilador que puede girar a distintas velocidades, creando un vientecillo más fuerte o más débil, también vibran a distintas frecuencias que pueden generar campos más fuertes o más débiles. Cuanto más rápido vibre un átomo, mayor será la energía y la frecuencia que emitirá. Y cuanto más lenta sea la velocidad a la que vibre o gire un átomo, menos energía producirá.
Cuanto menor sea la velocidad a la que giren las hélices de un ventilador, menos viento (o energía) producirán y más fácil será verlas como objetos materiales en la realidad física. Y a cuanta más velocidad giren, más energía crearán y menos se podrán ver, parecerán ser inmateriales. De tu observación depende dónde pueden aparecer las hélices del ventilador (como las partículas subatómicas que los científicos cuánticos intentaban observar que no cesaban de aparecer y desaparecer de su vista), según dónde y cómo las observes. Y con los átomos ocurre lo mismo. Ahondemos ahora un poco más en ello.
En la física cuántica la materia se define como una partícula sólida, y el inmaterial campo energético de información se puede definir como onda. Al estudiar las propiedades físicas de los átomos, como masa, los átomos se parecen a la materia física. A cuanta menor frecuencia vibre un átomo, más tiempo estará en la realidad física y más aparecerá como una partícula que se ve como materia sólida. La materia nos parece sólida, aunque se componga principalmente de energía, porque todos los átomos vibran a la misma velocidad a la que nosotros vibramos.
Pero los átomos también manifiestan muchas propiedades relacionadas con la energía o las ondas (como luz, longitud de ondas y frecuencia). A cuanta más velocidad vibre un átomo y cuanta más energía genere, menos tiempo pasará en la realidad física. Aparecerá y desaparecerá demasiado deprisa como para que lo veamos, porque estará vibrando mucho más deprisa que nosotros. Pero aunque no podamos ver la energía, a veces podemos ver la evidencia de ciertas frecuencias energéticas, ya que el campo de fuerza de los átomos crea propiedades físicas, como la forma en que las ondas infrarrojas calientan las cosas.
Si comparas la figura 8.2 A con la figura 8.2 B verás cómo las frecuencias más lentas pasan más tiempo en el mundo material y por eso aparecen como materia.
El universo físico pese a parecer componerse solo de materia, comparte un campo de información (el campo cuántico) que unifica hasta tal punto la materia y la energía que es imposible considerarlas como entidades distintas. Ya que todas las partículas están conectadas en un campo inmaterial e invisible de información que se halla más allá del tiempo y el espacio, y este campo se compone de conciencia (pensamiento) y energía (frecuencia, la velocidad a la que vibran las cosas).
FIGURA 8.2 A
FIGURA 8.2 BCuando la energía vibra con más lentitud, las partículas se manifiestan en la realidad física durante más tiempo y aparecen como materia sólida. La figura 8.2 A muestra cómo la materia se manifiesta de una frecuencia más lenta con una longitud de onda más larga. La figura 8.2 B ilustra las partículas pasando menos tiempo en la realidad física, de ahí que sean más energía y menos materia, ya que tienen una longitud de onda más corta y una frecuencia y una vibración más rápidas.
Como cada átomo tiene su determinado campo de energía o su impronta energética, cuando los átomos se reúnen para formar moléculas, comparten sus campos de información e irradian sus únicos patrones combinados de energía. Si todo lo material que existe en el universo irradia una determinada impronta energética que es única porque todo está hecho de átomos, tú y yo también irradiamos nuestras propias y determinadas improntas energéticas. Ambos estamos transmitiendo información como energía electromagnética, basada en nuestros estados del ser.
Cuando cambias tu energía para modificar una creencia o percepción sobre ti o tu vida, estás aumentando la frecuencia de los átomos y las moléculas de tu cuerpo físico de modo que incrementas tu campo energético (como se muestra en la figura 8.3). Estás aumentando la velocidad de los ventiladores atómicos de los que está hecho tu cuerpo. Al adoptar un estado emocional creativo más elevado como la inspiración, el empoderamiento, el agradecimiento o la invencibilidad, estás haciendo que tus átomos giren más deprisa, como las hélices de un ventilador, y difundes un campo más potente de energía alrededor de tu cuerpo, lo cual afecta a tu materia física.
FIGURA 8.3Cuando cambias tu energía, las partículas físicas de tu cuerpo responden elevándose a la nueva mente y vibran a una frecuencia más rápida. Te vuelves más energía y menos materia, más onda y menos partícula. Cuanto más elevada sea la emoción o más alto sea el estado creativo de tu mente, más energía tendrás para renovar los programas de tu cuerpo. Por eso tu cuerpo responderá a una nueva mente.
Las partículas físicas de las que se compone tu cuerpo responden entonces a una energía elevada. Te vuelves más energía y menos materia. Eres más onda y menos partícula. Usando tu conciencia, estás creando más energía para que la materia vibre a una frecuencia más alta y tu cuerpo responda a una nueva mente.
La recepción de la señal energética adecuada
¿Cómo se elevan las partículas físicas de tu cuerpo a una nueva mente? Piensa en el predicador que entra en un estado religioso de éxtasis e ingiere estricnina sin sufrir ningún efecto biológico. ¿Cómo ha podido inmunizarse a las propiedades químicas de un veneno que normalmente envenenaría a cualquiera? El nivel de su energía le permitió trascender los efectos de la materia. Tomó una decisión con una intención tan firme que esta decisión produjo una energía intensísima que trascendió las leyes de su entorno, los efectos en el cuerpo y el tiempo lineal. Al ser él en ese momento más energía y menos materia, la nueva energía renovó los circuitos de su cerebro, la química de su cuerpo y su expresión genética. En ese momento él no era su identidad de siempre asociada a su entorno habitual, ni su cuerpo físico, ni tampoco estaba viviendo en un tiempo lineal. La elevación de su conciencia y su energía fue el epifenómeno de la materia. Es decir, son la información y la frecuencia las que crean los planos de la materia. Y cuando manifestamos una conciencia y energía muy intensas, estos elementos son los que influyen en la materia, ya que la reducción de la frecuencia y la información es lo que la crea.
Es muy probable que los sitios receptores de las células del predicador no se abrieran de manera selectiva a la estricnina, que las puertas de sus células estuvieran cerradas al veneno, de ahí que no sufriera sus efectos. Al encontrarse en un estado espiritual elevado —es decir, una energía elevada—, reactivó al instante las células de su cuerpo relacionadas con la inmunidad y re-silenció las que tenían que ver con el veneno. Lo mismo les ocurre a los que caminan sobre brasas, en cuanto cambian su estado del ser los receptores de sus células ya no siguen abiertos a los efectos del calor. Eso fue también lo que les permitió a las chicas adolescentes del capítulo 1 levantar un tractor de casi 1.500 kilos para liberar a su padre. Cuando lo vieron atrapado debajo a punto de morir, el estado elevado de energía de esas chicas desactivó los receptores de las células que normalmente les hubieran dicho a su cuerpo que el tractor era demasiado pesado para levantarlo, y activaron los receptores de las células musculares para soportar ese mayor peso, de modo que sus músculos respondieran al intentar levantarlo y pudieran liberar a su padre. No fue la materia (el cuerpo) lo que levantó la materia (tractor), sino la energía influyendo en la materia.
No me podrás negar que el cuerpo se compone de una inmensa cantidad de átomos y moléculas, y que estos átomos y moléculas forman sustancias químicas. Las sustancias químicas se organizan en células, las cuales forman a su vez tejidos y se organizan en órganos, y estos crean distintos sistemas en el cuerpo. Por ejemplo, una célula muscular se compone de distintas sustancias químicas (proteínas, iones, citoquinas, factores del crecimiento), las cuales proceden de diferentes interacciones de moléculas, procedentes a su vez de distintas uniones atómicas, y esos átomos comparten un campo de información invisible para formar moléculas.
Las sustancias químicas de las que se compone una célula también comparten un campo de información. Este campo invisible de información es el que orquesta los cientos de miles de funciones que la célula realiza a cada segundo. Los científicos están empezando a comprender que existe un campo de información que se ocupa de los miles de funciones celulares que existen más allá de los límites de la materia.
Este campo invisible de conciencia es el que orquesta las funciones de las células, los tejidos, los órganos y los sistemas del cuerpo. ¿Cómo saben ciertas sustancias químicas y moléculas de tus células qué deben hacer? ¿Qué es lo que les permite interactuar con tanta precisión? La célula está rodeada de un campo energético que es la suma de energía de los átomos, de las moléculas y de las sustancias químicas trabajando al unísono en equilibrio para engendrar la materia, y es de este vital campo de información de donde surge la materia.
Por ejemplo, las células musculares del ejemplo anterior pueden organizarse y especializarse en «tejidos musculares». Pongamos que el tejido muscular de este ejemplo es un «músculo cardíaco». Esta clase de tejido forma el órgano llamado «corazón». Los tejidos, que se componen de células, comparten un campo de información que le permite al corazón funcionar coherentemente. El corazón forma parte del sistema cardiovascular del cuerpo. Al compartir este campo de información, organiza la materia para que funcione de manera armoniosa y holística. El campo energético que engendra la materia es, por tanto, el que la controla. Cuanto mayor sea el campo, con más rapidez vibrarán los átomos o más deprisa girarán las hélices de tu ventilador subatómico.
El modelo newtoniano de biología se basa en eventos lineales en los que las reacciones químicas se dan en una secuencia de pasos. Pero en realidad la biología no funciona así, ya que no se puede explicar algo incluso tan simple como la curación de una herida sin entender las rutas interconectadas de información coherente que acabo de describir. Las células comparten la intercomunicación de información de una forma no lineal. El universo y todos los sistemas biológicos que contiene comparten una integración de campos energéticos independientes y entretejidos que, a su vez, están compartiendo a cada instante información más allá del tiempo y el espacio.
Las investigaciones confirman que la mayoría de las interacciones celulares se dan a una velocidad mayor que la de la luz[2] y, como el límite de esta realidad física es la velocidad lumínica, significa que las células se comunican por medio del campo cuántico. Las interacciones entre los átomos y las moléculas forman una intercomunicación que unifica el mundo físico y material con los campos de energía que forman el todo. En el mundo cuántico, las características lineales y previsibles del mundo newtoniano no existen. Los elementos interactúan de una forma holística y cooperadora.
Según el modelo cuántico de la realidad, se podría decir que cualquier enfermedad es un descenso de la frecuencia a la que uno vibra. Observa por ejemplo las hormonas del estrés. Cuando tu sistema nervioso está en un estado de lucha o huida, las sustancias químicas de supervivencia que desencadena hacen que seas más materia y menos energía. Te vuelves más materialista porque estás definiendo la realidad con tus sentidos. Al prepararte para una emergencia estás usando en exceso la energía vital que rodea las células, y vuelcas toda tu atención en el mundo exterior del entorno, el cuerpo y el tiempo. Y si mantienes esta respuesta de estrés durante mucho tiempo, los efectos a largo plazo hacen que tu cuerpo vibre a una frecuencia más baja cada vez, hasta que se vuelve más y más partícula y menos y menos onda, con lo que los átomos, las moléculas y las sustancias químicas disponen de menos conciencia, energía e información para compartir, te conviertes en materia intentando en vano cambiar la materia, tu cuerpo intenta inútilmente cambiar al cuerpo.
Todos los ventiladores subatómicos de los que se compone tu cuerpo, además de ponerse a girar con más lentitud, lo hacen desincronizados los unos de los otros, lo cual crea una incoherencia entre los átomos y las moléculas del cuerpo, y esto produce a su vez señales de comunicación tan débiles que el cuerpo empieza a funcionar mal. Cuanta más materia y menos energía sea tu cuerpo, más a merced estarás de la segunda ley de la termodinámica —la ley de la entropía— en la que las cosas materiales del universo tienden a dirigirse hacia el desorden y el desmoronamiento.
Piensa en lo que sucedería si en una habitación enorme hubiera cientos de ventiladores girando en armonía y zumbando al unísono. Este zumbido coherente sería un regalo para los oídos al ser rítmico y constante. Esto es lo que ocurre en nuestro cuerpo cuando las señales entre nuestros átomos, moléculas y células son potentes y coherentes.
Piensa ahora en lo distinto que sería si los ventiladores giraran a diferentes velocidades o frecuencias por no recibir suficiente electricidad (energía). La habitación se llenaría de una cacofonía de tintineos, bamboleos, paradas y puestas en marcha incoherentes. Lo mismo ocurre cuando las señales entre los átomos, las moléculas y las células de nuestro cuerpo son más débiles e incoherentes.
Cuando cambias tu energía porque has tomado una decisión con una firme intención, aumentas la frecuencia de tu estructura atómica y creas una impronta electromagnética más intencionada y coherente (como se muestra en la figura 8.4). Ahora estás afectando la materia física de tu cuerpo. Al aumentar tu energía, aumentas la electricidad que reciben tus ventiladores atómicos.
La frecuencia elevada empieza a arrastrar o a organizar las células de tu cuerpo para que se vuelvan menos partícula (materia) y más onda (energía). O en otras palabras, toda tu materia tiene más energía: o más información. Considera la coherencia como ritmo u orden, y la incoherencia como falta de ritmo, de orden o de sincronía.
FIGURA 8.4Desde una perspectiva cuántica, una frecuencia más alta y coherente se llama salud, y una más lenta e incoherente se llama enfermedad.Todas las enfermedades constituyen una bajada de frecuencia y también la expresión de una información incoherente.
Imagínate un grupo de cien tamborileros repiqueteando sus tambores sin ir al mismo ritmo. Esto es la incoherencia. Imagínate ahora que aparecen en distintos puntos cinco tamborileros profesionales en medio de la banda de aspirantes a tamborileros y empiezan a crear con el repiqueteo de sus baquetas un ritmo perfecto. Al final los cinco acabarán arrastrando a los otros cien tamborileros hasta que toquen los tambores con un ritmo, orden y sincronía perfectos.
Esto es exactamente lo que ocurre cuando tu cuerpo responde a una nueva mente y se te eriza el vello de la nuca al sentir que eres más energía y menos materia. En ese momento estás elevando la materia a una nueva mente. Estás arrastrando la enfermedad que existe como una frecuencia más baja para elevársela. Al mismo tiempo, también haces que la información incoherente que había entre los átomos y las moléculas, las sustancias químicas y las células, los tejidos y los órganos, y los sistemas del cuerpo funcionen desde un campo de información más organizada.
Es como estar escuchando música en una radio llena de interferencias y captar de pronto una señal clara, las interferencias desaparecen y puedes oír bien la música. A tu cerebro y tu sistema nervioso les ocurre lo mismo al vibrar a frecuencias más altas y coherentes. En ese caso ya no estás a merced de la ley de la entropía. Experimentas lo contrario a la entropía y la impronta coherente del campo de energía que te rodea hace que seas inmune a las típicas leyes de la realidad física. Ahora todos los ventiladores atómicos giran a una frecuencia más rápida y coherente y las moléculas físicas, las sustancias químicas y las células de tu cuerpo reciben una nueva información, por lo que tu energía le produce a tu cuerpo unos efectos positivos.
Las figuras 8.5 A, 8.5 B y 8.5 C de la siguiente página ilustran cómo una frecuencia de energía más alta y coherente arrastra a una frecuencia de la materia más lenta e incoherente, elevándola a una nueva mente.
FIGURA 8.5 A
FIGURA 8.5 B
FIGURA 8.5 CCuando una energía más elevada y coherente interactúa con otra más lenta e incoherente, arrastra la materia a un estado más organizado.
Cuanto más organizada y coherente sea tu energía, más arrastrarás la materia a adquirir una frecuencia organizada, y cuanto más rápida sea esta frecuencia, más potentes y claras serán las señales electromagnéticas que recibirán las células. (Recuerda, tal como has aprendido en el capítulo anterior, que las células son cien veces más sensibles a las señales electromagnéticas —energía— que a las señales químicas, y esas señales son las que cambian la expresión del ADN.) Por otro lado, cuanto más incoherente y desincronizada sea tu energía, menos se podrán comunicar tus células entre ellas. Dentro de poco aprenderás cómo crear coherencia.
Cruzando el umbral cuántico
Como el campo cuántico es un campo invisible de información, una frecuencia más allá del tiempo y el espacio de donde surge todo lo material y, además, se compone de conciencia y energía, todo lo físico que existe en el universo está unificado e interconectado en este campo. Y como todo lo material se compone de átomos, que a su vez están conectados más allá del tiempo y el espacio, tú y yo, y todo cuanto hay en el universo, está conectado por medio de este campo de inteligencia —personal y universal, tanto dentro como a nuestro alrededor— que da vida, información, energía y conciencia a todo cuanto existe.
Esta es la inteligencia universal que te está dando vida en este momento, sea como sea que quieras llamarla. Organiza y orquesta los cientos de miles de notas en la armoniosa sinfonía de la fisiología del cuerpo humano, esos elementos que forman parte de tu sistema nervioso autónomo. Esta inteligencia hace que tu corazón lata más de ciento una mil veces al día para bombear más de 7,5 litros por minuto, recorriendo más de 96.000 kilómetros cada veinticuatro horas. Al acabar de leer esta frase, tu cuerpo habrá creado 25 billones de células. Y cada una de los 70 billones de células de tu cuerpo realiza de algún modo de 100.000 a 6 billones de funciones por segundo. Hoy inhalarás 2 millones de litros de oxígeno y cada vez que lo inhalas, se distribuye a cada célula de tu cuerpo en cuestión de segundos.
¿Eres consciente de todo esto? ¿O algo con una mente superior a la tuya, y con una voluntad mucho mayor, lo hace por ti? ¡Esto es amor! En realidad esta inteligencia te quiere tanto que su amor te da vida. Es la misma mente universal que anima cada aspecto del universo material. Este campo invisible de inteligencia existe más allá del tiempo y el espacio y es de donde surge todo lo material.
Esta inteligencia es la que hace que las supernovas nazcan en galaxias lejanas y las rosas florezcan en Versalles. Que los planetas orbiten alrededor del Sol y la marea suba y baje en Malibú. Como existe por doquier y en todos los tiempos, y se encuentra dentro de ti y a tu alrededor, es tanto personal como universal. De modo que existe una conciencia subjetiva con libre albedrío (la conciencia individual) llamada «tú», y una conciencia objetiva (la conciencia universal) responsable de todo lo que tiene vida.
Si cerraras los ojos y dejaras de fijarte en tu cuerpo y en las personas, las cosas y las situaciones que suceden en distintos momentos y lugares de tu mundo exterior, olvidándote del tiempo por un momento, tú, como observador cuántico, dejarías de poner tu energía en tu vida habitual y la estarías dirigiendo al campo desconocido de posibilidades. Como allí donde pones la atención pones la energía, si sigues centrándote en tu vida cotidiana, estás invirtiendo tu energía en ella. Pero si pones tu energía en el campo desconocido de posibilidades más allá del tiempo y el espacio, y en su lugar te conviertes en conciencia (un pensamiento en el potencial cuántico), estarás atrayendo una experiencia nueva. A medida que entras en un estado meditativo, tu conciencia subjetiva dotada de libre albedrío se funde con la conciencia universal objetiva y empiezas a sembrar una semilla en un campo infinito de posibilidades.
El sistema nervioso autónomo que lo organiza todo por sí solo es tu conexión con la inteligencia innata que ejecuta todas estas funciones automáticas por ti. Las funciones que he citado no las realiza la neocorteza, sino que son los centros inferiores del cerebro, situados debajo de ella, los que las llevan a cabo a nivel subconsciente. Tú te fundes con esta bondadosa inteligencia cuando al meditar te despojas del ego, pasas del egoísmo al altruismo y te conviertes en pura conciencia. Dejas de ser un cuerpo en el espacio o en el tiempo lineal, y en su lugar entras en un estado de sin cuerpo, sin yo, sin materia, sin lugar y sin tiempo. Es cuando te conviertes en una conciencia en un campo infinito de posibilidades.
En ese estado te encuentras en lo desconocido. Y es de lo desconocido donde todo se crea. Te encuentras en el campo cuántico. Y tú y yo ya tenemos todos los mecanismos biológicos necesarios para acometer la hazaña de volvernos pura conciencia.